El destino de los mejores

M. Lillo
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El destino de los mejores - Foto: Pablo Lorente

Cinco jóvenes de Ciudad Real que estudiaron en la UCLM y fueron premios fin de carrera o fin de máster narran sus aspiraciones laborales tras ser referentes en el ámbito académico en distintas carreras y promociones

En su cerebro tienen inteligencia, ingenio, capacidad de comprensión, espíritu crítico y mucha memoria. En su corazón albergan fuerza de voluntad, sentimiento, pasión por el estudio, curiosidad y constancia. Son cerebro y corazón, las dos armas que hacen de ellos seres únicos, perfectos, nacidos para vencer, para escribir el destino de los mejores. Son premios de fin carrera o de máster, con una cartera repleta de matrículas de honor, con un currículum envidiable y con afán voraz por mejorar, por seguir aprendiendo, por exprimir los mejor de sí mismos. Unos buscaban premeditadamente ser los mejores, otros simplemente lo eran. Ahora narran su destino.
Cinco jóvenes de Ciudad Real que se han formado en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y han cosechado el mejor expediente académico detallan su vida profesional tras ser referentes en la excelencia académica. Desde el punto de vista personal, para todos mereció la pena tanto esfuerzo, tanto sacrificio hincando codos, tantas horas de concentración día y noche, abriendo su mente a nuevos conocimientos y plasmándolos después en los exámenes. Para ellos es innato, una forma de vida que no conciben sin aprender, sin ponerse  constantes metas. «Como un reconocimiento a tanto estudio y un aliciente para continuar». Así definen el haber sido los mejores de su clase, los favoritos de distintas promociones y distintas carreras de la UCLM. Ser premios fin de carrera o fin de máster les ha permitido acceder a becas muy reñidas, para las que compiten con alumnos de toda España. Confían en que su expediente sea tenido en cuenta en el ámbito laboral, aunque en algunos casos su objetivo es desarrollar la docencia o la investigación, al menos unos años, pues reconocen la precaridad y los bajos sueldos de los investigadores y las dificultades para dedicarse a la docencia en la universidad.
Este es el caso de Alberto García Sáez. Tiene 24 años, fue premio fin de carrera de Químicas en el curso 2016 y 2017 y actualmente está haciendo la tesis, su especialidad es Química atmósferica. Cuenta con una beca de la UCLM por cuatro años que de momento le da para vivir en Ciudad Real, donde comparte piso con otros compañeros. «Ahora mismo, tal y como está la investigación, si no tienes notas muy altas, es muy difícil poder entrar porque hay pocas becas y es un mundo muy competitivo», relata. Su futuro está asegurado durante cuatro años, más allá su destino es incierto. Su principal opción es ser profesor de instituto porque le gusta la docencia, por lo que baraja opositar, mientras que considera que «en la universidad es muy díficil» ejercer  de profesor. La amenaza de contratos temporales y «cobrando muy mal» si opta por la investigación es uno de los nubarrones que ve y de momento no tiene pretensiones en la empresa privada, donde le han alabado su currículum, pero le piden experiencia profesional.  
También se está desarrollando en la universidad de momento José Ángel Martín. Fue premio fin de carrera en Informática en el curso 2017/2018. A sus 22 años tiene un contrato a media jornada en la propia Escuela de Informática por el cobra 700 euros y su pretensión es hacer el doctorado mediante un programa de ayuda del Ministerio que se podría extender a cuatro años. En su cartera académica acumula 19 matrículas de honor. «No he trabajado en la empresa privada y siempre me ha llamado la atención investigar, inventar, innovar», relata este joven que ya ha tenido ofertas por Linkedin, pero que optar por permanecer en el mundo de la universidad.
De Alicia González Martínez puede decirse que es inteligente, educada, simpatica, modesta y está muy, muy preparada. Tiene 27 años y fue premio fin de carrera de Medicina en 2016. Estudiosa y siempre con afán de aprender, actualmente está realizando el MIR, concretamente es residente en neurología en el Hospital Universitario de La Princesa, en Madrid. El MIR supone formarse durante cuatro años en la especialidad y después sabe que pasará al mercado laboral, donde su idea sería «servir de nexo entre la atención a pacientes y la investigación». Quiere desarrollar un trabajo con el que se sienta a gusto, «que me suponga un reto en el día a día y que tenga una repercusión social», relata al tiempo que pone el acento en su vocación por la medicina. Le acaban de conceder el International Scholarship Award de la American Academy Of Neurology, una beca que conceden sólo a 30 personas de todo el mundo y también forma parte del programa Acelera, para el que sólo seleccionan a 10 personas cada año y que le permite durante tres años su desarrollo personal y profesional, comenta esta joven que tiene afición por la danza.
Isabel Céspedes fue premio fin de carrera en un ámbito muy distinto: el Derecho. A sus 27 años no ha parado desde que obtuvo el mejor expediente académico en 2014. Antes de terminar la carrera comenzó a trabajar en la asesoría de empresas de su familia; ejerció durante un año en un despacho como pasante y dio clases durante tres años en la universidad, compatibilazándolo con la asesoría, en la que ahora se ha centrado profesionalmente al mismo tiempo que cursa un máster. Le costó mucho dejar aparcada su vocación como docente. Para ella el momento más feliz de la semana era cuando cerraba la puerta del aula y se centraba en la clase con sus alumnos. El gran esfuerzo que le suponía, una remuneración más que escasa (300 euros) y la inestabilidad de encarar su futuro laboral hizo que cerrara la puerta a ese proyecto de vida. Además, en él quería ofrecer otra forma de enseñanza a los alumnos, con nuevos métodos de aprendizaje y más próximos a su posterior vinculación profesional. No ha podido con el peso de la burocratización universitaria y ahora trata de seguir formándose para ofrecer lo mejor a sus clientes desde la asesoría.
  Elena Calcerrada por su parte ya está inmersa plenamente en el mundo laboral. Tiene 26 años y fue  premio fin de máster del Colegio de Ingenieros de Caminos, del mismo modo que obtuvo el mejor expediente de su máster. Actualmente trabaja en una empresa en Valencia, Green Blue Management, donde comenzó haciendo prácticas. Ahora es especialista en la gestión del agua de lluvia con sistemas urbanos de drenaje sostenible, «un aspecto muy innovador en España» y ahora ve que sus proyectos han pasado del plano teórico o experimental a convertirse en una realidad, como la instalación del pavimento permeable del Wanda Metropolitado, concluye. 
 

El destino de los mejores Pablo Lorente
El destino de los mejores - Foto: Pablo Lorente
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El destino de los mejores Pablo Lorente
El destino de los mejores - Foto: Pablo Lorente
El destino de los mejores Pablo Lorente
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