Los testamentos firmados para una muerte digna aumentan un 50% en los últimos tres años

Raquel Santamarta
-
Un paciente es atendido en una unidad de cuidados paliativos. - Foto: La Tribuna de Ciudad Real.

El Registro de Voluntades Anticipadas cuenta con casi 1.250 ciudadrealeños inscritos frente a los 835 que había en enero de 2012 en un censo que refuerza su autonomía como pacientes

Dejar por escrito el tratamiento a recibir en el tránsito final de la vida, cuando ya no se puede expresar nada. Ése es el objetivo del Registro de Declaraciones de Voluntades Anticipadas de Castilla-La Mancha, en el que un total de 1.249 vecinos de la provincia, una cifra que ha aumentado un 50 por ciento en los últimos tres años (en enero de 2012 eran 835), ya han firmado su testamento para una muerte digna. Un paso con el que han reforzado su autonomía como pacientes, especialmente en lo que hace referencia a la donación de órganos, los cuidados paliativos y el innecesario esfuerzo terapéutico en caso de enfermedad terminal o situación irreversible; es decir, aquella en la que no se atisba una mínima señal de recuperación.
En la actualidad, el límite legal es la eutanasia activa. La legislación española no contempla el suministro de fármacos para acabar con la vida, pero sí su rechazo. Los días no se prolongarán con medidas de soporte vital si el enfermo así lo decide. En este sentido, la sedación profunda y prolongada hasta la muerte que propone en la actualidad Francia es considerada en España una buena práctica médica, ya que su objetivo es que el final del pacientes sea lo menos traumático y estresante posible. Desde que comenzara a estar operativo en octubre de 2006, el Registro de Declaraciones de Voluntades Anticipadas de Castilla-La Mancha no ha dejado de crecer. Concretamente, en el último año ha sumado 552 testamentos, un 27,7 por ciento (153) en una provincia que hace seis años contaba con 447 inscritos, la tercera parte de los que tiene ahora el censo.
La voluntad de donar los órganos y la cesión del cuerpo a la ciencia tras el fallecimiento son otros de los aspectos que este documento tiene en cuenta. En este sentido, el 16,37 por ciento contempla esta última opción para dar un impulso a la investigación y la docencia, un porcentaje que en 2007 se situaba en un 5,8 por ciento. No obstante, desde la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales exponen que en 2014 ha descendido casi siete puntos porcentuales (en los dos últimos años se mantenía en torno al 24%).
De igual modo, lamentan el descenso de 16 puntos registrado en cuanto a la donación de órganos y tejidos, de la que se muestran partidarios el 47 por ciento del total de los inscritos. «En 2013 este porcentaje fue del 59,2 por ciento frente al 43,1 de 2014», indican. Una vez registrado, la decisión tomada por el enfermo prevalece sobre la determinación de su entorno, algo muy útil en una comunidad en la que las negativas familiares se sitúan en un 18,3 por ciento.
Los casi 1.250 ciudadrealeños que han preservado su última voluntad son el 0,3 por ciento de la población mayor de 18 años, cuando en Estados Unidos el 20 por ciento de los ciudadanos han firmado este documento. Los datos facilitados por Sanidad y Asuntos Sociales exponen que seis de cada diez testamentos vitales son firmados por mujeres. En su mayoría, con edades comprendidas entre los 40 y 65 años (la edad media en la que formaliza la declaración ha aumentado de 49 a 54). Toledo (1.483 inscritos) y Albacete (1.278) se colocan a la cabeza de la región. En Ciudad Real residen la cuarta parte de los otorgantes. Por detrás se sitúan Guadalajara (663) y Cuenca (324).

sincronizado. El Registro de Declaraciones de Voluntades Anticipadas de Castilla-La Mancha está sincronizado con el Registro Nacional de Instrucciones Previas. Así, los médicos pueden consultar la voluntad del paciente desde cualquier hospital o centro de salud del país. El testamento vital afecta a situaciones sanitarias concretas como un coma irreversible o un estado vegetativo prolongado. Además, responde a enfermedades en fase muy avanzada ya sea por un cáncer diseminado o por una patología degenerativa del sistema nervioso o muscular que no responde al tratamiento impidiendo la movilidad y la capacidad de relación del paciente.