Una edición 'De Chile, mole y de dulce...'

M. S.
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Almagro es un gigantesco escenario con escenografía propia, donde cabe todo si lleva a honra el sello del Siglo de Oro, comedia y tragedia, Lope de Vega, Sor Juana, música y danza

Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’ - Foto: Mariano Cieza

Un estruendoso rugido anunció en la noche de ayer el final de la 42 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, una hora antes de que los principales escenarios de la villa almagreña acogieran su última función. Era la tamborada de Hellín, que tomó en apenas unos minutos la plaza Mayor de Almagro, la encargada de este singular repiqueteo de tambores que ayer clamaban por la cultura «un básico imprescindible» como dijo Rafael Álvarez El Brujo sobre el escenario improvisado del claustro del Museo Nacional del Teatro, hace apenas unos días como parte de un programa que si por algo ha destacado ha sido por su variedad. Como dirían en México, país invitado de la muestra, la 42 ha sido de chile, mole y de dulce, que es lo mismo que decir que ha habido «de todo y para todos los gustos».

A la espera de que hoy se conozcan las cifras de esta edición, básicas para los balances de las instituciones, pero muy alejadas de lo que realmente importa que es la huella que cada verso, cada clásico deja en el espectador, la imagen de la 42, la que ha poblado la plaza Mayor y los patios de butacas estos días, es la de un municipio que vive por y para el teatro. Un gigantesco escenario con escenografía propia, donde cabe todo si lleva a honra el sello del Siglo de Oro, comedia y tragedia, Lope de Vega, Sor Juana, música y hasta danza, teatreros e investigadores. Todo, con sus cosas buenas y sus cosas malas, que es justo lo que tendrá que decidir el público.

De Chile. Si por algo hay que destacar esta edición del Festival es por su marcado acento méxicano. El país invitado se ha convertido en uno de los pilares de la cita cultural, ofreciendo algunos de los momentos más mágicos de esta temporada. Pero eso era algo que se veía venir desde que la muestra levantara el telón con el premio Corral de Comedias que este año resultó más institucional de lo habitual. La melodiosa voz de Jaramar Soto, descalza sobre el escenario más antiguo de esta ciudad, confirmó dos cosas. Una que México iba a tener un papel protagonista. Y la segunda, que los más de 150 mexicanos que cruzaron el charco para hacerlo eran artistas de primer orden, empezando por ella, premio grammy latino en 2006 y terminando por la Compañía Nacional de Teatro de México que estuvo detrás de hasta cuatro montajes.

Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’
Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’ - Foto: M.Cieza

¿Un perro del hortelano en el interior de ese club nocturno que soportó el cine de oro mexicano de los 50, una Gran teatro del mundo enmascarado, un Fuentovejuna con acento narco y un entierro ligeramente circense de Don Quijote? Pues sí a todo esto y a lo que no esta escrito. Con rigor y la pasión propia de unos actores que entienden Almagro como un templo del clásico, cada propuesta llegada del otro lado del Atlántico estuvo a la altura de las circunstancias. Contribuyeron sin caer en el servilismo a los clásicos, y sin perderles el respeto, a hacer de los textos áureos algo diferente.

de mole. La mujer ha sido el otro pilar importante de esta 42 edición, enarbolada por una Sor Juana que ha confirmado, convertida en autora y como protagonista, que las mujeres de habla hispana hace tiempo que forman parte del movimento #metoo. Ellas han abierto la puerta a espectáculos como el Fuenteovejuna que este año llegaba de Costa de Márfil y que estrujó las entrañas del público que se dio cita en el Patio Fúcares. Un teatro racial, de los sentidos que consigue, al menos por unos minutos, crear conciencia de una realidad que está ocurriendo no tan lejos de aquí,donde la mujer sigue siendo un objeto.

y de dulce. El tercer pilar de la muestra sería su capacidad para hablar del presente de los clásicos sin perder de vista el pasado, que llegó de la mano El Brujo, que volvió a llenar el teatro; de Denis Rafter que demostró que tiene el don de convertir cada texto en una maravillosa historia; de Manuel Canseco, que volvía a esa casa en la que siempre creyó, con un montaje clásico que recuperó la triste historia de María Estuardo. Sin olvidar en este punto a una nacional que despidió a Helena Pimenta como directora de la CNTC con una Castigo sin venganza, al que le faltó tragedia, pero que confirmó a Joaquín Notario como actor del clásico; una Hija del aire, que permitió disfrutar de la estética cinematográfica de Mario Gas sobre el escenario del Hospital de San Juan, que desde este año además se llama Adolfo Marsillach. En una edición en la que la Joven movió a los protagonistas de El desdén, con desdén de Moreto a ritmo de Black is black y los guateques de los 60. Y en la que Noviembre Teatro,abrió al puerta a disfrutar de uno de los montajes más frescos y divertidos de la edición, Entre bobos anda el juego, bajo la batuta de un Eduardo Vasco sinónimo de espectáculo.

Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’
Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’ - Foto: M.Cieza

Un Lope de Vega a 50 kilómetros, talleres del verso, degustaciones mexicanas, exposiciones que confirman que la copla y el teatro forman parte de una misma historia y hasta una gala de altura real, cierran esta 42 edición que ayer llegaba a su fin dejando al espectador con la sensación de que no ha llegado a todo lo que quisiera. Y eso es bueno porque habla de un festival con la agenda muy apretada.

Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’
Una edición ‘De Chile, mole y de dulce...’ - Foto: M.Cieza