Una guerra contra un enemigo invisible

Hilario L. Muñoz
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María Luisa Gómez Grande es una de las intensivistas que a través de sus redes sociales ha relatado lo ocurrido en los momentos más duros de la epidemia en el hospital de la capital

Una guerra contra un enemigo invisible

Nos ha tocado vivir la Tercera Guerra Mundial…  El enemigo es invisible». Así comenzaba la médico intensivista María Luisa Gómez Grande una de sus entradas tras convertirse, sin ser consciente, en una de las narradoras de lo acontecido durante la pandemia en el hospital de Ciudad Real. A través de sus redes sociales, aportó detalles de lo ocurrido en el centro con imágenes del trabajo de los profesionales, altas de pacientes claves o análisis de las cifras ofrecidas. Una labor que ha implicado que algunos de sus vídeos tengan miles de visitas, aunque su idea fue responder con información a todas las personas que se la demandaban.
 «Al principio desconocíamos cómo se iba a comportar el virus», señala sobre el recorrido de la epidemia; el hospital había «multiplicado por cuatro» la capacidad para atender pacientes críticos y cuando atendió el primero de los 125 que hubo solo pensó en lo mismo que con cualquier otro paciente, «salvarle la vida». «Cuando se ha estabilizado te das cuenta de lo que acaba de ocurrir: es el primero de muchos» y entonces empieza la angustia del EPI,  si se ha movido o no la mascarilla, el protocolo de retirada del EPI, cambiarse el pijama, ducharse, volverse a vestir, pero antes de terminar ya avisaban «llega otro paciente, y otro, y otro….». «Cuando acaba la guardia 24 horas después analizas y están todos atendidos, estabilizados y el busca sigue sonando porque los pacientes no paran de llegar en situación muy grave».
En la UCI se habilitaron todas las camas y, paso a paso, se fueron abriendo nuevas zonas para pacientes críticos con ayuda del servicio de anestesia,  supervisores, servicio de mantenimiento, electromedicina, etc. «La sobrecarga asistencial era tremenda, con la plantilla habitual no podíamos, tampoco había médicos disponibles para contratar» y fue necesario un cambio en la jornada para «trabajar siete días a la semana» además del apoyo de médicos, de anestesistas y residentes de otras especialidades, «con el hándicap de que había varios médicos contagiados, tanto en anestesia como en UCI, lo cual mermaba la capacidad de respuesta». De hecho, Gómez Grande afirma que «el agotamiento y el estrés aparecían al llegar a casa» y «sólo volver a la unidad y trabajar a toda máquina» le relajaba. Más allá de los médicos, apunta a la gran labor de la enfermería, auxiliares de clínica y celadores, que han sido fundamentales, así como aquellos que un día se fueron y han vuelto a la UCI para ayudar en el servicio. También incluye el personal de limpieza, que ha realizado un trabajo silencioso y minucioso, imprescindible para cortar la transmisión.  
Gómez Grande señala además la importancia de los familiares en esta crisis; el sufrimiento en una situación dramática, la falta de contacto con sus seres queridos, a quienes vieron por última vez cuando ingresaron en el hospital y que, en algunos casos, ya no volvieron a ver. Toda la información desde la UCI se ha dado por teléfono y eso ha supuesto explicar la gravedad de la situación sin contacto físico a personas que, en muchos casos, también estaban enfermas. «Hemos llorado con ellos, especialmente cuando después de transmitirles las peores noticias, aún tenían fuerzas para preguntarnos por nuestra salud, nuestro estado de ánimo, nos transmitían fuerza y, sobre todo, su confianza, sus rezos y plegarias, y su esperanza».
esperanza. El primer paciente extubado fue la clave: «Olvidamos el miedo del inicio y nos motivamos aún más; en una guardia llegamos a extubar a cinco pacientes, que en pocos días estarían en planta». En su mente resuenan aún las primeras palabras de la primera paciente que extubó: «Os quiero mucho». «Nos quedamos sin palabras, emociones a flor de piel y lágrimas en los ojos, la tensión se relajó y la abrazamos». Aquel éxito se celebró incluso en su casa,  «los ojos llorosos tras las mascarillas ya no lo eran de frustración y desesperación, ahora eran de alegría y esperanza».
Esa esperanza se notaba también a las ocho de la tarde, en el momento de los aplausos, cuando los escuchaba en su casa. «En dos ocasiones he podido presenciar los homenajes rendidos por las Fuerzas de Seguridad del Estado que acudían cada tarde a aplaudirnos» y reconoce que el ‘Príncesa de Asturias’ es un sueño, es una respuesta al clamor popular a través de las redes para apoyar a los sanitarios. «Será la medalla de una batalla que contaré a mis nietos», aunque cree que el mayor reconocimiento ha sido el apoyo recibido por empresas y sus trabajadores, cofradías, agricultores, pintores o particulares que cedieron sus equipos de protección para seguir luchando, minimizando el riesgo de contagio
En lo personal, ella ha vivido este tiempo de epidemia en su casa, su familia se negó a que se fuera, obligando a aumentar distancias y a extremar la precaución, aunque «con la carga emocional que ha supuesto el confinamiento para ellos y lo que yo he vivido ha sido imposible no abrazarnos y besarnos». «Cuando yo salía a trabajar se limpiaba la estancia que yo ocupaba y se sometía a desinfección con una máquina de ozono», al igual que su ropa.
Ahora que el servicio ha vuelto a la normalidad, con una zona COVID y otra no COVID, cree que «la verdadera liberación ha sido poder volver a tener cerca a las familias de los pacientes». Mientras, de cara al futuro, esta médico de la UCI recuerda que «la actitud de la población general es fundamental, además de la información verídica por parte de las autoridades sanitarias». «La población ha sido la protagonista de esta pandemia, el sacrificio del confinamiento no se ha reconocido por parte de nadie, pero ha hecho persona vulnerable a aquella que previamente no lo era», por esto recuerda que se debe luchar por evitar un segundo brote porque «volver al confinamiento, además de las consecuencias económicas y sociales, traerá problemas de salud distintos a la infección y con consecuencias muy graves», alerta.