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«Me fascinó la historia que hay detrás de Giovanna»

Hilario L. Muñoz
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Elena Poblete presenta en el Museo del Quijote su decimocuarta exposición individual en la que une dos Giovanna y  Maniquí. Una muestra que podrá verse hasta el 16 de mayo.

«Me fascinó la historia que hay detrás de Giovanna» - Foto: Tomás Fernández de Moya

¿Quién es Giovanna Tornabuoni, la mujer tras los retratos de esta exposición?

Giovanna Tornabuoni era una dama de la alta burguesía florentina que falleció con 19 años a consecuencia del parto de su segundo hijo, y su marido encargó un retrato póstumo de ella al gran pintor renacentista italiano Ghirlandaio. Este artista previamente ya la había retratado de cuerpo entero en una escena de la Visitación en los frescos de la Basílica de Santa María Novella de Florencia. Para este retrato, en este caso sobre tabla, Ghirlandaio reprodujo el retrato anterior, misma disposición, mismos atuendos, pero en este caso de medio cuerpo. Esta magnífica obra es una de las más importantes y emblemáticas de la colección Thyssen- Bornemizsa. Me fascinó la historia que hay detrás de esta pintura y ver cómo a pesar de su corta vida (solo 19 años) la mirada, la belleza y la delicadeza de Giovanna se han hecho eternas a través del arte, esa magia que tiene el arte de encapsular el tiempo y permitirnos seguir siglos atrás conectando y disfrutando de ella. 

¿Qué tiene de especial este cuadro y qué le ha inspirado para realizar esta exposición?

Este cuadro me inspiró para hacer una reinterpretación del mismo, utilizando mi técnica de collage tipográfico. Es la última pieza que estaba trabajando cuando me propusieron esta exposición y por ello decidí que la exposición llevase el nombre de este cuadro Giovanna y la mirada eterna. En otras piezas que he realizado recientemente también hago referencia  a otros artistas como Petrus Christus, Durero o Botticelli, que me apasionan.

Aparte de las 40 obras, esta exposición es una muestra de Elena Poblete, como artista, ya que se recrea su taller.

El espacio expositivo del Museo del Quijote es peculiar, tiene mucha personalidad y es un reto, había que intervenir de otra manera. Tiene algo de teatral, al ser más oscuro, paredes grises y negras, me pareció que la idea de instalación cobraba bastante sentido. Las obras están dispuestas reproduciendo un poco su forma habitual de habitar en mi estudio, en ese espacio de ideación y ejecución, donde las piezas se acumulan, se superponen y conviven en una especie de diálogo en disposiciones casuales.

¿Qué significa para usted exponer en Ciudad Real?

La última exposición individual fue en 2015 en la Escuela de Artes. También he participado en colectivas, sobre todo las que llevamos realizando desde 2003 los profesores. Precisamente el mes que viene inauguraremos una exposición bajo el título Barroco: divino y humano en el Museo de la Merced, exposición que mi compañera Isabel Ferrero y yo estamos comisariando.

¿Cómo cree que afectará al arte la pandemia? 

La situación es difícil para el arte y para todo. Afecta porque hay circuitos que han tenido que cerrar, artistas que lo están pasando bastante mal. Afecta porque un parón de un año es complicado de asumir y porque a veces nos falta un poco el ánimo. En mi caso he tenido más tiempo para crear, pero a veces te falta el objetivo, el para qué. No obstante para mí el arte es una actitud, el resultado no es el fin, es el proceso lo que tiene sentido. 

Junto a Giovanna, se trabaja en esa experiencia de la pandemia con ‘Maniquí’.

El maniquí me pareció una metáfora de esta situación, que ha cambiado nuestras vidas y nos ha hecho tan conscientes de lo vulnerables que somos. A veces nos llegamos a sentir como un maniquí, hemos perdido nuestra libertad, nuestras relaciones sociales, nuestra vida. Nos hemos sentido perplejos, tristes, preocupados, a veces desconectamos porque no podemos más con noticias tan duras y que se prolongan durante tanto tiempo.