Los pueblos que el trasvase cruza

Luis J. Gómez
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El agua del Tajo lleva atravesando durante cuarenta años tres provincias de la región por tuberías, túneles y acueductos. Su camino al Segura ha abierto grietas de despoblación y ha mezclado ecosistemas

Los pueblos que el trasvase cruza - Foto: Reyes MartÁ­nez

luis j. gómez / toledo
Los pasajeros con ventanilla que vuelven a España por el Mediterráneo pueden ver la cabecera del Tajo antes de empezar el descenso al Aeropuerto de Madrid. Hay un embalse alargado con una isla en medio, ese es el de Entrepeñas. Yotro  que se abre en dos ramas, formando una media luna. Ese es el de Buendía. Y si el sol rebota contra unas enormes tuberías que hay aguas abajo del río, podrán distinguir por el brillo metálico el punto donde empieza el trasvase al Segura.
Hay que bajar del avión y pisar tierra para coger el camino de la playa de Sacedón, en Guadalajara. Parece un paseo marítimo si no fuera porque el agua del pantano queda lejos. «En los años 56-58 Entrepeñas y Buendía se pusieron en marcha, hubo que reconvertir completamente la forma de vida para adaptarnos a lo que parecía que iba a ser un boom turístico tremendo», cuenta su alcalde, Francisco Pérez Torrecilla, que también preside la Asociación de Municipios Ribereños.
El boom no llegó, pero sí el trasvase, que empezó a funcionar hace ahora cuarenta años. «La información que se tenía era prácticamente nula, el Estado se había preocupado de decir que solo se iban a llevar el agua que sobraba y la gente lo tomaba con la esperanza de que no fuera verdad», revela. Sin embargo, reconoce que tardaron poco en darse cuenta de que el «trasvase era capaz de llevarse lo que había y lo que no había también». 
Pérez Torrecilla recuerda que en los ochenta ya se creó una Plataforma y que hubo manifestaciones. Señala que el efecto del trasvase se vio en urbanizaciones que se pararon de construir y que hoy en día no se han terminado. «En Las Brisa, tienen muchas parcelas por construir», expone. Ylo mismo cuenta de Peñalagos o Las Anclas. 
De la historia de la cabecera con el trasvase en funcionamiento recuerda sobre todo dos momentos muy malos de sequía. Uno fue a mediados de los noventa. «No se habían puesto niveles mínimos y se trasvasó hasta dejarlo prácticamente vacío», recalca. La segunda peor sequía que recuerda fue la de hace un par de años. Ya había un mínimo de 400 hectómetros cúbicos no trasvasables, pero dice que eso es una trampa, pues hará «que no se vaya a recuperar más en la vida». 
El salto de Alfonso XIII
El trasvase empieza en un salto de agua que inauguró hace más de un siglo Alfonso XIII para producir electricidad. Se trata del salto de Bolarque, donde también quedan casas y la iglesia del antiguo poblado. Ahí se junta las aguas del Tajo (almacenadas en Entrepeñas) y el del Guadiela (en Buendía). Hay dos tuberías que elevan el agua casi 250 metros a una balsa en la sierra de Altomira. Desde ese enclave empiezan a bajar los hectómetros hacia el Segura, en esa primera parte sobre todo a través de túneles.
Entra en Cuenca a la altura del municipio de Saceda-Trasierra, ya a cielo abierto, como un canal. Antes de Alcázar del Rey se eleva durante tres kilómetros en un acueducto sobre el río Riánsares y luego se vuelve a meter en un túnel para pasar por debajo de la autovía A-40 hasta llegar a la altura de Carrascosa del Campo. Ahí se puede derivar parte del agua al embalse del río de Valdejudíos, donde empieza la Tubería Manchega. Se trata de una infraestructura que permite llevar agua del Tajo al Guadiana. Según la última memoria de la Confederación del Tajo, desde 1988 se ha mandado de media ocho hectómetros cúbicos al año para encharcar el parque nacional de Las Tablas de Daimiel. 
