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El día que el terror acampó en Biescas

Javier Villahizán (SPC)
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La fatalidad quiso que hace 25 años se uniesen en esta localidad oscense una pésima ubicación del camping Las Nieves, en pleno cauce de un torrente, con una tromba nunca vista antes

El agua fluyó por el barranco de Arás, con una caída de 300 metros de desnivel, desplazando rocas de 10 toneladas y unas 120.000 toneladas de sedimentos en dirección al camping de Biescas.

Hay ocasiones en las que la tragedia, el terror y el infortunio se unen como si de un mal agüero se tratase para acabar con todo lo que hay a su paso: personas, casas, coches, puentes, carreteras... Eso fue exactamente lo que pasó en Biescas hace 25 años, el 7 de agosto de 1996. 

Allí, en un lugar paradisíaco de los Pirineos una fuerte tromba de agua se llevó por delante en pleno verano y repleto de turistas uno de los camping más lujosos y recomendados entonces del lugar, Las Nieves. Aquella tormenta, que descargó cerca de 250 litros de agua por metro cuadrado, causó la friolera de 87 muertes, 27 de ellos niños, y dejó a 630 personas heridas. 

El siniestro provocó en la sociedad española de finales del siglo pasado, y aún sigue causando entre los que lo recuerdan, ciertos escalofríos por un siniestro que, en cierta manera, pudo haberse evitado. Y es que, las tragedias casi nunca ocurren por casualidad, ya que siempre hay varios factores que inciden de forma precisa en el desencadenamiento de un tsunami mortal como el de Biescas.

La riada arrastró  caravanas, vehículos y tiendas. Tan solo los servicios y el centro social quedaron en pie.  La riada arrastró caravanas, vehículos y tiendas. Tan solo los servicios y el centro social quedaron en pie. En esta ocasión se juntaron distintos elementos que no deberían haberse relacionado, como fue una fuerte tromba de agua y una localización del campamento que no era la óptima, y que a la postre originaron unas de las tragedias más dramáticas de la España reciente.

Precisamente, una de las causas del desastre fue el aspecto meteorológico. Ese 7 de agosto de hace un cuarto de siglo a las 19,20 horas de la tarde cayó sobre Biescas y las localidades limítrofes el infierno en forma de lluvia.

Ese agua se precipitó por el barranco creando una corriente de tales proporciones ladera abajo que arrastró las 40 pequeñas presas situadas en el cono de deyección para contener unas posibles lluvias torrenciales. La consecuencia fue funesta, además de los miles de litros que se precipitaban por la montaña, la riada arrastró una gran cantidad de sedimentos, cifrados en unas 120.000 toneladas, una auténtica barbaridad. Aquella crecida extraordinaria y súbita del torrente de Arás, con todo lo que arrastró a su paso, arrasó el camping Las Nieves, situado sobre la desembocadura del arroyo en el río Gállego, en el valle.

Aspecto en el que aparecieron las instalaciones tras la fuerte tromba de agua.Aspecto en el que aparecieron las instalaciones tras la fuerte tromba de agua.El suceso apenas duró unos minutos, pero asoló el emplazamiento en su totalidad, arrastrando caravanas, vehículos y tiendas. Tan solo los servicios y el centro social quedaron en pie. Árboles y postes del tendido eléctrico fueron arrancados de cuajo dejando un desolador panorama.

La segunda pieza del rombecabezas fue la pésima ubicación de la instalación de ocio, en pleno cono de deyección de un torrente. Sin embargo, las administraciones públicas autorizaron la construcción del camping en ese lugar en 1988, suponiendo erróneamente que la intervención hidrológica y forestal y el encauzamiento escalonado del cauce garantizarían su seguridad. Pero ese fatídico día se produjo una gran tormenta en la cabecera del barranco, con precipitaciones que los técnicos situaron entre 200 y 250 litros por metro cuadrado, con unos ocho minutos en los que la intensidad pudo llegar a 500 litros.

Lo más duro fueron las tareas de recuperación de los cadáveres, que se prolongaron durante varias semanas. El último cuerpo fue el de un niño que había sido dado por desaparecido y que apareció un año después.

 

Sin responsabilidad penal

Las víctimas recurrieron a los tribunales y trataron de demostrar en el juicio que lo ocurrido se podía haber evitado y que era responsabilidad de la Administración que el camping estuviera donde no debía estar, en el antiguo cauce del río Arás. 

Aspecto en el que aparecieron las instalaciones tras la fuerte tromba de agua.Aspecto en el que aparecieron las instalaciones tras la fuerte tromba de agua.Sin responsabilidad penal, en 2005, la Audiencia Nacional concluyó que la tragedia podía haberse evitado. Libró de toda culpa al propietario del camping y al Ayuntamiento, y culpó al Gobierno aragonés y a la Confederación Hidrográfica del Ebro como responsables de garantizar la seguridad. Se les condenó a indemnizar a las familias de las víctimas con más de 11 millones de euros.

Veinticinco años después del suceso, vecinos y ciudadanos recuerdan con tristeza que una de las tragedias más desoladoras de la historia de España pudo haberse evitado.

El letrero del camping quedó en pie.
El letrero del camping quedó en pie.