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El futuro del PP, en los votos de Mañueco

Carlos Dávila
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El político salmantino se ha convertido en el bastión que puede prefigurar el porvenir no solo de su región, sino de toda España

Los sondeos de la formación conservadora son muy favorables al grupo popular para volver a gobernar en la autonomía liderada por Mañueco (i).

Alfonso Fernández Mañueco aguantó todo lo que pudo. Pero, al final, ha resultado que las traiciones han reventado una coalición prendida con alfileres y una relación de las que se antojan imposibles entre dos personas diametralmente opuestas: una, cauta, sensata, comedida y reflexiva y, otra, exactamente lo contrario: imprudente, exacerbada, anarquista en sus usos y extrovertida hasta la arbitrariedad. Agua y aceite Mañueco e Igea. Además, y según se ha revelado en este tramo final del proceso, Igea ha sido empujado siempre por sus acólitos a saltarse todos los compromisos. Mañueco ha medido muy bien, se supone, las distancias y, sobre todo, habrá hecho balance primordial de los riesgos. Que no son pocos. Porque no solo se la juega él con su apuesta por una mayoría suficiente con aspiraciones de absoluta, se la juega su partido, el regional y el nacional y, desde luego, el presidente del PP, Pablo Casado. 

El dilema es este: o Mañueco gana, según todos los pronósticos, y gobierna, o se vuelve a Salamanca a dedicarse a otro menester. Si pierde, porque su resultado sea pírrico o porque le adelantan sus rivales, se llevará consigo todo el proyecto del PP nacional, hoy azotado por el infame e incomprensible conflicto de Madrid. Lo expreso cuanto antes para que se me entienda como aviso: a la hora de conocer la decisión disolutoria de Mañueco, ya había quiénes desde su partido, enredando sin piedad, anticipaban que si el escenario de las elecciones de Castilla y León no es similar al que logró en mayo pasado Díaz Ayuso en Madrid, Pablo Casado tendría que soportar un imparable acoso y derribo para ceder su liderato y renunciar a su aspirantazgo a la Presidencia del gobierno de España.

Así de crudas están las cosas. El panorama que ha avistado el presidente de la región es, sin embargo, mucho menos pesimista. Los sondeos que obran en su poder son muy favorables. Encierran varias constancias: la primera, que el PP de Castilla y León ha mejorado en el último año aproximadamente dos puntos y medio sus probables resultados y se lleva, a mayor abundamiento, según profetiza esta muestra, mucho voto de la abstención, más aún de Ciudadanos y, en menor medida, del Vox de Abascal, un grupo político que en la región carece por ahora de estructura y de líder consolidado. 

El PSOE sigue cayendo y acelera su desgaste especialmente en tres provincias claves como son Burgos, Salamanca y Zamora. Ciudadanos se halla al borde mismo de quedarse como fuerza extraparlamentaria, es decir, como partido moribundo, extinto más bien.

Esta es la mejor encuesta que conocen también en el PSOE nacional y, desde luego, el innegable candidato a la Junta, Luis Tudanca, un político de escaso arraigo popular, que viene arrastrando el fracaso de su primera intentona como la moción de censura en el pasado año, y que ahora tiene que responder a las acusaciones de Mañueco de estar perpetrando con algún exangüe militante de Ciudadanos, un nuevo ensayo similar que Mañueco ha laminado con la convocatoria de elecciones anticipadas. 

En todo caso, el PSOE, por lo que le llega a este cronista como información más o menos cierta, no esperaba una respuesta tan celérica de Mañueco. Éste ha cogido a Tudanca con la moción en la mano preparada para mediados del próximo marzo. Y ha reaccionado con fiereza descalificando al presidente con los peores adjetivos posibles: mentiroso, hombre sin palabra, potencial perdedor y se ha ocupado al instante de difundir entre sus terminales mediáticas, una muestra, sin nombre y apellidos, casi clandestina, que prevé un resbalón muy serio del PP regional, hasta el punto de sugerir que ha perdido en los dos últimos meses no menos de cuatro o cinco escaños a cuenta de los infumables rescoldos del conflicto de Madrid.

Así que, mírese por dónde, el político salmantino se ha convertido en el bastión que puede prefigurar el porvernir político no solo de su región, sino de toda España. 

¿Cómo podría reaccionar Sánchez ante un desastre sin paliativos el 13 de febrero? Pues claro está, volcando la culpa sobre el empedrado de su partido en las ocho provincias, pero este bosque de propaganda, muy probable para el caso de que se cumplan los pronósticos, no cegaría el impulso electoral del centro derecha, adobado además por la muy probable victoria del PP en unos comicios andaluces que parecen tener también fecha fijada: el 26 de junio. 

Castilla y León tiene toda la pinta de aparecer como el comienzo del fin de la gobernación sanchista, sin duda, la más destructiva y nefasta de la reciente historia de España. Mírese por donde he escrito, el domingo 13 de febrero, que se presume (esto no es más que un pronóstico auténtico) muy frío en todas las provincias, lo que es un peligro para la participación, guarda una trascendencia de primera división a la hora de configurar cuáles son los vientos que pueden soplar políticamente en nuestro país en los próximos quizá ocho años. La gente más lúcida ya lo refiere de esta forma: el comienzo del fin de Pedro Sánchez y de su cuadrilla tóxica de independentista enragés, de filoterroristas y de leninistas de otra época. Aquí reside lo mollar que se dirimirá ese domingo de febrero.

 

Un momento decisivo

Como queda anunciado, todos los políticos se juegan mucho en estas fechas, pero más se juega la propia nación, la Constitución que los malos (hay que llamarles así sin rubor alguno) quieren destruir, y la Corona a la que necesitan derrocar para conseguir sus objetivos de república comunista. No es poca cosa lo que se determina en apenas dos meses. Es de esperar que el centro español en el que ya solo actúa el PP, y la derecha airada de Abascal y demás conmilitones, no se dediquen durante todo este tiempo prelectoral a pelearse como comadrejas ante las risotadas del ocupante (mejor podríamos sustituir la «c» por una sugestiva «k») que ya se ve que únicamente se hará eterno en la Presidencia de esta nación que él está barrenando, si los citados partidos que no forman la apoteosis Frankenstein, se dedican a otra cosa que no sea tan exigente y urgente como expulsar del poder a este mentiroso sujeto sin escrúpulos. El balón está en las botas de Casado y Abascal, pero el primero que lo va a chutar es Mañueco. ¡Y aún le llamaban inconsistente y dubitativo!