Adriana Ozores vuelve a casa

M. Sierra
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Adriana Ozores vuelve a casa

La actriz recibió entre aplausos y elogios el Premio Corral de Comedias que reconoce el trabajo hecho en esta villa en sus orígenes bajo la batuta de directores de la talla de Marsillach

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro arrancó su 42 edición por todo lo alto, entregando el Premio Corral de Comedias a Adriana Ozores, por su “impecable labor con los textos clásicos”, como recogía el acta del galardón, que recordaba así sus comienzos sobre el escenario. Un inicio que no dudó en realizar de la mano de los clásicos, la Celestina, el Alcalde de Zalamea..., como parte de una Compañía Nacional de Teatro Clásico que apenas si aprendía a andar, y en una cita cultural como el Festival almagreño, en que todavía hoy resuena su particular manera de decir el verso, como recordó el director de esta muestra Ignacio García, en la presentación de un acto en el que México irrumpió convertido en un ancestral chillido, el de los demonios de Teleolopan justo después de que Jaramar Soto lo llenara todo de melodiosa poesía con versos de la llorona (la muerte).

Ozores recibió el galardón ante un patio de butacas al completo y con esa sonrisa eterna que siempre la acompaña, aunque salpicada en la primera noche del Festival por las lágrimas que trajeron los elogios recibidos en los que Ozores, fue sobre el escenario, ella misma.

Ignacio García, director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, fue el maestro de ceremonias de este acto y como tal estrenó el atril de este escenario desde el que habló del pasado, el presente y el futuro de esta “reserva del Siglo de Oro”, empezando por destacar la importancia de contar con un Corral de Comedias como éste en el que convivían, hace 400 años, “reyes y mendigos”, convertido hoy en el escenario principal de esta muestra que en su 42 edición destaca por ser “americanista, feminista, accesible e inclusiva”.

Habló García de sor Juana, protagonista indiscutible de esta edición, “el faro de esta edición”, especificó, porque “ella es México”. Pero también porque ella es una de esa lista de mujeres que defiende el papel del Barroco desde esta tierra, en la que están, recordó, “Tisbea, Laurencia, Casandra o Rosaura” y Melibea, primer papel que interpretó Adriana Ozores en Almagro de la mano de Adolfo Marsillach. Un personaje que le sirvió de puente a García para hablar de la galardonada de este año como un pilar más de una edición que da voz a la mujer, dentro de una muestra en la que todavía “resuena tu voz en tantos versos”. Unos versos que García le invitó a ampliar “pronto”.

El punto y seguido a una noche que no había hecho más que empezar lo puso la escritora Elvira Lindo, encargada de la laudatio de este premio que arrancó celebran el “talento” de Adriana Ozores, ese que, según explicó la escritora se oculta tras su “humildad”. Como amiga, no faltaron las líneas referentes a su “eterna sonrisa”. Ni los recuerdos, que para ambas empiezan cuando la actriz se encontró con Marsillach. Ya entonces, “una actriz tozuda, inconformista que gracias al teatro clásico se fue transformando”.

Desveló Lindo que entre Marsillach y la actriz surgió una gran alianza que no dudó en amarrar el “astuto director” al “oír la musicalidad natural de su alma” en aquella primera prueba que la hizo subirse a los escenarios. Habló de su voz, de su rostro, de sus “ojos capaces de iluminar la última fila de cualquier teatro”. De su belleza en general, que la sigue acompañando.

Y hasta incidió en su apellido, Ozores, el que habla de su herencia genética actoral, una herencia que ella quiso ampliar y que la llevó inclusó con tenacidad y esfuerzo a “darle la vuelta hasta hacerlo singular”, dijo, gracias a “su rebeldía sutil” y a esa pasión suya por desafiar a la realidad.

Habló de su valentía, la que ha dejado “impresa” en cada uno de los personajes que ha representado. Y de Melibea en particular, su primer papel clásico, “que te ha dado a ti tanto como tu le diste a ella”. Personajes, explicó, “que fuiste haciendo al mismo tiempo que crecías hasta convertirte en la mujer que eres hoy, capaz de dejar huella”. Algo que “sólo unas pocas consiguen.

Sobre esa valentía y sobre la humildad en la que incidió su amiga Elvira Lindo, también habló Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno de España, quien recordó sobre las tablas del Corral de Comedias su época como ministra de Cultura. Basándose en esa experiencia, aprovechó su soliloquio tras el atril que Almagro “es una oasis para la cultura”, que bien merece, dijo, que tenga un Corral con la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la que se está luchando. Reconoció que es necesario apostar por la cultura, y señaló el teatro como “un hecho redondo y reivindicable en estos tiempos de nuevas tecnologías, es la artesanía de la palabra, de las ideas, de los personajes. Ese espacio en el que todavía nos seguimos inquietando”. Por eso, dijo, Almagro “tiene tanta importancia”, porque “desde aquí damos a conocer nuestro patrimonio cultural” y por eso “merece la pena seguir creciendo y seguir innovando”. Agradeció directamente al equipo de Ignacio García que este año la muestra esté dedicada a la igualdad y en esa línea habló de una de esas mujeres que hablan de esa igualdad en esta edición, a Adriana Ozores, a la que valoró por su trabajo, pero sobre todo por cómo “eres por dentro”.

