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El COVID rompe siete años de caídas de matanzas caseras

Ana Pobes
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Los sacrificios caseros de cerdos, en contra de todos los pronósticos, han aumentado un 17,5% en la última temporada motivado por el regreso a los pueblos durante la pandemia

El COVID rompe siete años de caídas de matanzas caseras - Foto: Tomás Fernández de Moya

Los pronósticos no se han cumplido, y lo que se preveía como nueva caída en las matanzas de cerdo domiciliarias durante la última temporada no ha llegado a consumarse. El motivo, el coronavirus. La pandemia ha sido clave para romper la tendencia descendente de los últimos siete años. No se registraba una subida de esta tradición ancestral desde la temporada 2014-2015 (desde noviembre a marzo) cuando se contabilizaron 1.060 matanzas en la provincia, lo que significa un 3,8% más en relación con la temporada anterior (2013-2014), es decir, 39 más de una época a otra. Fue el último ascenso, y desde entonces, el sacrificio del cerdo de manera artesanal ha ido cayendo en picado hasta llegar a niveles mínimos con solo 120 en 2019. Una cifra que lejos de reducirse aún más el año pasado como consecuencia de la pandemia, las restricciones y las medidas sociosanitarias, aumentó hasta llegar a las 141. Así, en contra de todos los pronósticos, el COVID-19 ha dado un impulso a las matanzas con un incremento del 17, 5%.

El presidente provincial del Colegio de Veterinarios, José Ramón Caballero, en declaraciones a La Tribuna, argumenta que la pandemia ha animado a muchas familias a permanecer en su domicilio o a regresar al pueblo, lo que a su vez ha motivado a recuperar una de las costumbres más arraigadas en muchos municipios. «Durante los meses de pandemia, mucha gente dejó la ciudad para regresar a los pueblos, y eso ha suscitado a muchos a juntarse de nuevo en torno a esta tradición», argumenta al tiempo que recuerda que las matanzas domiciliarias fueron durante mucho tiempo un evento familiar y social tradicional cuando arreciaba el frío en las zonas rurales de España, pero con el tiempo han ido perdiendo relevancia. Así, con los últimos datos encima de la mesa, Caballero muestra su satisfacción por esta subida, que «aunque no es una barbaridad», supone un hilo de esperanza para mantener viva esta tradición que ha ido perdiendo adeptos con el paso del tiempo.

La temporada 2021-2022 ha empezado este mes, y el presidente provincial del Colegio de Veterinarios señala que las primeras impresiones es que «aún quedan posos de lo que ha supuesto el coronavirus», por lo que no descarta que se produzca un efecto dominó en otras familias y los datos mejoren un poco más.

El papel y la labor que desempeñan los veterinarios es primordial en esta costumbre que va más allá de lo gastronómico. Ellos dan luz verde a la inspección sanitaria previa que asegura la ausencia, entre otras alteraciones, de la triquinosis. El control de esta enfermedad parasitaria es una cuestión de seguridad alimentaria, ya que la triquina se mantiene viva hasta cuatro meses en una carne afectada y se enquista en los músculos del animal. Para ello se emplea el método oficial de toma de muestras de la carne y el triquinoscopio. «Nadie se arriesga debido a la peligrosidad de consumir carne de cerdo con esta patología», subraya Caballero, que recuerda que los propietarios de los cerdos sacrificados, de acuerdo a lo dispuesto en el Decreto 117/94, están obligados a solicitar la inspección de los mismos por un profesional veterinario.

 En Castilla-La Mancha, el sacrificio de cerdos en domicilios particulares para autoconsumo es una actividad tradicional que mantiene una relativa importancia, especialmente en las provincias de Toledo y Ciudad Real. Durante la temporada 2020-21 en la región se han inspeccionado un total de 540 animales encabezando la lista Toledo con 387, seguida de Ciudad Real con 141. Guadalajara y Albacete registraron siete y cuatro matanzas, respectivamente, situándose Cuenca en el último lugar con cero. 

 

ARCHIVADO EN: Pandemia, COVID-19, Ciudad Real