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El otro 11-M

Javier M. Faya (SPC)
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ETA atentó en Atocha, Chamartín y Barajas el 29 de julio de 1979, lo que provocó la muerte de siete personas y cientos de heridos

Unos operarios retiran escombros de la consigna del aeropuerto.

Nadie olvida lo que sucedió el 11 de marzo de 2004, cuando Al Qaeda sembró el terror y la muerte en los atentados de Atocha, con 191 muertos, pero años antes hubo otro 11-M, y no solo en Atocha sino también en Chamartín y Barajas. Hablamos del 29 de julio de 1979, cuando un milagro hizo que la cifra de fallecidos se quedara solo en siete. Iba a ser una auténtica carnicería (las dos estaciones de tren y el aeropuerto estaban a rebosar) que en esa ocasión estaba orquestada por ETA.  

Era domingo, poco después del mediodía, con todo lo que eso implica:mucha gente, muchos niños. Pero poco le importaba a la banda asesina, que avisó de lo que iba a cometer minutos antes de las explosiones (sin tiempo material para poder desalojar completamente la zona), algo que solía hacer, como se pudo comprobar en el atentado de Hipercor (19 de junio de 1987), en el que murieron 21 personas, y en el de la T-4 (30 de diciembre de 2006), que se saldó con dos finados.    

ETA (p-m), una de las ramas de la banda, anunció la colocación de las bombas a las 12,00 de la mañana a la agencia Euskadi Press. Esta llamó de inmediato al comisario de Policía de San Sebastián, Benjamín Solsona Cortés (llevaba menos de un mes en el puesto) así como a la delegación central de EFE. Sin embargo, las autoridades de Madrid no recibieron el aviso hasta las 12,40 (a escasos minutos de las explosiones). Pese a que las Fuerzas del Orden llegaron a tiempo a los lugares amenazados, fue imposible localizar y desactivar los artefactos.

En solo 14 minutos, la serpiente sembró el caos, el pánico y el terror en Madrid. La primera bomba estalló en el aeropuerto de Barajas a la 13,01 horas, en la consigna del vestíbulo de llegadas de la terminal nacional. Seguidamente, se produjo otra explosión a las 13,11 en Chamartín, donde la onda expansiva alcanzó los 50 metros. A las 13,15 horas en Atocha, cerca del punto de facturación para los coche cama, se activó la última de ellas.

En los tres casos se utilizó el mismo procedimiento: maletines con seis kilos de explosivos de alta velocidad y expansión en su interior habían sido colocados en las consignas de equipajes. Los cobardes terroristas solo tenían que activar los temporizadores y esperar a que cayeran el máximo número posible de personas para, de esta manera, presionar al Gobierno para lograr sus objetivos.   

Las escenas que se vivieron en esos tres escenarios fueron absolutamente dantescas, con cientos de heridos. El caos y el miedo se adueñaron de la capital de España (se cerraron estaciones de Metro, las de autobuses...), pero fueron vencidos por la magnífica labor de las Fuerzas de Seguridad y los servicios de emergencias, así como la solidaridad de los madrileños, que acudieron en masa a los hospitales a donar sangre.   

Precisamente la sangre ya corrió el día anterior. ETA (p-m) había asesinado a dos guardias civiles y dos policías en San Sebastián y Bilbao, respectivamente. El motivo que encontró para realizar tan salvajes acciones fue su oposición al Estatuto de Autonomía del País Vasco, el cual «no colmaba» sus «aspiraciones políticas». Lo que resultó macabramente chocante fue que esos crímenes en el País Vasco se produjeron como protesta a esa iniciativa institucional, en tanto los de Madrid se registraron dentro de la campaña Con el Estatuto, los presos a la calle. Dos objetivos muy distintos y un mismo medio:matar. 

Lo que tenían muy claro los asesinos es que debían dar un gran golpe -otro más- en el corazón de España. Tenían aterrorizada a la sociedad vasca, pero el poder estaba en el Congreso de los Diputados, en La Moncloa. 

Eran los años de plomo (1978-1980), en los que ETA cometió el 29 por ciento de los asesinatos de su cruel Historia. 

Obviamente, la extensión de los atentados a la población civil provocó que se creara un ambiente de crispación en la opinión pública.

Adolfo Suárez y su Gabinete condenaron el ataque en un comunicado público a última hora de la noche. Expresaban «su voluntad de hacer caer todo el peso de la ley sobre quienes desafían los propósitos de paz del pueblo español».

Hasta ahora nada se sabe de los autores materiales de estos asesinatos. Como de otros muchos, concretamente 378. Todo indica que nunca se sabrá. 

Por otra parte, hay un dato inquietante, y es que ETA intentó provocar otra matanza un 29 de julio, concretamente de 2009. El foco de los asesinos no se puso en Madrid sino en Burgos, concretamente en la casa cuartel de la Guardia Civil. Un milagro hizo que ninguna persona perdiera la vida.