Desde la organización agraria Asaja, apuestan por el desarrollo de esta infraestructura para potenciar el regadío en la zona del Alto Guadiana. El secretario técnico de Asaja, Arturo Serrano, cree que hay agua para todo, para la mejora medioambiental del Tajo, para la recarga de acuíferos de Guadiana y para extender regadíos. «Lo que hay que hacer es ver qué agua necesita Entrepeñas y Buendía, qué agua se necesita en Levante y qué necesitamos nosotros», apunta. Sobre la Tubería Manchega, se queja de que hay algunos ramales terminados, pero faltan otro. «Inexplicablemente se iniciaron las obras y no se acaban, es tremendamente sospechoso que haya disponibilidad presupuestaria y no se haga uso», critica.  
Peces del Tajo en otros ríos
Pero la conexión entre cuencas  tiene riesgos medioambientales que denuncian organizaciones ecologistas como WWF Adena España. Es lo que ha pasado con un tipo de pez, la bermejuela, que ha pasado del Tajo al Cigüela, afluente del Guadiana, a través de esta tubería. Ya lo detectaron en un informe hace 16 años. «Cuando se hicieron esos trasvases a La Mancha, con esas aguas entraron alevines y larvas que colonizaron el Guadiana», expone Alberto Fernández.
La historia se repite aguas abajo, cuando el trasvase acaba vertiendo sus aguas al embalse de Alarcón, el de mayor capacidad del río Júcar.  En este caso, Fernández explica que la boga del Tajo, que es más grande, ha entrado en competencia con la loina, que es autóctona del Júcar. «La ha ido eliminando, ocupando su hábitat», advierte.
El trasvase de especies entre cuencas no es la única consecuencia medioambiental de la infraestructura en sí del canal, más allá de las que tiene quitar agua al Tajo. A los mamíferos les ocurre lo contrario que a los peces: el acueductodivide poblaciones con un efecto barrera. «Vas a tener dos bloques de poblaciones que genéticamente van a tener una evolución distinta, desde corzos, ciervos, jabalíes o las garduñas», apunta Fernández. Además avisa de que en las zonas sin vallas hay riesgo de caigan animales y se ahoguen, pues no pueden escalar las paredes de hormigón que les separan de la orilla. 

En el Alarcón las aguas del Tajo se mezclan con las del Júcar. A partir de la presa, el agua que se desembalsa discurre unos kilómetros por un cauce natural, el del río Júcar. Pero los números tienen que salir cuando se abren las compuertas. Por un lado salen hectómetros que van al caudal del río Júcar... y por otro, salen hectómetros que acabarán en el trasvase, en función de lo que se haya autorizado.  Poco antes de cruzarse la autovía A-3, se puede recoger agua del río para volver a derivarla por el canal.
El acueducto baja por esas comarcas de Cuenca de forma paralela al río. Hay municipios como el Picazo que tienen al este el Júcar y al oeste el Tajo-Segura. Más al sur, en Casas de Benítez, hay que cruzar primero el puente del acueducto si se quiere llegar después al río. Esas riberas las han visto millones de personas, pues en ellas rodó Almodóvar algunas de las escenas de ‘Volver’. 
Las canteras que se descubrieron en Fuensanta
Fuensanta es uno de los municipios a los que más afecta el trasvase. El acueducto le rodea por uno de sus costados y dificulta su desarrollo urbanístico en esa dirección.  «Ha creado un hito artificial dentro del paisaje del municipio y a nivel urbanístico ha supuesto una herida urbana», cuenta María Teresa Martínez, una de las responsables del proyecto ‘Paseando Fuensanta’. Dentro de esa iniciativa, organizaron el último noviembre una ruta por los paisajes del municipio transformados por el hombre y atravesaron el Tajo-Segura.
Explica que lo que más recuerdan las personas mayores del pueblo de la construcción del trasvase es que nadie les preguntó si estaban de acuerdo o no, a pesar de resultar tan afectados. Ahora, por ejemplo, cuenta que hay muchos problemas por la plaga de conejos porque usan de refugio esta infraestructura y no es fácil conseguir permisos para capturarlos.
