Un buffet educativo

H. L. Muñoz.
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Un buffet educativo - Foto: Rueda Villaverde

El Centro de Educación Especial de Autrade y las aulas TEA conforman la oferta de la provincia para las familias con menores que padecen autismo. Se trata de un modelocompartido de educación iniciado en 2014 que amplía las opciones de desarrollo

Cuanto mayor sea el bufé más posibilidades hay de que todos los comensales se queden satisfechos. Si solo hay carne, los vegetarianos no comerían; si solo hay pan con gluten, los celiacos tampoco. No es que no coman o que no puedan comer sino que lo que se les ofrece no sirve para sus necesidades. Este símil podría servir como un modo de explicar que cuántas más opciones haya para educar mejor se puede adaptar el aprendizaje a la persona, para que le alimente en todo lo que pueda. El concepto de un amplio bufé se puede aplicar a los estudiantes de la provincia que tienen trastornos del espectro autista (TEA) y que cuentan con un Centro de Educación Especial dirigido a ellos, gestionado por la asociación Autrade, y con unas aulas abiertas TEA, que ofertan apoyos a los menores con estos trastornos en colegios e institutos.
Entre un modo de educación y otro hay elementos compartidos, ya que toda persona con autismo lo principal es que exista una estructura espacio-temporal. «Un panel de estructuración con TEA sea cual sea su grado de aceptación es como el bastón o el perro guía para las personas con ceguera», explica Olga Marco, psicóloga, directora y orientadora en el Centro Concertado de Educación Especial de Autrade, además de coordinadora del servicio de asesoramiento y apoyo específico de Autrade. Este último cargo es la conexión entre este centro y las aulas abiertas que hay en la provincia, hasta diez, a las que se asesora y colabora en todos aquellos aspectos que necesitan. En TEA, recuerda la directora, «hay un espectro muy grande y con una gran variabilidad, desde personas con lenguaje oral a quienes no lo tienen, pero para todos necesitan una estructuración espacio-temporal», explicó.
El segundo aspecto compartido son los pictogramas y que en el aula TEA en el CEIP Calatrava cambia la estructura completa del centro. En cada rincón del colegio hay estos elementos, dirigidos a que los estudiantes con autismo conozcan lo que hay detrás de las puertas y en sus clases existe una agenda para su mesa. El centro de Autrade se distribuye de la misma manera y es que una clave en TEA es lograr que haya una estructuración que visualmente les ayude a comprender los pasos que se están realizando en cada momento y que conozcan el siguiente que se tendrá que dar.
En el centro de Autrade estudian 30 alumnos, en cada aula hay cinco alumnos con «una ratio de dos o 2,5 profesionales», indica Patricia Hernández, directora técnica de Autrade. «Tenemos a la orientadora como cualquier otro centro educativo y una logopeda y luego están por aulas, un profesor-tutor de magisterio con mención en pedagogía terapéutica o audición en lenguaje (PT o AL) y un auxiliar educativo». A este profesional se une un tutor de apoyo con el mismo perfil que el tutor de aula, donde trabajan en el aspecto.
El CEIP Calatrava de Daimiel celebra este 2019 «el cuarto curso con aula TEA», señala el director del centro, Juan Luis Tenreiro. El aula, llamada Calatea, cuenta con Eva Garrido, como AL, y Nuria Villar, como PT, que cuentan con el apoyo de la orientadora del colegio Asun Moreno-Chocano, para atender a los cuatro estudiantes con trastornos del espectro autista que estudian en este centro daimieleño. «Funciona muy bien y yo no me imaginaba que el final de su educación no fuera como está siendo para algunos estudiantes», incidió el director.
El día a día en el centro concertado se basa en un trabajo «muy individualizado» para cada estudiante en «aspectos matemáticos o lingüísticos de escritura» y sin poner límites porque la intención es que «lo pongan ellos». La comunicación es clave en el día a día porque «es un aspecto muy afectado» en las personas con TEA, con perfiles que van desde quienes no tienen un sistema de comunicación a personas con más capacidades. La clave espacio-temporal es que al inicio siempre haya «una agenda donde te dice lo que va a hacer ese día», se puede modificar «pero siempre en esa agenda», ya que es la función ejecutiva, la clave en la persona con TEA y es necesario explicar cada pauta por la imposibilidad de adaptarse a los elementos novedosos que surjan.
Esta labor de agenda, desarrollada, incluso con pictogramas, existe en Calatea. La diferencia radica en que el trabajo en el CEIP se desarrolla en horarios marcados del colegio, en que dejan su clase ordinaria para acudir con la PT o la AL en el refuerzo. Allí la clave está en el trabajo con la metodología Teach y Benson Schaeffer, dos aspectos que también se utilizan en el centro de educación especial en la búsqueda de su autonomía. «En el aula Calatea, la información espacial esté delimitada con informadores visuales», explica Eva María Garrido. En el aula hay un rincón de pedagogía-terapéutica y de apoyo lingüístico en los que se da apoyo para evitar que haya descuelgues en clase o se trabaja en la mejora de la comunicación de estos jóvenes. Hay incluso un rincón de trabajar solo, un concepto clave también en el espacio de Autrade, en el que se explican la necesidad de trabajar solos de vez en cuando. El trabajo principal es el lenguaje, “si yo no tengo comunicación, si yo no tengo lenguaje para qué voy a ponerme a trabajar matemáticas”, indicó la orientadora, como muestra de que la labor inicial es la comunicación de estos menores.  
Cuando se sale del aula, el trabajo cambia entre centro de educación especial y aula TEA porque en la clase ordinaria, estos estudiantes, por ejemplo, cuentan con adaptaciones propias de cada tema del que imparten su comentario. Por ejemplo, si estudian en conocimiento del medio las raíces de los árboles, en vez del texto cuentan con un material de apoyo visual para explicar las diferencias entre la rama, las hojas o la raíz, el examen se adaptará a estas mismas necesidades. Estas adaptaciones a la diversidad funcional se da ya en otros colectivos, por ejemplo, hace un año se aprobó un protocolo de atención al TDAH, que apunta a la adaptación de las evaluaciones a las necesidades cognitivas de estos menores. «En los casos del TEA se hace una evaluación y se adapta», recuerda el director.
El otro aspecto del colegio ordinario existe en todo el centro y es la educación inclusiva de los menores, ya que existe mayor compresión por los otros alumnos sobre lo que les ocurre a estos estudiantes. Hay una empatía que se trabaja gracias a esta inclusión en el aula.