Una ruta por el idioma y la sabiduría popular

Patricia Velasco
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Estudiantes extranjeros conocen durante su estancia en Almagro, Moral y Valdepeñas las costumbres manchegas a la vez que aprenden español • De la experiencia destacan la amabilidad de la gente y la inmersión en la vida rural

El inglés Michael Harfleet (1d) comparte comida en Moral de Calatrava con la familia Rodríguez Molina con la que ha convivido durante su estancia en la localidad. / - Foto: PABLO LORENTE

Diez días inmersos en la cultura española, pero esa que se respira lejos de las grandes ciudades, sin ruidos y rodeados de naturaleza, donde al aprendizaje del español se suman la sabiduría popular de la familia con la que conviven o las enseñanzas de los agricultores sobre la elaboración del aceite o las mejores uvas para el vino manchego. Señas de identidad de una tierra marcada por el famoso relato de Cervantes y de la que los extranjeros que participan en la Ruta Ñ han escuchado hablar poco, pero de la que se despiden cautivados por la amabilidad de sus gentes y por la comida. Al final ese es el objetivo de este proyecto que nació de la mano de un joven ciudadrealeño como una forma diferente e innovadora de aprender español, en la que se mezclan las clases con rutas de senderismo y visitas a empresas de la zona, ya sea la cooperativa de aceite Santiago Apóstol o Bodegas Moralia, ambas en Moral de Calatrava, o una de berenjenas en Almagro, aunque los pasos de su camino también les pueden llevar hasta La Solana, Valdepeñas, San Carlos del Valle o Villanueva de los Infantes.
Atraídos principalmente por el idioma y esa oferta de un turismo diferente, alumnos del Reino Unido, Dinamarca y Francia han descubierto estos últimos días del mes de agosto lo que es el calor manchego. Acompañados en todo momento por sus profesores de español y por docentes invitados por los responsables de Ruta Ñ procedentes de Italia u otros lugares de España para que posteriormente trasladen su experiencia a sus estudiantes, los viajeros han conocido Almagro, Moral de Calatrava y Valdepeñas. Pero, ¿cómo llegaron hasta estas tierras? Unos buceando en internet, otros por las referencias de El Quijote y algunos por las recomendaciones de sus profesores en sus países de origen.
Su perfil tampoco se corresponde con el alumno habitual de un curso de aprendizaje de español: tienen entre 57 y 66 años, trabajan o están ya jubilados y todos ya sabían «un poco» de español. Sin embargo, su inquietud por aprender permanece intacta. Al interés por el lenguaje suman su fascinación por descubrir las costumbres, cautivados por el folclore y por los alimentos de La Mancha.
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