Entregados a Sabina

A. Criado
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Entregados a Sabina - Foto: Jesus Maestro

Pancho Varona y García de Diego hicieron disfrutar a cientos de personas de las poesías hechas canciones de Sabina

No todo está perdido con el reguetón. Abuelos, padres y nietos, cientos de personas de distintas generaciones, se dieron cita en la noche de este sábado en la plaza de la Constitución de Manzanares para corear con entusiasmo las poesías hechas canciones de Joaquín Sabina en boca de sus lugartenientes Pancho Varona y Antonio García de Diego y de ese torrente de voz onubense llamado Mara Barros, acompañados por Jaime Asúa y Paco Beneyto. La banda del flaco de Úbeda deleitó a los presentes con la interpretación de unas letras que erizan la piel y que a pesar del paso del tiempo, no pasan de moda.
Varona y De Diego, compañeros de mil batallas de Sabina, recorren estos meses de descanso activo del maestro los escenarios de media España con ‘Noches sabineras’, un espectáculo del que hacen partícipes a los espectadores en una suerte de karaoke, en la segunda parte del concierto, sólo apto para valientes (“que los cobardes se mueran de miedo”). Ajenos al miedo escénico, los improvisados cantautores interpretaron sobre el escenario manzanareño, “uno de los más hermosos” en los que han actuado en estos 30 años, según Varona, canciones tan conocidas como 19 días y 500 noches, Noches de boda y Aves de paso. El ganador, el jovencísimo Roberto, se llevó de premio un bombín y el aplauso del respetable.  
El concierto, que se extendió durante algo más de dos horas, echó a rodar pasadas las 22.30 horas al volante de un conductor suicida y regresó a lomos de un caballo de cartón a mitad de la década de los 80 para encontrarse con Cristina Onasis, que “era tan pobre que sólo tenía dinero”. La temperatura subió (un poco más) a la orilla de la chimenea con El rock and roll de los idiotas, Nos sobran los motivos y Llueve sobre mojado (tema compuesto junto a Fito Páez) antes de dar paso al karaoke, en el que la concejala de Cultura, Silvia Cebrián, se atrevió con Y nos dieron las diez.
Otro de los momentos estelares de la noche, con el público entregado y tras un espectacular preámbulo de Mara Barros, llegó con Y sin embargo, una de las letras más bonitas y duras del genio de Úbeda. Y tras tomar unas pastillas para no soñar y contar unas mentiras piadosas, el concierto llegó a su fin con Princesa, uno de los clásicos sabineros por excelencia. En definitiva, una noche mágica de feria en Manzanares en la que el espíritu de Joaquín Sabina, presente en todo momento, recorrió los rincones de la plaza, desde la renovada Casa de Josito hasta la fachada de su majestuosa iglesia de la Asunción. Tuvo incluso tiempo de tomarse un golpe en el Miguelón. Un whisky sin soda.