Martes negro que destroza a Pedro Sánchez

Pilar Cernuda
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Martes negro que destroza a Pedro Sánchez

La gran mayoría de la clase política, además de destacados dirigentes socialistas y ministros, se enfrentan al presidente en contra de la figura del relator en los contactos con el Govern

El martes 5 se inició un calvario para Pedro Sánchez de imprevisibles consecuencias pero que augura malos tiempos para el Gobierno: las críticas al presidente han llegado al propio Consejo de Ministros aunque los dardos más envenenados los dedican a la vicepresidenta. Carmen Calvo ha provocado la situación más grave que ha sufrido este Ejecutivo, absolutamente debilitado aunque no haya cumplido un año de mandato.
El martes por la mañana, el líder del PSC Miquel Iceta anunciaba en TV3, la televisión autonómica que alienta el independentismo, que Gobierno y Generalitat habían acordado nombrar una persona que sirviera de mediador en las negociaciones que mantenían. Calvo, que esa tarde acudía a la sesión de control en el Senado, se explayó sobre esa figura negociadora y provocó el escándalo político más importante que se ha vivido en España en los últimos años. No se trataba exactamente de un mediador, sino de un relator que levantaría acta de lo que se tratara en la mesa negociadora de partidos políticos, en la que no se sientan, porque no han querido hacerlo, Cs, PP y la CUP.
La polémica subió tanto de tono que al día siguiente salieron a la palestra el presidente manchego Emiliano García Page y la ex portavoz parlamentaria Soraya Rodríguez, para arremeter abierta y furiosamente contra esa figura que significaba que Gobierno y Generalitat se sentaban en un mismo plano y que además los independentistas lograban su eterno objetivo, la internacionalización del conflicto. 
El jefe de gabinete del presidente, Iván Redondo, empujó a Carmen Calvo a comparecer en rueda de prensa. Mala idea porque Calvo, en lugar de sosegar el ambiente con palabras clarificadoras, enredó mucho más la polémica. Entre otras razones porque cada vez que hacía una afirmación tajante, Elsa Artadi, desde Barcelona, la desmentía.  
La sensación de engaño, que llenó de ira a la mayoría de los españoles y provocó que PP y Cs arremetieran contra Sánchez y convocaran una manifestación para hoy -a la que inmediatamente se sumó Vox-, no se circunscribió al ámbito de la oposición, sino también al PSOE y al propio Gobierno.
A lo largo del miércoles se fueron añadiendo a esas voces críticas importantes dirigentes socialistas. Del presente y del pasado, porque, mala suerte para Sánchez, esa tarde presentaba Alfonso Guerra su libro La España en la que yo creo en el Congreso de los Diputados, arropado por importantes miembros de la historia del socialismo. 
igual que burkina fasso. Alfonso Guerra, en un discurso brillante en los que desgranó los valores de la España que él había conocido, hizo gala de su ácido ingenio para pronunciar frases absolutamente demoledoras para el Gobierno actual, sin escatimar entrar en la polémica del día ironizando sobre la figura del relator o negociador o mediador que, dijo, equiparaba a España con Yemen o Burkina Fasso.
Siendo grave lo que se vivió a lo largo del día con las declaraciones de destacados socialistas del presente y del pasado –a los que se sumó Felipe González el jueves- todos ellos contrarios a como se había abordado la negociación con los independentistas, con un Ejecutivo que cedía lo que hiciera falta para conseguir el apoyo a los Presupuestos, pero lo peor para Sánchez es que varios miembros de su partido ya transmitían en privado su desacuerdo con esa controvertida negociación.
El malestar de los ministros se debía a que no estaban de acuerdo con el polémico mediador, pero sobre todo a que se habían enterado de lo que negociaba Gobierno y Generalitat por los medios. 
Ni Sánchez ni Calvo habían informado a sus ministros sobre cómo planteaban las negociaciones con los independentistas. Ni siquiera Ábalos, brazo derecho de Sánchez, ni tampoco Batet, responsable de la política territorial, conocían lo que negociaba Carmen Calvo con Elsa Artadi y Pere Aragonés, vicepresidente de la Generalitat.