Cuenca entra en el pódium de la sangría demográfica

Leo Cortijo
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Esta provincia es una de las que más población pierde en los últimos cinco años, un 5,4% al pasar de 207.449 habitantes a 196.216, solo por detrás de Zamora y Ávila

Cuenca entra en el pódium de la sangría demográfica - Foto: Reyes MartÁ­nez


Los indicadores no pueden ser menos esperanzadores. El número de habitantes, la evolución de la pirámide poblacional, las cifras de defunciones y de nacimientos, el saldo migratorio interior y exterior... Todo hace indicar lo peor, y es que Cuenca tiene el dudoso honor de ser una de las provincias más castigadas por la sangría demográfica de la llamada ‘España vacía’. Un problema de bíblica envergadura y muy compleja resolución. De un tiempo a esta parte, algunos de los actores involucrados se han puesto manos a la obra con el fin de revertir la situación, pero lo único cierto es que hasta el momento el horizonte se tiñe de  negro.
Cuenca es la tercera provincia de la España vaciada que más población ha perdido en el último lustro, un 5,4 por ciento al pasar de 207.449 habitantes a 196.216. Solo Zamora –con una caída del siete por ciento– y Ávila (-5,8%) se encuentran por encima en el ránking. El varapalo todavía es mayor si se tiene en cuenta la cifra de hace una década. En 2009 el territorio conquense estaba poblado por 217.363 personas. La disminución no es, en absoluto, cuestión baladí, pues supone prácticamente un 10%.
A tenor de la evolución demográfica de los últimos cinco años, Cuenca es una de esas provincias que se tiñen amargamente de rojo en el mapa nacional al caer por encima del tres por ciento, siendo especialmente grave la situación en las mencionadas Zamora y Ávila, pero también en León (-5,2%), Orense (-4,6%), Teruel (-4,6%), Segovia (-4%), Soria (-4%), Palencia (-4%) y Lugo (-3,9%).
Si a nivel nacional Cuenca obtiene la medalla de bronce, en clave regional el metal se convierte en oro. La provincia está en las antípodas de Guadalajara, que no solo no pierde población entre 2014 y 2019, sino que además gana casi un punto porcentual. Toledo solo se ve reducida un 0,7 por ciento, mientras que Albacete cae hasta el 2,3 por ciento. Ciudad Real es la que más se aproxima a Cuenca, con una merma del 4,7 por ciento.
Población envejecida. Al número decreciente de habitantes se le suma otro indicador nada halagüeño, como es la evolución de la pirámide poblacional. En ella se observa cómo en la última década la franja de edad más joven –los conquenses que tienen entre 0 y 19 años– suponen cada vez menos porcentaje de la población total de Cuenca. En el extremo totalmente opuesto, la cifra aumenta cuando hablamos de aquellos que tienen entre 40 y 64 años. Por otro lado, mientras que los ancianos de más de 65 años se mantienen con respecto a 1999, los adultos de 20 a 39 experimentan un retroceso de casi cinco puntos y medio.
Una tendencia que también se observa en las estadísticas de defunciones y de nacimientos. En este sentido, los alumbramientos no han dejado de caer durante los últimos años, y siempre han caminado en cifras inferiores a los fallecimientos. Pero es más: si hace diez años la diferencia entre unos y otros era casi testimonial –apenas 370 fallecimientos más–, hoy en día la diferencia alcanza cifras de récord, y es que el número de muertes duplica, prácticamente, al de alumbramientos: 2.361 por 1.258.
Por último, otro de los indicadores que ofrece el Instituto Nacional de Estadística y que hemos tenido en cuenta, el saldo migratorio, tampoco deja títere con cabeza. En la última década, el saldo migratorio interior siempre ha sido negativo, alcanzando su máximo en 2012, en plena crisis económica. Por línea general y como norma, todos los años son más los conquenses que emigran a otras provincias de España, que los españoles que se instalan en Cuenca. El saldo migratorio exterior, por su parte, suma tres años al alza –con un repunte considerable en 2018–, pero muy lejos todavía de las cifras previas a la crisis y teniendo en cuenta que se movió en números negativos entre los años 2012 y 2015.
lucha contra el problema. Sería contraproducente ponerse una venda en los ojos y no querer ver el problema. Ahí están los datos y no son nada positivos. En la Confederación de Empresarios de Cuenca lo tienen muy claro: a este toro hay que cogerlo por los cuernos y más pronto que tarde. «El problema que tenemos a nivel nacional, y de forma más agravada en la provincia, es que no hay oportunidades para la gente joven ni en edad de trabajar, que son los que se están yendo». Así de contundente se expresa el presidente de la Comisión de lucha contra la despoblación en Cuenca, Ignacio Villar.
El a su vez vicepresidente de la patronal conquense considera que durante mucho tiempo «se ha hecho una política macroeconómica con datos a nivel nacional, pero sin tener en cuenta los desequilibrios territoriales, apostando únicamente por las grandes ciudades». Está claro que éstas son los grandes motores del país, pero la desigualdad trae consigo grandes inconvenientes, como que se despoble el 53 por ciento del territorio, lo que a su vez genera «muchos desequilibrios a largo plazo: medioambientales, productivos, económicos, sanitarios, sociales...». No en vano, Villar augura que de prolongarse esta tendencia, «el PIB se verá frenado porque a las ciudades les va a costar crecer más y no va a haber tejido productivo en los territorios».
En su opinión, y conociendo bien el problema de raíz, éste «solo se puede solucionar haciendo un pacto de estado, en el que se tomen medidas trasversales, desde todos los ministerios y sin importar el color del partido que esté en el Gobierno». Es más, el vicepresidente de CEOE-Cepyme Cuenca plantea como «imprescindible» una estrategia a largo plazo «en la que las políticas prioricen las zonas rurales, incluyendo las capitales de la España despoblada».
Este ansiado pacto de estado podría revocar la política errática que durante los últimos 40-50 años se ha puesto en marcha en este sentido, y es que, recalca el experto, «esto no es cosa de un gobierno ni de dos, viene de mucho tiempo atrás». «Hay que cambiar la política territorial de este país, siguiendo el ejemplo de otros como Francia o Alemania, que han apostado por ofrecer los mismos servicios tanto en las zonas rurales como en las grandes urbes».
En lo que a esto respecta, CEOE-Cepyme tiene una propuesta muy clara sobre la mesa, y es que apuesta por una «fiscalidad diferenciada» que anime, a través de bonificaciones, la llegada de inversores y empresas que ofrezcan puestos de empleo. La única forma de fijar población es mediante el trabajo, y ahí resulta fundamental atraer a aquellos que quieran «establecer un negocio en zonas rurales porque les sale mejor económicamente».