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La comedia más chulapa entre teatro y tonadillas

H. L. Muñoz
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La Compañía Nacional de Teatro Clásico traslada al Madrid del siglo XVIII el palacio de Fúcares con 'La Comedia de Maravillas'

La comedia más chulapa entre teatro y tonadillas - Foto: Festival de Almagro

Estos meses largos de la pandemia han servido para convertir a Madrid en el escenario en el que se representan todos los pequeños teatros del día a día. Los telediarios, las noticias, las charlas matinales con un café y hasta las tardes con una cerveza en la terraza forman parte de esa representación. Madrid está, o ha estado, en la boca de todos, con su ‘libertad’ y con esa intención durante sus pasadas elecciones de convertir el ‘alma madrileña’ en identidad de todos los españoles. La Compañía Nacional de Teatro Clásico parece coger toda esa idea de Madrid, sin quererlo, y mostrar que lo que se decía de la capital en el siglo XVIII perdura, y entre galanes, chulapos y personas que quieren hacer lo que le venga en gana, se puede construir el alma de una ciudad y también la de una compañía de teatro, la de La Comedia de Maravillas.

La obra llega al Festival de Almagro tras su paso por Madrid durante el otoño y el invierno pasado. Hay que tener en cuenta que fue un montaje pensado inicialmente para estrenarse en Almagro, pero la pandemia hizo que se descartara el pasado año para el festival, al ser imposible cumplir las medidas propuestas el pasado año. Finalmente se ha recuperado y se representa en la Casa Palacio de Juan Jedler, conocido como Fúcares, tal y como fue ideada hasta el 11 de julio. En el patio se ha construido un escenario cuadrado, adornado con unas cortinas, y las gradas para el público se han dispuesto a su alrededor para que el público y los actores se confundan durante la representación.

El texto de La Comedia de Maravillas va encajando sainetes de Ramón de la Cruz, entre ellos el que da nombre a la obra. Son una serie de pequeños textos, que el autor dedicó a Madrid. La autora Lluisa Cunillé es la encargada de hilar las palabras escritas en el siglo XVIII, tomando a los personajes del mundo del teatro, para crear un teatro que habla sobre una compañía teatral y también de la ciudad de Madrid. Por último, Carlos Pérez Claudio, al piano, termina de crear la atmósfera de la capital de España, tomando algunas composiciones de Chueca, para que los actores entonen algunas canciones clásicas de Madrid.  

La obra encaja así en esa idea de la ciudad de Madrid como espacio universal en el que por sus calles campan a sus anchas galanes en busca del amor, aristócratas que quieren mezclarse entre el pueblo llano, chulapos que no dejan pasar una y actrices que sueñan con la fama y la gloria, pero siempre temerosas de lo que opinen los demás. Se trata de una serie de personajes, hasta 35, que se van sucediendo y que encarnan los actores Miguel Ángel Amor, Mikel Arostegui, Pablo Béjar, María Besant, Ignacio Jiménez, Ariana Martínez, Laura Romero, Carolina Rubio, David Soto, Raquel Varela, Samuel Viyuela y Georgina de Yebra. Cambiándose de traje como quien se cambia de piel, va apareciendo ante el espectador ese Madrid del siglo XVIII, lleno de personajes de toda índole, llegados de toda España.  

Los actores de la CNTC, dirigidos por primera vez por Lluís Homar, conforman dentro de la obra una compañía ficticia y entre amoríos y temores por su desaparición van tejiendo un espectáculo que trata del teatro en sí, de sus entresijos, de los celos entre los actores, de las divas y su papel en el espectáculo y de los espectadores como elemento clave. Una muestra del teatro que habla de sí mismo y que en el camino retrata ese Madrid tan presente como pasado.