'La hija del aire' o la crueldad del sino

M. S.
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Marta Poveda lidera con energía el elenco de esta tragedia con la que cierra la CNTC la 42, una historia cargada de violencia con la que Mario Gas se estrena en los clásicos con acierto

‘La hija del aire’ o la crueldad del sino

El frío, los truenos y la lluvia llegaron de golpe en la noche del martes para romper la calidez del verano en Almagro. A las puertas del Adolfo Marsillach Hospital de San Juan, más que  un fenómeno meteorológico el suceso parecía sólo el preludio de lo que estaba por llegar, la historia de la cruel Semíramis con la que este año la Compañía Nacional de Teatro Clásico baja el telón de la que es su sede en verano. Un texto que sobrecoge, incluso duele, dirigido para la ocasión por Mario Gas, a partir de la versión de Benjamin Prado, y que protagoniza con acierto, fuerza y casi locura, Marta Poveda, tal vez en su mejor papel con la nacional.        

La historia, en cierta forma, no es desconocida para el espectador que rápidamente encuentra las similitudes entre La hija del aire y la obra más conocida de Calderón de la Barca, La vida es sueño. En ambos casos los protagonistas llegan al espectador presos para evitar que se cumpla la maldición de su nacimiento. La diferencia y - en este punto viene el espoiler-es que el dramaturgo finalmente se muestra benévolo con un Segismundo al que le salva de su destino, mientras acompaña sin pesar hacia su final a su versión femenina, Semíramis a la que va condenando a cada verso de la obra a cumplir su sino, tal vez, por aquello de que el primero era ficción  y la segunda es un personaje real que la literatura convirtió en  leyenda a lo largo de los siglos.

Sobre esta realidad compone Gas su montaje, trágico, a veces angustioso, pero siempre cruel, en el que la esperanza apenas si tiene un hueco recién  iniciadia la obra, cuando el encuentro entre Semíramis y su primer esposo hace pensar al espectador que el amor de ambos puede acabar con el deseo de venganza que ha mantenido viva a esta reina durante años en su cueva.  

Marta Poveda, que toma el relevo de este personaje pocas veces puesto en escena de Ana Belén y  Blanca Portillo, compone con acierto el personaje. Lo llena de energía, de ira, de locura, hasta desfallecer como persona. El único pero, habría que ponerselo a la versión más apasionada de esta reina, a la Semíramis que los enamoraba a todos con solo mirarla tal vez le falta pasión dado el ejercicio que Poveda hace entorno a la crueldad.        

Arropada  por  un elenco a la altura, que va más allá de las paredes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, tal y como propuso Gas cuando Helena Pimenta le hizo el encargo de esta propuesta,el montaje consigue mantener la atención del público atento al devenir de esta mujer en un entorno bélico que recuerda a la Europa de la I Guerra Mundial y a veces a Juego de Tronos, que ayuda a dibujar la espiral de violencia en la que vive la protagonista. Un entorno que dibuja a la perfección  Ezio Frigerio, que en colaboración con Riccardo Massironi firma la escenografía monumental por la que opta la CNTC con un frontispicio en altorrelieve de arte mesopotámico en que se puede ver el enfrentamiento entre un toro y un león, que ocupa todo el foro, reproduciendo la cueva unas veces, y otras el resto de la vida.  

Para cuando acabó el montaje, la electricidad del chaparrón veraniego que acompañó al espectáculo había perdido fuerza y se había convertido en una anecdota de la noche que sí terminó con el estruendoso aplauso del público.