El director de la caja «cayó a mis pies y yo me vi muerta»

Pilar Muñoz
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La empleada de Caixabank de La Solana declara que la víctima no tuvo posibilidad de defensa y el acusado alega que «no estaba en mi sano juicio» y que creía que lo engañaron con el préstamo

El acusado reconoció ayer, el juicio, el arma el homicida, la escopeta con la que mató al director de Caixbank de La Solana - Foto: Pablo Lorente

No escuchó «te mato, te mato», sólo le oyó decir «me habéis engañado» y cuando el director de la sucursal de Caixabank de La Solana   volvió a sentarse en su silla del despacho para girar el ordenador y mostrarle que estaba todo el dinero del préstamo concedido, Antonio Santillana Campos le descerrajó dos tiros con la escopeta semiautomática que llevaba. «Cayó a mis pies y yo me vi muerta», declaró la empleada de la oficina bancaria Benita Palacio que gestionó, junto al director, el préstamo de ampliación hipotecaria del procesado.
Antonio Santillana Campos, empresario de la construcción de Villanueva de los Infantes, aseveró que si hubiera querido matarla lo habría hecho. Ante el jurado que desde ayer enjuicia en la Audiencia Provincial de Ciudad Real los hechos ocurridos el 23 de noviembre de 2016 en la sucursal de Caixabank de La Solana, se confesó autor de la muerte del director de la entidad Alfonso Muñoz, pero en su descargo adujo que «no estaba en mi sano juicio, estaba trastornado» y aún hoy, más de dos años y medio después, no sabe por qué y para qué fue a la caja de ahorros.
Relató que tras «partir el negocio» que llevaba con su primo empezaron los problemas, el primero con Hacienda porque su exsocio no quería pagar, después porque quería ampliar el negocio. Por ello, fue a la sucursal de Caixabank de La Solana para gestionar el préstamo hipotecario. Era el 21 de noviembre de 2016 cuando acudió a la entidad para firmar un préstamo de 43.000 euros, que pasó a cobrar excepto 2.200 que la caja debía retener unos días por cuestiones de trámite. «Fuimos al notario y me dijeron que tenía que firmar unos papeles y le dije al director de la caja a ver si mes va a engañar», indicó el encausado para, a renglón seguido añadir: «Se me metió en la cabeza que Alfonso me había engañado». Reiteró que no estaba bien, que sufrió una depresión  y que solo recuerda que su contable le dijo que el crédito que había pedido para ampliar la nave y contratar a un trabajador estaba retenido. Se puso «loco» y fue a la sucursal para pedir explicaciones.

El procesado, en el juicio que comenzó ayer en la Audiencia Provincial
El procesado, en el juicio que comenzó ayer en la Audiencia Provincial - Foto: Pablo Lorente
A preguntas de la fiscal del caso, Alba Tenorio, declaró que estaba en Villanueva de los Infantes, en su empresa y que tras el comentario del contable fue a su casa y cogió una escopeta. Si solo pretendía eso «¿por qué cogió la escopeta?» «¿Pensó que era la forma de solventar el problema acabar con la vida del director de la caja y de la empleada?», interpeló la fiscal.
«No. Lo único que pensaba era en quitarme la vida. Cogí la escopeta para matarme», respondió»
«Entonces, ¿por qué fue a la caja empuñando la escopeta?», le preguntó la fiscal. «Por el camino pensé en mi hijo y decidí ir al banco porque no estaba tranquilo, para saber qué pasaba», contestó el procesado.
«¿Y cuándo llegó qué hizo?», le interrogó. «Fui a la mesa donde estaba Beni (la empleada que gestionó el préstamo) y le dije que quería hablar con el director y con ella.
No recuerda que amenazará a otra empleada que al verle con la escopeta trató de salir de la entidad, pero sí que le dijo a la otra trabajadora que colgara el teléfono y que fuera con él al despacho del responsable de la caja de ahorros.
«Yo solo quería hablar», dijo el procesado tras insistir en que se quedó «bloqueado», que no estaba en su sano juicio y que no sabe por qué disparó y mató al director de la oficina bancaria.
También admitió que la empleada «me decía que no la matara, que no la matara».
La testigo de cargo fue rotunda en su declaración. No tiene duda alguna de que quería matarla. Declaró que Antonio Santillana «estaba muy cabreado conmigo y con Alfonso». Cuando le vio llegar no reparó en la escopeta. «Me dijo pasa para el despacho y entonces vi el arma, me apuntó. Después entró al despacho del director que estaba con un cliente y que salió corriendo. Alfonso se puso de pie al verle y luego se sentó en la silla para enseñarle el ordenador y asegurarle que estaba todo bien, pero le disparó sin que tuviera opción de defenderse», declaró la testigo tras señalar que entró diciendo que  le habían engañado. «Mató a Alfonso y fue a por mí, pero me escondí debajo de la mesa, me tapé con la CPU. Estaba como un cazador, iba buscando el tiro. Me vi muerta», aseguró.
El abogado José Antonio Rello, que defiende al encausado, le preguntó sobre su declaración ante la Guardia Civil y en el juzgado al considerar que entró en contradicción, ya que ante el juez declaró que «si se empeña me mata» y ayer aseguró que no la mató porque ella lo evitó con su actitud. En cuanto a las amenazas a su compañera dijo que no lo escuchó. Sin embargo, ésta se mantuvo en que la amenazó.
La defensa pide la absolución al considerar que «su intención no era matar, perdió la cabeza, no era dueño de sus actos». El letrado se mostró convencido de que va a poder acreditar que el acusado tenía un trastorno mental, una depresión que no fue tratada a tiempo.
Sin embargo, la fiscal del caso asevera que el acusado «sabía lo que hacía» y el director de la oficina, de 41 años y padre de dos niñas pequeñas, no tuvo oportunidad de defenderse del ataque súbito. Le pillo por sorpresa, le descerrajó dos tiros y acabó con su vida. Por ello, la fiscal considera que es autor de un delito de asesinato, de otro de tentativa de asesinato porque intentó matar a una empleada y de un tercero de amenazas a otra trabajadora.
La fiscal pide 32 años de cárcel y las acusaciones públicas elevan a 42 al pedir la máxima pena por asesinato, como avanzó ayer La Tribuna.