Uno de los imprescindibles

M. S.
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El Corral de Comedias se rinde a Manuel Canseco en la noche de su homenaje en la que se reconoció su «valentía» y su pasión por un siglo de Oro en el que creyó incluso antes de que la muestra almagreña se pusiera en pie

Uno de los imprescindibles

De Manuel Canseco (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1941), que ayer fue  homenajeado por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, se pueden decir muchas cosas, pero basta decir una para entender el porqué de este homenaje y también por qué debería haberse hecho mucho antes. El director extremeño fue uno de los que primero creyó en la necesidad de recuperar los grandes textos del siglo de Oro, incluso cuando este Festival no existía -su primera obra en esta cita fue El perro del hortelano en 1979-, como destacó en la presentación del acto el director de la muestra, Ignacio García. Una lucha que no le pesa  a Canseco, en un presente donde los clásicos ganan puestos en la agenda cultural de este país cada día, que en la noche del lunes tuvo que cambiar la tranquilidad de las bambalinas por la realidad de los escenarios para asumir los aplausos de este reconocimiento a su trayectoria profesional.

El premio le llegaba a Canseco justo un día antes de poner en escena el que será su espectáculo teatral  número cien, María Estuardo. Corona Trágica, en el palacio de los Oviedo. Con éste serán 15 los que ha puesto en escena en Almagro, un lugar en el que siempre creyó y en el que conoció a su amigo Luciano García Lorenzo, director de la muestra de 1997 a 2004, al que le correspondió leer la laudatio del galardón.  

Se le notó la vena académica a Lorenzo que no dudó en tirar de las grandes plumas y descubrir algunos de los secretos que esconde el largo currículum de Canseco, como que formó parte del rodaje de películas de la talla de 55 días en pekín o que fue alumno y compañero de grandes del teatro como William Layton y Jose Luis Alonso, sin olvidar que también ha ejercido labores de gestión, como director del Festival de Mérida. Incluso desveló que hubo un tiempo en el que Canseco soñó con otro futuro, el de ser ingeniero. Un sueño que abandonó pronto por amor al teatro.

En el marco que le ofreció el Corral de Comedias de Almagro que tanto años defendió desde la gerencia del Festival, Lorenzo agradeció a este «teatrero»  su dedicación a los clásicos, a los que entregó «su sabiduría», dijo, pero también su dinero «para montar obras sin ayudas institucionales, con créditos y préstamos». Un hombre «sencillo, entrañable y un ‘tantico’ cascarrabias», pero «amigo de sus amigos», muchos de los cuales no quisieron perderse este momento.

Entre ellos, Amaya de Miguel, directora general del Inaem, quien reconoció a Canseco como «un imprescindible de la escena española de las últimas décadas», pieza clave de «la revolución que vivió el teatro  con la llegada de la democracia».

De Miguel, que fue la encargada de entregarle  la insignia del Festival de Teatro Clásico de Almagro, cita cultural de la que también fue directora, destacó su «valentía» y su «curiosidad» la que le llevó a «acercarse a todos los géneros y todos los tiempos»,  y que ha hecho de él, dijo «un completo hombre de teatro».

Con la directora del Inaem se cerraba el turno de palabras de los invitados que abrió Lorenzo. Entre ambos, actores, amigos, teatro y algunas piezas musicales en las que se veía a Canseco tararear sobre el escenario. Juan Gea, María Fernanda d’Ocón, Soledad Malloll (las Virtudes) y Mariano de Paco se pusieron tras el atril en  una noche llena de parabienes para este «maestro del teatro» del que destacaron su capacidad para «sacar  lo mejor de cada uno sobre el escenario» y su habilidad para convertir  cada compañía en «una gran familia», como apuntaron Gea y De Paco.  

Canseco, vestido de blanco impoluto, fue el encargado de poner el broche a este acto, echando también la vista atrás, a ese pasado al que todos volvieron y en el que «era muy difícil vender un clásico». Una tarea «sin capa pero con mucha espada» que lidiaron él y otras compañías de la época a las que no les quitó mérito como Teatro Corsario,  de las que no se olvidó este hombre de teatro  que hizo del siglo de Oro su bandera.