Entre los protagonistas más protocolarios, también Ángel Felpeto, consejero de Cultura en funciones, que vino en representación del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page a este festival, una cita obligada, dijo “que deberíamos empezar a llamar cita esperada” por la mucha gente que depende de ella.

Aprovechó su intervención para hacer un pequeño balance de los últimos cuatro años de legislatura que sonaron a despedida ahora que arranca la nueva etapa política. De estos cuatro años destacó el trabajo realizado “para conseguir su consolidación” de este festival que es el mejor ejemplo de los buenos resultados que trae consigo que las administraciones trabajen en equipo por un objetivo.

Que se están dado los pasos adecuados lo demuestran las cifras, subrayó Felpeto, que citó una especialmente, "los 22 millones de euros de impacto económico! que trajo la 41 edición de la muestra en esta tierra. Un escenario adecuado poner sobre la mesa nuevos compromisos en los que seguir trabajando. El primero, buscar líneas para crear un modelo de vertebración de la cultura, que tenga en cuenta las peculiaridades del territorio. Otro, aprobar la ley de mecenzago. Y un tercero a tener en cuenta, la asignatura pendiente de todo gobierno, el de “incrementar la inversión en cultura”.

El presidente de la Diputación Provincial, José Manuel Caballero, también resaltó el papel del festival como motor económico de esta tierra. Arrancó su discurso agradeciendo al director del mismo que cada año apueste por “presentar el mejor programa” y a las administración públicas que en este tiempo hayan unido fuerzas para “engrandecer esta muestra”. Sin olvidar en este recuento a los patrocinadores, “todavía pocos”, a los que recordó que “invertir en cultura es hacerlo en la provincia, en la economía”. Habló de teatro, o mejor dicho, de como hasta en la política se hace “mucho teatro”.

Sobre el festival, dijo que la Diputación hace “un considerable esfuerzo para mantener la aportación económica” para mantener vivo este festival, pidiendo al público que no falte, porque son ellos “los destinatarios de esta fiesta”. Y aprovechó el encuentro que le ofreció la 42 edición del Festival de Teatro Clásico de Almagro con políticos de las diferentes administraciones públicas para reclamar que no se olviden de invertir en cultura para que llegue también a la que otros llaman la “España vaciada” y que el prefiere llamar “España esperanzada”, reconociendo en este punto el privilegio que supone  hoy en día "contar con un Festival como éste donde se hace teatro de calidad”.

El alcalde, Daniel Reina fue el encargado de abrir la parte protocolaria del acto, en el que recordó los motivos por los que el Corral de Comedias cumple los requisitos para ser Patrimonio de la Humanidad.

El broche al acto lo puso la galardonada, una emocionada Adriana Ozores que reconoció que este premio ha sido para ella “una vuelta al pasado” a esa “vida que tuve aquí, en Almagro” y que repasó sobre un escenario que no tocó como actriz. Habló de los comienzos del Hospital de San Juan, sede actual de la compañía Nacional de Teatro Clásico en la que ella empezó, cuando “ los vestuarios estaban separados por sábanas y compartíamos el baño con las gallinas”, apuntó con toda la humanidad que cabía en sus palabras. Reconoció que en el CNTC aprendió “a valorar este oficio”. Y lo dijo porque sus comienzos estuvieron marcados por su apellido que la llevaron a luchar por abrir nuevas ventanas más allá de la comedia. Tuvo palabras para Adolfo Marsillach su mentor en el clásico, de quien descubrió que también “tenía sus propias inseguridades”. Habló de Jesús Puente, de José Luis Alonso de Santos, de Aitana Sánchez-Gijón. Para todos tuvo palabras de elogio porque con ellos “he aprendido lo que es este oficio y también lo que es la magia de lo que nos pasa en el escenario cada día”. No se olvidó en su discurso de Amparo Rivelles, ni de uno de sus grandes amigos, Carlos Hipólito, con el que desde anoche comparte además de historia teatral este galardón, que el actor recibía el pasado año en este mismo escenario que en la primera noche de la muestra se abría para recibir a la actriz, Adriana Ozores.

 

 

 

 

 

 

 

Adriana Ozores vuelve a casa
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