39.000 aplausos respaldan el valor de los clásicos

M. Sierra
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El 42 Festival de Teatro baja el telón con 66 llenos absolutos y tras despertar la curiosidad de más de 55.000 personas por un siglo de Oro que vuelve a cerrar con superávit y anuncia la visita de Chile como país invitado para el próximo año

66 llenos absolutos y más de 55.000 aplausos

Los tambores de Hellín hicieron rugir la plaza Mayor de Almagro en la noche del domingo en el cierre de una edición que el director de la muestra, Ignacio García, ha calificado de «excepcional» a tenor de la respuesta del público este año en el que el festival baja el telón con «el 87% de su ocupación» y con «66 llenos absolutos», frente a los 60 del pasado año. 
A unos metros de uno de los escenarios sobre el que este año se levantó el festival, el palacio de los Oviedo, García confirmó con números que la de Almagro es una cita cultural viva y con capacidad de crecer que se adapta a la perfección al lema defendido este año por su protagonista absoluta, sor Juana Inés de la Cruz: El mundo iluminado y yo despierta. De eso hablan las cifras de la 42 edición, que «ha despertado» la curiosidad por el siglo de Oro de más de 55.000 personas, que son las que han pasado por la villa encajera desde que el pasado 4 de julio todo comenzará con la entrega del premio Corral de Comedias a Adriana Ozores, en un acto ligeramente más institucional que otros años. De estos visitantes, 39.809 han sido espectadores que han pasado por alguno de los 70 espectáculos en cartel, frente a los 32.839 de 2018. En una edición marcada por la variedad «en la que era imposible verlo todo» y que invitaba a cada visitante «a elegir el que sería su festival», como explicó García en defensa de la nueva fórmula que ha propuesto la Fundación. 
El resto, hasta los 55.000 citados, corresponden a los visitantes de exposiciones y a participantes de las diferentes jornadas organizadas. Y es así como las cuentas para confirmar éste como un festival sostenible le salen a la Fundación que cierra el año «por encima de lo previsto con 569.631,15 euros recaudados en taquilla», casi 70.000 más que el pasado año en el que ya se bajó el telón con superávit. 
Esta realidad numérica, que «confirma que estamos en el camino adecuado», coincide con otra más importante para el equipo de García y que sale de las encuestas realizadas a los espectadores, de las compañías participantes y del día a día de las calles almagreñas, que confirman el de Almagro «como el mejor Festival del mundo para ver siglo de Oro, un lugar diferente», resumió. 
Sobre la programación, García destacó la participación e implicación de México, en calidad de invitado, pero que ha jugado un papel protagonista, con una veintena de espectáculos, favoreciendo que ésta fuera «una edición maravillosa y mágica». Una estela que el director espera continúe el próximo año, para el que ya se ha confirmado a Chile como invitado y que se sube al escenario justo cuando se cumplen 500 años de la primera vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano.
En referencia a ese puente de ida y vuelta que el festival ha tendido hacia América, García quiso dejar claro que las compañías que han acudido a la muestra y las que acudirán llegan con su visión del siglo de Oro, «nosotros no les decimos qué tienen que hacer, ellos nos cuentan cómo sienten a esos clásicos». Una filosofía que se ha mantenido también con el resto de países participantes en esta edición. Entre ellos Costa de Marfil, que sorprendió a todos con su versión de Fuenteovejuna, y con el que se ha cerrado un acuerdo de colaboración para las próximas ediciones. 
No se olvidó García en este repaso de las compañías españolas y del peso de algunas de ellas ya convertidas en pilares necesarios de la muestra como es el caso de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de Almagro, Noviembre Teatro o El Brujo, ni de las agrupaciones locales o de los nuevos formatos que se han utilizado este año y que han conseguido la respuesta del público, entre ellos, El perro del hortelano que se puso en escena en el interior de un coche. Una línea en la que se va a seguir trabajando «para llevar el teatro más allá de sus espacios habituales». 
De México llegaba también la otra gran protagonista de esta fiesta teatral que ha vivido Almagro en el mes de julio, sor Juana Inés, «que ha sido nuestro faro» en una edición en femenino que «abrió Carmen Portichelly en el Palacio de Valdeparaíso, Helena Pimenta en el Adolfo Marsillach Hospital de San Juan, y que cerraba en la noche del domingo Irina Kouberskaya». En total, 26 directoras y 38 dramaturgas que han hecho de la 42 una edición que va más allá de la paridad, que es una de las líneas que marcaba para el Barroco Infantil y Almagro Off el Instituto de la Mujer, colaborador desde este año de la muestra, que en esta edición volvía a escribirse con ‘i’ de inclusión.  
algunos ‘peros’. Sobre la mesa, algunos proyectos por mejorar. A preguntas de los medios sobre si en un escenario de éxito como el que deja la edición número 42 había espacio para la autocrítica, Ignacio García dijo que se llevan «cosas en las que trabajar». Una de ellas, la revisión de cómo organizar y repartir los espectáculos: «Creemos que ha habido montajes que no estaban bien colocados en la agenda, o no han contado con el escenario adecuado y eso ha repercutido en que la gente pudiera disfrutar de ellos como debía». Por otro lado, García anunciaba prácticamente una revisión de las bases del certamen de Barroco Infantil y el Almagro off, tras lamentar la baja calidad de algunas de las propuestas presentadas este año a la final, muy alejadas de los espectáculos ganadores. Eso será en 2020 y coincidiendo con el décimo aniversario del Off en un año para el que ya se ha anunciado además que Almagro se convertirá en la sede del congreso de la Asociación de Hispanistas de Teatros. 
En definitiva, la edición número 42 baja el telón como lo empezó, con un verso de sor Juana que recordó el director de la muestra: «Finjamos que soy feliz, triste pensamiento un rato». Porque según García, eso es justo lo que ha conseguido este año el Festival Internacional de Teatro Clásico, convertirse en «ese lugar en el que la gente puede evadirse, puede ser feliz».