Un problema común con efectos concretos

J. D. Bazaga
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Los afectados hablan de la deuda contraía por las zonas desarrolladas al dejar a los pueblos vacíos

Un problema común con efectos concretos - Foto: JUAN LAZARO

Para Jesús Alba Mansilla, alcalde de Checa, localidad que no llega a 300 habitantes de la comarca de Molina de Aragón, en Guadalajara, reclama a las instituciones una compensación al mundo rural por todo el esfuerzo con el que contribuyó al desarrollo de las ciudades y a la industrialización, que utilizó la mano de obra de los campos, y así devolver el «equilibrio» que necesita el país. «Es una deuda que tiene el desarrollo industrial de este país al dejar los pueblos vacíos», declaró.
Pepa Peralta, de Villalba de la Sierra, reclama infraestructuras, no ya las que no se hacen, sino las que existen y se están dejando como las carreteras de las zonas altas de las serranías. Pero una de las mayores preocupaciones en la zona de la serranía baja de Cuenca es que se está aprovechando la despoblación para la implantación de actividades e industrias poco atractivas para los vecinos como un cementerio de residuos industriales en Almonacid del Marquesado, al que también ha llegado la instalación de macrogranjas porcinas.
Vicente Caballero, de la Alcarria de Cuenca, describe la situación de una de las comarcas más despobladas del país, con apenas 4 habitantes por kilómetro cuadrado, como un «desarraigo» ante la falta de estímulos para las familias ya que, a menor población, menos servicios, y con menos servicios la gente se marcha a vivir a los núcleos más poblados. Las soluciones pasan para él por que los servicios «sean iguales que en la capital de España, no podemos ser ciudadanos de segunda».
«Cada vez somos menos en el pueblo» asegura Juan Cervantes, de Almonacid de Zorita, que asegura que han pasado «de más de mil habitantes a 600 en cuatro años», por lo que «van mermando los servicios públicos».
Pedro de la Dueña Moreno, de Campo de Montiel, denuncia también la escasez de servicios y de transporte público, pero sobre todo lamenta la escasez de servicios médicos ya que «para hacerte una prueba tienes que ir a 150 kilómetros», en pueblos que «ya ni venden pañales para niños, solo venden pañales para mayores».
Para todos ellos las soluciones pasan por más inversiones y valorar más las zonas rurales y el potencial que tienen para la generación de oportunidades.



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