Sumar contra el cáncer

Hilario L. Muñoz
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La Escuela Politécnica de la UCLM acoge el Mathematical Oncology Laboratory dirigido por Víctor Manuel Pérez, un centro de investigación que trabaja con la premisa de que se puede acabar con la enfermedad mediante números

Sumar contra el cáncer - Foto: Tomás Fernández de Moya

Todo lo que nos rodea pueden convertirse en números. Esto se demuestra cada día con las imágenes que ofrece un móvil, los audios que llegan por WhatsApp o en las previsiones del tiempo. Detrás de cada aspecto hay matemáticas y números en su base y lo mismo puede ocurrir en la medicina contra el cáncer. Cualquier prueba de imagen es una representación gráfica de números y esto implica que las matemáticas pueden ser una herramienta más para trabajar frente a los tumores.
Por aspectos como estos en Ciudad Real existe un centro de investigación único en el mundo, el Molab, el Laboratorio de Oncología Matemática, un grupo de investigación dentro del instituto de Matemática Aplicada a la Ciencia y la Ingeniería de la UCLM. El centro cuenta con el apoyo de decenas de hospitales, fundaciones americanas y administraciones públicas para desarrollar investigaciones sobre modelos matemáticos que permitan entender mejor el comportamiento de tumores o fármacos. Al frente del Molab está el profesor de Matemáticas Aplicadas, Víctor Manuel Pérez, quien hace escasos días presentó el laboratorio en el Iciam 2019, el encuentro de matemáticos del mundo, donde pudo exponer sus recursos, estudios y, sobre todo, dar a conocer cómo las matemáticas pueden colaborar en la lucha contra el cáncer.
«Hace diez años nos transformamos para realizar estudios en materia de cáncer, antes trabajábamos en describir otros sistemas como láseres». Se trataba de análisis de entornos reales pero sin una utilidad práctica definitiva. El cambio real llegó a raíz de una tesis realizada en la Escuela de Ingeniería y elegida como la mejor del mundo en las matemáticas aplicada. Se trató de una descripción de los impulsos eléctricos del corazón para comprender mejor la contracción del músculo cardiaco. A través de las descripciones logradas en los modelos matemáticos se abordó el síndrome de Brugada, una enfermedad rara. «Dijimos, ‘esto de las matemáticas en la medicina merece la pena’ y giramos el grupo entero en esa dirección».
El salto de la biomedicina a la oncología implicó que el grupo pasara de tener un oficio «controlado» en el que eran respetados a un área desconocida en la que partían de cero. Diez años después cuentan con varias líneas de investigación, muchas de ellas enfocadas al estudio de los tumores en el cerebro. Hay que tener en cuenta que todas las investigaciones se realizan en revistas científicas sin que existan patentes planteadas por estos investigadores.
El tipo de cáncer más estudiado no es una decisión que se tomó a la ligera y cuenta con tres elementos claves para decidirlo. Está la financiación, ya que el grupo llamó la atención de la fundación James S. McDonnell, la institución creada por uno de los fundadores de Boeing que falleció de un cáncer cerebral. «Se interesaron y les gustan las costas interesantes y que se salgan del estándar», dijo Pérez, por lo que crearon un repositorio en el que recopilan imágenes de escáneres de hospitales de toda España y del resto del mundo. Hay que tener en cuenta que el Molab «es un grupo multidisciplinar formado por matemáticos, físicos, ingenieros de tipo eléctrico e informático y ahora, además, cuenta con una bióloga y biotecnóloga».
El segundo aspecto tiene que ver con la probabilidad y las opciones. Así, mientras que hay tumores con multitud de posibilidades para la curación, como el cáncer de mama, en el tumor cerebral no se producen avances significativos desde hace años. La imagen es clave en este tipo de tumor ya que lo normal es que se opere una sola vez. Por este motivo, el Molab cuenta con herramientas desarrolladas que analizan el tumor a través de las resonancias o PET-TAC y les permite ‘extraerlo’ para ver la forma concreta o su ubicación.
Un cambio de modelo. «En el tumor puedes medir las propiedades de la imagen que al final son números y pones etiquetas, tiene la mutación ‘x’ o ‘y’ que da información al médico para su manejo además de la información genética, la molecular o de anatomía patológica». Se trata de aspectos que pueden ayudar a los tratamientos, recuerda Pérez. A modo de ejemplo, expone que una persona observa el móvil y ve el tiempo que va a haber dentro de una semana pero para llegar a la predicción de sol o lluvia hay un meteorólogo que ha hecho el mismo proceso con los datos obtenidos y que ha metido en un «modelo que predice lo que va a ocurrir», y que en función de sus aciertos o fallos, los ciudadanos van considerando si es el mejor. Un arquitecto, por ejemplo, actúa igual cuando tras realizar el diseño debe realizar un análisis del comportamiento de materiales. «Si se entienden las reglas del juego de la biología del cáncer» se puede crear un modelo predictivo de su comportamiento y así seleccionar los mejores tratamientos. «La medicina va a tener revolución brutal en los próximos años», advierte Pérez, que habla de prótesis u otros elementos que están ya en los hospitales como los robots cirujanos.
Desde el Laboratorio de Oncología Matemática (Molab) recuerdan que el grupo de investigación cuenta con varios proyectos financiados, pero tienen otros sin comenzar por limitaciones de financiación, «en particular alguno de ellos en tumores cerebrales infantiles y con mucho potencial» como una llamada a que el campo de trabajo se puede ampliar si encuentran el apoyo necesario para estos proyectos.