El poder de la palabra

M. S.
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Rafaél Álvarez 'El Brujo' recibe el premio Lorenzo Luzuriaga en el claustro del Museo del Teatro en el broche de las jornadas que FETE-Ugt realiza sobre teatro en el festival cada año

El poder de la palabra

Lorenzo Luzuriaga era un pedagogo que creyó en la necesaria renovación de la educación en el primer tercios del siglo XX, y en el teatro como herramienta educativa imprescindible. Esa es la razón de que hace 24 años, FETE-Ugt eligiera el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro para organizar unas jornadas dirigidas a docentes y que hablaran de teatro. De éstas salieron hace ahora 17 años, el Premio Lorenzo Luzuriaga, que desde entonces se entrega a actores reconocidos del panorama español. Una lista de la que ya forman parte entre otros José Sacristán, Concha Velasco, Antonio Gala o Ana Belén.  Y a la que ayer entró Rafael Álvarez ‘El Brujo’ «por su trayectoria profesional», pero sobre todo por «su trabajo con las palabras», y por su capacidad para acercar los textos clásicos a todos los públicos, como explicó Sebastián Pacheco, secretario de formación de UGT que fue el encargado de entregar este año el galardón, en el claustro del Museo Nacional de Teatro.  

Abrió el acto Ignacio García, director del Festival Internacional de Teatro Clásico, quién más allá de valorar su trabajo, la que le ha llevado a ser merecedor de este premio y del aplauso del público, subrayó cómo el trabajo realizado en todos estos años ha estado en consonancia con el espíritu de un festival que defiende  «la belleza», «el pensamiento» y «tiene el arte por bandera».

De esa labor que ha hecho de ‘El Brujo’ un actor único y de su dilatada carrera, así como de sus dotes para la comedia, habló la periodista de La Tribuna, Nieves Sánchez, encargada de la laudatio del  actor andaluz quien llegó por primera vez a Almagro, en 1991, con  un Lazarillo de Tormes que no ha parado de «rondar caminos y tablas» desde entonces. Un texto que lo convirtió en lo que es, el único juglar del siglo XXI. Desde El juego de los insectos, en 1970, «cuando todavía no quería ser actor, ni sabía si quería ser actor», hasta Dos tablas y una pasión, con la que este año está en el Aurea hasta el día 26, Sánchez fue repasando cada una de las aventuras teatrales en las que se ha embarcado este actor que un día no dudó en recuperar para la escena a los personajes femeninos de William Shakespeare (Las mujeres de Shakespeares) y que se codeó sin problema con místicos de la talla de Santa Teresa (Teresa o el sol por dentro) o San Juan de la Cruz (La luz oscura), todas ellas  con parada en Almagro.

Rafael Álvarez ‘El Brujo’ puso el broche a la velada cuando apenas caía  la noche en la villa encajera. Y lo hizo con un discurso breve e improvisado, pero sin fallos, que empezó destacando la labor de estas jornadas que reivindican la cultura como algo básico,  «porque no sólo de pan vive el hombre». Hizo este comentario, agradecido de que un sindicato se tomara tiempo en organizar actividad docente sobre teatro  en un tiempo en el que, dijo,  hay que hacer un llamamiento a los valores artísticos, especialmente aquellos que se ponen al servicio de la empatía y la solidaridad con el prójimo.

No se olvidó en sus agradecimientos del público «porque sin ellos el teatro no existe», dijo, recordando una frase de Bertolt Brecht que confirma al actor sólo como el pincel del teatro. Una referencia que le sirvió primero para explicar por qué le gustaba improvisar sobre el escenario «ya que cada lugar es difernte». Y después, para  invitar a los sindicatos a hacerlo de vez en cuando a tenor de como cambian los escenarios.