Bombear vida desde los institutos

Manuela Lillo
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Bombear vida desde los institutos - Foto: Tomás Fernández de Moya

José Antonio Ortiz es un joven que para su trabajo fin de grado de Medicina desarrolla una «macroformación» en distintos centros para enseñar a los alumnos maniobras de reanimación cardiopulmonar

Cada segundo cuenta, el reloj corre sin freno y los minutos son decisivos. Marcan el paso entre la vivir o no. En una situación de muerte súbita el tiempo es el mayor adversario y los primeros diez minutos son imprescindibles para salvar una vida o para perderla. Apenas un suspiro en el ciclo vital de cualquiera y una eternidad para quien pierde a un ser querido en tan solo ese tiempo, diez minutos.
José Antonio Ortiz tiene grabados a fuego esos diez minutos. Lo tiene por dos razones, la primera y más personal, es porque su madre sufrió un episodio de muerte súbita hace unos años y logró salvarse porque, afortunadamente, un compañero conocía las técnicas de reanimación para mantenerla con vida. La segunda razón es porque este joven está realizando el trabajo fin de grado en Medicina y en su formación académica no falta el aprendizaje de estas técnicas de reanimación cardiopulmonar. José Antonio quiere ahora bombear vida y quiere que toda la población lo haga, en especial los más jóvenes, para marcar la diferencia en esos diez minutos que separan la vida y la muerte.
De forma muy didáctica y amena, pero concienzuda y con determinación, José Antonio ha trasladado su trabajo de fin de grado a los institutos con una iniciativa que lleva a los alumnos charlas teóricas y prácticas para que conozcan de primera mano las técnicas de reanimación cardiopulmonar. De este modo, este joven está desarrollando una «macroformación» en distintos centros de secundaria de la capital para enseñarle a alumnos de cuarto de la ESO y de primero de Bachillerato la forma en la que deben actuar si se encuentran ante una situación de muerte súbita. Su objetivo es llegar a 500 alumnos. Desde el centro Nuestra Señora del Prado (Marianistas) abre las puertas del aula a esta actividad que es bien acogida por alumnos y profesores, concienciados de la importancia de actuar rápido y bien ante este tipo de situaciones. «En una parada cada minuto que pasa tiene un 10 por ciento menos de supervivencia. Eso significa que a los 10 minutos de la parada, esa persona, o ha fallecido o tiene un daño irreversible y quedará en estado vegetativo», explica tras indicar que en España «hay al año entre 15.000 y 20.000 muertes súbitas por diversas causas». Un infarto de miocardio, un traumatismo, una infección incluso o por causas genéticas que pueden estar detrás de una parada cardíaca, una situación en la cuales los diez primeros minutos «son críticos y fundamentales» para actuar.
«Durante esos 8, 10 o 12 minutos, que es lo que tarda la ambulancia en llegar, esa persona puede fallecer. Por mucha medicación que lleve luego el médico o por muchos instrumentos que llevamos, es un momento crítico y fundamental y es muy importante que esa persona que esté a su lado sepa llamar al 112 y sepa hacer la RCP (reanimación cardiopulmonar)», explica este joven que se forma en la Facultad de Medicina de Ciudad Real y que cuenta con el apoyo de sus dos directores del trabajo fin de grado; Francisco Sancho y Javier Redondo, quienes le han ayudado para que cuente con todo el material necesario para que los alumnos puedan aprender estas maniobras de forma práctica.
«Para mí esto es salvar vidas de manera secundaria porque no estoy salvando vidas en un paciente actualmente, pero enseñando esto, en un futuro, si esa persona se encuentra a un paciente que está en parada, para mí eso es salvar vidas de manera secundaria, es enseñar a la población que puede hacer esta RCP, que es fundamental a día de hoy», agregó este joven estudiante de Medicina que subrayó la importancia de llamar al 112 y de ejecutar estas maniobras de reanimación si comprueba que el paciente no respira, realizando 30 compresiones torácicas y dos insuflaciones boca a boca.
Por otra parte, este joven también enseña a utilizar los desfibriladores que ya se encuentran en muchas zonas de la ciudad de gran tránsito de personas, de manera que sepan qué hacer si se presentan estas situaciones críticas. En este sentido, aseveró que su utilización es «muy intuitiva» y que en el caso de que no se disponga de ellos, deben realizar las maniobras de reanimación cardiopulmonar.
Gracias a este tipo de técnicas «se aumenta la supervivencia en un 80 por ciento», concluye este joven que tiene como objetivo bombear vida desde la sociedad para reducir las trágicas consecuencias en las que puede derivar la muerte súbita.