Casi 275.000 firmas piden más unidades para la anorexia

R. S. / EP
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La madre de una joven ingresada en la UTCA del Hospital General Universitario de Ciudad Real reclama a Sanidad y a la Junta de Andalucía recursos especializados en todas las comunidades

Casi 275.000 firmas piden más unidades para la anorexia - Foto: Pablo Lorente

«Tuve que mentalizarme de que mi hija se iba a morir». Así lo asegura Patricia Cervera, una madre que se vio obligada a pedir créditos con los que pagar centros de tratamiento privados para Aleixandra ante la falta de un recurso público especializado que pudiera dar respuesta a su anorexia, un trastorno del comportamiento alimentario que -junto a la bulimia- acaba devorando cuerpo y mente.
Por ello, ahora que la joven de 21 años está ingresada en la Unidad de Trastornos del Comportamiento Alimentario (UTCA) del Hospital General Universitario de Ciudad Real (HGUCR), ha iniciado una campaña en la plataforma Change.org para recoger firmas que avalen la necesidad de que todos los territorios, sin excepción, cuenten con una. Y ya suma casi 275.000.
En la petición, iniciada después de pasar diez horas en urgencias con su hija y dirigida tanto al Ministerio de Sanidad como a la Junta de Andalucía, Patricia denuncia un «abandono del sistema público de salud» que da lugar a la «cronificación de la enfermedad con resultados irreversibles». Según relata, Aleixandra -que ha recurrido adistintos psicólogos, psiquiatras, fármacos y terapias alternativas- sufrió acoso escolar cuando se cambió del colegio al instituto. «Era muy tímida y le costaba hablar con la gente», explica su madre en una entrevista con Europa Press.
A partir de ese momento, con 13 años, «empezó a encerrarse en sí misma». Patricia se sorprendió cuando la pequeña le propuso que hicieran deporte juntas y empezaran a comer más sano, pero se lo planteó como una forma de pasar más tiempo con ella. «Íbamos a clases de baile y comíamos sano», según recuerda.
Al poco tiempo, empezó a encontrar comida en la habitación de su hija, observó que constantemente evitaba el momento de sentarse en la mesa diciendo que se iba a su cuarto, que le dolía la tripa o que no le apetecía, y decidió llevarla al médico de cabecera para explicarle sus sospechas. Este fue el primer día de ocho años de lucha, Aleixandra tenía anorexia. «Esta enfermedad aísla a quienes la padecen porque estructuramos la vida a través de las comidas y para ellos la comida es el enemigo», lamenta la madre al hablar de un trastorno en el que la paciente debe encontrar sus propias razones para curarse. Y «sólo lo logra quien aprende a manejar sus fracasos», confiesa el jefe de la UTCA ciudadrealeña, el doctor Luis Beato, asegurando que «es fundamental tener una unidad especializada y multidisciplinar para interpretar cómo come el paciente y enseñarle a gestionar sus crisis, poder controlar debidamente si hace ejercicio físico o cerrar los baños para evitar que puedan vomitar».
un «demonio». Cuando Aleixandra accedió a pedir ayuda se encontraron con que no existían recursos públicos para trastornos de la conducta alimentaria en Andalucía y que la asistencia ambulatoria era «insuficiente» con sesiones de media hora cada dos o tres semanas. Por ello, Patricia pidió un crédito para pagar los 2.000 euros mensuales que costaba un hospital de día privado. A las seis de la tarde, iba a recogerla y, al volver a casa, la pequeña se convertía en un «demonio». «Soltaba todo lo que no había podido decir durante el día, se negaba a cenar, no paraba de hacer deporte y perdía mucho peso», recuerda.
Actualmente, Aleixandra está ingresada en Ciudad Real, que cuenta con una de las dos unidades especializadas que hay en Castilla-La Mancha (hay otra en Albacete para adolescentes). Sus diez camas «siempre están ocupadas». Su madre va todos los fines de semana a verla. «Duermo en un hotel y no puedo permitírmelo», explica una mujer que tiene otro hijo tres años menor que Aleixandra. «Estoy sola, somos una familia monoparental y no he podido compaginar estar en el hospital con mi hija intercaladamente durante ocho años, cuidar a mi hijo y trabajar», asegura lamentando unas ausencias que han repercutido en la salud mental del menor.
Patricia duda de que su hija vaya a poder superar la enfermedad. Aleixandra tiene osteoporosis desde hace años, no ha tenido nunca la menstruación y, como consecuencia, tiene síntomas de menopausia. Además, el estómago lo tiene dañado y rechaza la ingesta de alimentos y agua. Pero, según esta madre, lo más difícil de superar es que su hija «no conoce otra forma de vida». Pese a todo, Patricia sabe que, con los tratamientos adecuados, sí tiene cura.