Los diez pasos hacia la mayoría de edad de Fenavin

HIlario L. Muñoz
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Los diez pasos hacia la mayoría de edad de Fenavin - Foto: PABLO LORENTE

En 2001 se celebró la primera edición de Fenavin con la mirada puesta en conseguir un incremento del precio del producto. El espacio, los expositores y las bodegas españolas han crecido al ritmo marcado por el evento

El 10 de mayo del año 2001 comenzó la aventura de la Feria Nacional del Vino. La primera edición de Fenavin nacía con la mirada puesta en dar prestigio a los vinos de Castilla-La Mancha y lograr que subieran de precio, dejando el granel por el mercado de embotellados. 18 años después y diez ediciones más tarde, las cifras de negocio hablan por sí solas, al igual que las exportaciones de la provincia de Ciudad Real y el prestigio alcanzado por el vino español. De aquella primera feria hay muchos rostros que recuerdan como un sueño lo que se ha ido consiguiendo y con cada nueva edición surgen nuevos soñadores en este mundo del vino.  
«La primera edición era más reducida y pretendía un enfoque profesional pero abierto al público», recuerda Ángel Ortega, gerente de la DO La Mancha, y una de las personas que ha vivido desde dentro cada edición. Ortega señala que en el 2001 y en las primeras ediciones, Fenavin era una feria que visitaban grupos de estudiantes con jornadas incluso los fines de semana y en la que había mucho por crecer, sobre todo en cuanto a las bodegas de la región. Como ejemplo muestra el expositor de la DO, donde quedan diez marcas unidas, mientras que otro centenar se reparten por las carpas y los pasillos de Fenavin con nombre propio, algo impensable en aquel comienzo. «Ahora la profesionalización es mucho mayor, con las agendas más apretadas y con presencia de todas las bodegas de Castilla-La Mancha que comercializan vino embotellado». En este sentido Ortega habla de un objetivo conseguido en las diez ediciones al atraer a «compradores» de todo el mundo a la región.
También en todas las ediciones ha estado Ramón Muñoz de Cuerva, copropietario de Bodegas Naranjo, quien recuerda que se ha pasado de un 2001 en que se invitaba o se pedía a las bodegas que participaran a un 2019 en que hay lista de espera por acudir y que «se quedan muchas bodegas fuera». «Ha habido un cambio tremendo en la afluencia de bodegas, público y compradores», resume Muñoz de Cuerva, para el que una de las claves del crecimiento está en «la afluencia de compradores de todo el mundo» que ha internacionalizado Fenavin. En la memoria de Bodegas Naranjo queda, por ejemplo, que en la primera edición se acudió con la intención de mostrar los productos «al jugar en casa» y en 2019 se acude porque «no venir a una feria de este tipo sería una barbaridad».
De esta edición, el copropietario de Bodegas Naranjo remarca «la gran expectativa que hay para la próxima edición de Fenavin al empezar con un pabellón terminado». Además señaló que hay aspectos que han cambiado y que deberían tenerse en cuenta como «el exceso de visitas de proveedores» con productos de todo tipo desde maquinaria a tapones, corchos o botellas, algo que considera se debe contemplar en próximas ediciones. Por último, como veterano apunta a que siempre debe haber una cafetería, clave para quienes pasan tres días en el pabellón y las carpas o para cerrar un negocio a primera hora frente a un café en vez de frente a una copa o para tomarse un respiro.  
Otras cosas, más allá el negocio han cambiado en los pasos que ha ido dando Fenavin como la imagen que hay en los pabellones. «Las bodegas dábamos más imagen de barrica y el expositor era más basto mientras que ahora es más diáfano, como unas bodegas nuevas que se reinventan y que sacan productos nuevos», apunta Pedro Fernández, del departamento técnico y de calidad de El Progreso, quien ha estado en las cinco últimas ediciones. En su opinión esta novedad se debe a que las bodegas españolas en el tiempo que se ha ido realizando Fenavin han conseguido hacer «un buen producto» y ahora ha llegado el momento de venderlo, con una imagen que atraiga a los compradores. De hecho, para Fernández es clave la mayor internacionalización que se ha producido y que se nota en pequeños detalles como que la feria empiece a las 9 horas y no a las 10, como en otras ediciones, lo que permite acercarse más al «cliente internacional» cuyo objetivo final es hacer los deberes y cerrar contactos, siendo los primeros en acudir al pabellón de ferias.
En Fenavin hay también veteranos que llegan con nuevos productos como Thomas Feenstra que en 2019 acude como export manager y enólogo de una bodega debutante en Ciudad Real, Hacienda El Espino. «Sabía lo que podíamos esperar», explica con este bagaje, aunque remarca que con una bodega que ya ha estado en otras ediciones hay más contactos cerrados de forma previa. Eso sí, ha descubierto que al «al conseguir nuevos clientes» no existen grandes diferencias, entre ser veterano o nuevo.
«Me ha sorprendido que ha habido muchas visitas de profesionales, aquí no vienes porque haya 100.000 visitas sino porque las que hay son de calidad». Esta es la visión de un primerizo en Fenavin, Antonio Núñez de Ipsa Trading, una empresa ciudadrealeña dedicada a la exportación y que cuenta con una bodega en Rías Baixas. En su caso acude a Fenavin tras pasar por otras grandes feria del vino como Prowein o Vinexpo y con este bagaje afirma que le ha sorprendido cómo se aborda aquí «el tema de China y Asia». Recuerda que al cerrar la décima edición de Fenavin tendrá que hacer balance pero piensa ya en repetir. 
 

 PABLO LORENTE
- Foto: PABLO LORENTE
 PABLO LORENTE
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 PABLO LORENTE
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 PABLO LORENTE
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