Un documento singular

C. de la Cruz
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Un documento singular - Foto: Pablo Lorente

La desaparecida Carta Puebla, cuya copia se conserva en el Archivo Municipal de Ciudad Real, hubiera cumplido 764 años de azarosa historia hasta su extravío en el primer tercio del siglo XX

Ciudad Real nació exactamente el 20 de febrero de 1255, cuando Alfonso X concedió carta fundacional a la conocida como Villa Real. Atrás quedaba el Pozuelo de Don Gil y se inicia el curso de una población que tuvo en la conocida como Carta Puebla, el documento más solemne que expedía la cancillería real, su origen.
El pergamino, escrito en letra gótica cursiva, se abre con el crismón, cuenta con el privilegio rodado y con la confirmación de importantes dignatarios, amigos y vasallos de Alfonso X. Pero el documento que se conserva en el Archivo Municipal no es el original.
Afortunadamente se realizó un traslado o copia notarial por parte del Concejo de Ciudad Real en 1264, sólo nueve años después de la verdadera Carta Puebla. El jefe de Sección del Archivo Municipal de Ciudad Real, Valeriano Villajos explica que «Delgado Merchán, historiador de principios del siglo XX, señaló que el documento original, que estaba muy estropeado, se encontraba cosido junto al traslado». Cada uno de estos documentos portaba un sello de plomo, uno de Alfonso X y otro del Concejo, pero ninguno de ellos se conserva.
La azarosa historia del original ha provocado «muchas hipótesis» y entre ellas sobresale la del historiador Rafael Ramírez de Arellano, que trabajó como secretario en el Gobierno Civil de Ciudad Real. Villajos explica que «parece que su viuda pudo vender la Carta Puebla» al fallecimiento del historiador en 1921. Sea como fuere, el traslado es una copia idéntica que permite conocer la historia del original.
La carta puebla más antigua conocida es la de Brañosera (Palencia), del año 824. Su empleo decayó con el avance de la Reconquista y su uso prácticamente se extinguió con los Reyes Católicos.
La Carta Puebla de Ciudad Real de 1264 es el documento más antiguo que conserva el Archivo Histórico Municipal, que se ubica en el Museo López-Villaseñor, fondo que cuenta con un total de 19 pergaminos.
Por su importancia documental, Villajos resalta «las actas municipales, desde 1502 hasta la actualidad».
El Archivo Municipal no siempre se ha encontrado en las dependencias del López-Villaseñor y por ejemplo una parte de sus fondos, entre ellos el traslado de la Carta Puebla de 1264, estuvo en el Museo Elisa Cendrero «por deseo de la donante de que su casa también fuese un archivo histórico».
Como curiosidad, el archivo cuenta con tal cantidad de documentos que dispuestos de manera lineal abarcarían un total de 4 kilómetros.