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La última erupción de Ciudad Real

Hilario L. Muñoz
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La carretera entre Aldea del Rey y Granátula expone los secretos del Columba, el volcán por el que Ciudad Real se considera zona activa

La última erupción de Ciudad Real - Foto: Rueda Villaverde

El volcán Columba es el motivo por el que Ciudad Real es aún una zona activa. Uno de sus cráteres se abrió hace unos 6.500 años, con una enorme explosión porque en su cráter había un pequeño lago. Fue una erupción hidromagmática, en la que se mezclan agua y magma, por el pequeño lago que había en la superficie de este volcán. Una carretera descubrió los secretos del Columba, el cercano pantano de la vega del Jabalón muestra cómo se verá dentro de miles de años la colada de lava de la isla de La Palma y con un poco de interés se pueden ver los piroclastos, las cenizas, que ahora mismo caen del cielo en las Canarias. 

Lo primero que hay que explicar es que el Columba no es el volcán más joven del Campo de Calatrava. Surgió en el Pleistoceno medio o superior, hace cientos de miles de años. «Cuando terminó la erupción, se empezó a originar un suelo», el denominado paleosuelo y «el elemento más importante de este volcán porque no hemos encontrado paleosuelo fosilizado más que en otro volcán del Campo de Calatrava», explicaron el director de Geovol, Rafael Ubaldo Gosálvez, y el investigador Rafael Becerra. La carretera que conecta Granátula de Calatrava con Aldea del Rey cortó por la mitad el cono y dejó ver la riqueza de ese suelo, permitiendo explicar la historia completa del volcán. Por encima se encuentra la erupción hidromagmática, la última de Ciudad Real, datada hace unos 6.500 años. Para que una zona se considere activa debe haber tenido una erupción hace menos de 10.000 años. La última parte del volcán es la zona más próxima a la superficie, donde hay un Lahar, un depósito muy fangoso debido al agua caída. «No es un proceso eruptivo, sino un flujo de agua y de barro que se mueve ladera abajo y deja esos depósitos» indicó Becerra, aunque hay varias interpretaciones sobre lo que puede tratarse. 

La datación del paleosuelo es la clave para conocer cuándo y cómo fue la última erupción de Ciudad Real. Toda la vegetación que había en aquel suelo quedó atrapada, calcinada bajo el magma. En un simple vistazo se pueden encontrar materiales con huellas de aquellas plantas. «Cuando se abre la carretera se descubre el cono inicial, el paleosuelo y encontramos una serie de estructuras en la parte más superior del suelo, pegada al depósito hidromagmático como un molde», comentó Becerra. El análisis de estos moldes en Uppsala, Suecia, con dataciones por radiocarbono, indica que hay restos de carbón vegetal de hace unos 6.500 años. 

La última erupción de Ciudad RealLa última erupción de Ciudad Real - Foto: Rueda Villaverde«En esa última erupción, sobre el cráter, debía haber un encharcamiento de agua e interactuó el magma con el agua con un comportamiento hidromagmático, pero muy breve», indicó Becerra. Esto generó los flujos de elementos piroclásticos y se carbonizó el suelo. Se trata de una corta erupción, quizás de «minutos u horas», que se ve a la perfección en ese corte transversal que se hizo para la carretera. 

el volcán y la palma. La historia del Columba es mucho más amplia porque en su inicio actuó de forma similar a cómo lo está haciendo el de La Palma. El ejemplo más llamativo se encuentra en el acceso al pantano de la Vega del Jabalón por esa carretera. «Se formó un cono de piroclastos con un cráter y la emisión de tres coladas de lava, dos que van hacia el norte de tipología Pahoehoe, muy fluidas y que llegaron a cortar el río Jabalón, generando una presa natural». Estas coladas son similares a las que se pueden ver en películas americanas, como un río de lava de poca profundidad. En la vertiente sur del volcán hubo otra colada «más potente y gruesa», ahora sí con unas características similares a las del volcán de La Palma, «de tipo AA con unos 20 metros de altura». Para hacerse una idea de lo que esto significa hay que imaginarse una pared de piedra, de esos metros, unos siete pisos de altura, deslizándose de forma lenta y quemando todo lo que encuentra a su paso. Eso es lo que está ocurriendo en La Palma y esa es la formación que dejó el volcán junto al Jabalón, aunque ya está muy erosionada por el tiempo. «Esta es una colada viscosa, se mueve menos y lo más significativo es que en su interior hay unas estructuras prismáticas, como consecuencia del enfriamiento y de las mejores que hay en el Campo de Calatrava», señaló Becerra al referirse a lo que se ve en el pantano. Hay prismas y sillares, estructuras que varían en función del tiempo de enfriamiento interno de la colada. Por este motivo, el paisaje cercano al volcán y la colada de La Palma, cuando pasen los años, será similar al del Columba. 

Esa visión de la colada de lava y su movimiento es una de las experiencias que se traen los integrantes de Geovol de los días que estuvieron la semana pasada en La Palma, donde vieron en activo su movimiento. Gosálvez y Becerra señalan que una erupción en directo suena como una tormenta constante, por el ruido de la erupción, a la que se aproximaron a unos 1.200 metros. Vieron las coladas o los piroclastos, esos materiales que se pueden encontrar en la zona próxima al Columba.

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