La CHG sitúa como reto atajar la contaminación de la cuenca

Manuela Lillo
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El Esquema provisional de Temas Importantes recoge los principales problemas que afectan al Guadiana y las medidas que se deben ejecutar para darles solución

Embalse de Torre de Abraham, que forma parte de la Confederación Hidrográfica del Guadiana - Foto: Pablo Lorente

Atajar la contaminación es uno de los retos que se incluye dentro del documento del Esquema Provisional de Temas Importantes de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) que se acaba de someter a exposición pública y en el que se detallan los principales problemas que afectan a la cuenca y las medidas a ejecutar para darles solución. Así lo puso de manifiesto a este diario el presidente de la CHG, Samuel Moraleda, quien indicó que es un documento que se incluye dentro del tercer ciclo de planificación de la cuenca (2021-2027) y que el objetivo es que sea lo más participado posible, por lo que señaló la posibilidad de realizar aportaciones en esta fase de exposición pública.
El documento marca de esta forma los retos a afrontar hasta el horizonte del año 2027 y entre ellos destaca el relativo a la contaminación, en dos diferentes ámbitos de afectación. El primero de ellos es el que se localiza en el ámbito urbano o industrial y en el que se pone de relieve que, si bien «en las últimas décadas, el estado de las masas de agua ha mejorado ostensiblemente gracias al esfuerzo de las administraciones y de los sectores implicados para mejorar las condiciones de los vertidos de aguas residuales», «aún quedan aglomeraciones urbanas que deben dotarse con las infraestructuras de depuración necesarias para dar cumplimiento a las obligaciones establecidas en la directiva y siendo prioritarias aquellas involucradas en procedimientos sancionadores incoados por la Comisión Europea».  
Para atajarlo, el documento subraya de este modo la necesidad de apostar por la instalación de depuradoras, algo en lo que también incidió el presidente del organismo de la cuenca, quién indicó que no sólo se trataría de la creación de estas infraestructuras sino también del seguimiento de su actividad para la efectiva resolución de vertidos o el control del ciclo del agua.
El mencionado documento detalla que 218 núcleos urbanos (45,13%) disponen de depuradoras; 60 cuentan con depuradoras obsoletas o insuficientes y 205 no disponen actualmente de infraestructuras de depuración.
Otro capítulo importante en ese documento de más de 300 páginas es la llamada contaminación difusa, la que no es consecuencia de ningún vertido que tenga presencia en una zona puntual, sino que se encuentra repartida a lo largo de distintas zonas de la geografía provincial, con una incidencia importante en la parte del Alto Guadiana.
Está contaminación es la provocada en su mayoría por los usos agrícolas y ganaderos y tiene su traducción principalmente en el elevado nivel de nitratos y otras sustancias químicas en la tierra. El propio documento recoge que se trata de una problemática que tendría consecuencias en la economía de la tierra, teniendo en cuenta el peso que tiene el sector primario en la provincia. En este sentido, el presidente de la CHG apostó por la búsqueda de soluciones entre todos los agentes implicados y recordó la declaración ya años atrás de las masas de agua subterránea sobreexplotados, en riesgo de no alcanzar de los adecuados niveles cualitativos y cuantitativos.
En este sentido, recordó que esa declaración no sólo guarda relación con la evolución del volumen de reservas de los acuíferos, con las constantes mediciones de los niveles piezométricos de los acuíferos, sino también con los valores químicos que se detectan en estas zonas. Los objetivos ambientales en el caso de Masa Occidental I irán más allá de 2027.  
El documento también incluye información relativa al caudal ecológico del río. En este sentido, el presidente del organismo de la cuenca indicó que en la zona del parque nacional de Las Tablas de Daimiel ese nivel se ha establecido en 38 hectómetros cúbicos al año, por lo que se trataría de 1,2 metros cúbicos por segundo de caudal medio, por debajo de los 1,7 del Tajo a su paso por Toledo o los 1,78 a la altura de Talavera.
Otro de los temas importantes que incluye el documento es la adaptación al cambio climático, contemplado situaciones como la sequía o las inundaciones, que son dos de los fenómenos que ya se están registrando debido a ese cambio climático propiciado de hecho por la contaminación, recordó Moraleda. Además, se debe abordar la gestión de aguas subterráneas o las especies invasoras. 

 

Recortes. El 11 de diciembre la Confederación Hidrográfica del Guadiana aprobó un recorte de entre el 5 y el 6,67 por ciento para el volumen de extracciones de las masas de aguas subterráneas del Alto Guadiana para la campaña 2020. Esos recortes serán reversibles si la situación de los acuíferos mejora, si bien el presidente del organismo de la cuenca explicó que de momento esa situación no se ha modificado. Se mantiene el nivel de emergencia en Mancha Occidental I, II y de Rus Valdelobos y tendría que producirse un escenario de lluvias significativo para que ese nivel pasara de emergencia, del de mayor gravedad, al de alerta, un escalón inferior.
El presidente de la CHG indica que de momento la lluvia no ha variado de forma significativa los niveles piezométricos, si bien todavía hay que esperar para comprobar cómo se desarrolla la pluviometría en lo que queda de invierno y en la primavera. En este sentido, recuerda que a finales de 2018 se registraron importantes y numerosas lluvias que cambiaron el escenario de sequía que había entonces.
No obstante, de no llover y recargar suficientemente los acuíferos los recortes en las dotaciones de riego se aplicarán en la campaña de este 2020. En concreto, la cantidad establecida es de 1.400 metros cúbicos por hectárea para leñosos y de 1.900 para los herbáceos, frente a los 1.500 y 2.000 respectivamente que ha habido a lo largo de los últimos años.

 

Embalses. En las aguas superficiales la situación es más irregular, ya que mientras que Torre de Abraham se encuentra a menos del 10 por ciento de su capacidad, Peñarroya está por encima del 90 por ciento y sigue aliviando agua lentamente. En el caso de Torre de Abraham ha aumentado ligeramente sus reservas con las últimas lluvias, de 16,6 a 16,9 hectómetros cúbicos mientras que el Gasset se sitúa en entorno a los 15 hectómetros cúbicos y su nivel de referencia son los 14 hectómetros cúbicos para volver a solicitar un nuevo trasvase.
Moraleda aseguró que los abastecimientos están garantizados para la población mientras que en el caso del regadío hay «incertidumbre» en el caso de embalses como Torre de Abraham, ya que en Peñarroya sí tendrán disponibilidad. En este sentido, comentó que la semana que viene se celebrará una junta de explotación para analizar la situación a la que le seguirá otra a finales de febrero o principios de marzo en la que se adoptará la decisión oportuna en razón del agua disponible. Hay que recordar que Torre de Abraham dispuso en la campaña pasada de 31 hectómetros cúbicos para regadío que superó y que pidió un hectómetro cúbico más que no le fue concedido. Actualmente este embalse almacena casi 17 hectómetros cúbicos y debe atender la demanda de abastecimiento de los municipios de esta zona.