Pero además la construcción del trasvase trajo una sorpresa. «Cuando estaban haciendo las obras del trasvase se dieron cuenta de que había arena de excelente calidad, que es bastante limpia y buena para la fabricación de morteros», explica Martínez. A partir de ese momento se empezaron a abrir canteras a cielo abierto de extracción de arena. 
«Desde el punto de vista económico, para los que explotaron las canteras, supuso riqueza», reconoce, «pero de cara al paisaje también ha supuesto el deterioro de la zona». Expone que ahora se exige un estudio de viabilidad de la explotación y de recuperación medioambiental de la zona, pero que las primeras se hicieron con menos control y su huella ha permanecido.
Prohibido bañarse
A lo largo del acueducto se pueden ver letreros que avisan de está ‘Prohibido bañarse’ en el trasvase. Es muy peligroso. En julio de 2012 murió un hombre de 36 años a la altura de Carrascosa del Campo y la tragedia pudo ser mayor, porque también se metieron al agua otro hombre y otra mujer, que sí pudieron salir. A pesar de que a simple vista es una infraestructura que no está pensada para el baño, en 2007 las cámaras de los periodistas pudieron fotografiar a un nutrido grupo de temporeros bañándose en el Tajo-Segura.
El secretario general de Industria de CCOO en la provincia de Albacete, Juan Cuevas, aclara que no es una imagen habitual, ni que se repita, pero explica a qué se debe que entonces se pudieran tomar esas fotografías. «Cuando salen esas imágenes era porque había asentamientos cerca del trasvase», expone, «al no tener condiciones dignas en cuanto a duchas o aseos, acaban haciendo sus necesidades y utilizando los medios de agua para asearse disponibles, en este caso el trasvase, o cualquier otro medio».
Recalca que desde su sindicato están «vigilantes» para intervenir donde se producen asentamientos ilegales de temporeros. «Aquí las campañas más importantes son ajos, cebolla y luego ya llegan campañas que no eran tradicionales, como la recogida hortofrutícola de la lechuga o brócoli, alrededor de los meses de mayo a septiembre», indica. En Comisiones tienen una oficina móvil de asesoramiento y una campaña de denuncia anónima. 
Regadíos junto al trasvase
Quizá haya quien desconozca que la infraestructura del trasvase se usa en Castilla-La Mancha para regadíos. Pero cuidado, hay que diferenciar que lo que no se utiliza es el agua del Tajo. Hay regantes de la provincia de Albacete que pueden pedir hectómetros cúbicos de agua que se desembalsan del río Júcar, puesto que pertenecen a esa cuenca y tienen esos derechos reconocidos. En caso de sequía y de falta de recursos en Alarcón, ellos no podrían pedir que se desembalsara agua del Tajo, pero sí lo podrían hacer los regantes del Segura.
Herminio Molina es el presidente de la Junta Central de Regantes de la Mancha Oriental y desde esta misma semana también de la Federación regional de Regantes. «Tenemos tomas del acueducto que o bien van a las balsas de riego en La Herrera, Santa Ana, Aguas Nuevas o El Salobral», explica. 
Dice que tendrían de derecho hasta 80 hectómetros cúbicos por sustitución de bombeos, pero que el máximo que se ha podido utilizar han sido 34. Para la zona de Balazote también tienen la infraestructura hecha, pero apunta que no pueden hacer uso por «problemas administrativos» y que solo se hizo una excepción hace dos años como riego de socorro para cultivos de primavera. Pero avisa de que si las reservas del Alarcón están por debajo de la curva de garantía, ellos no pueden pedir aguas superficiales. 
El acueducto del Tajo-Segura también permite derivar agua del Júcar para el abastecimiento de la ciudad más grande de la región: Albacete. De nuevo, se usa la infraestructura, pero los derechos de uso se descuentan de la cuenca del Júcar. «Hay una toma del trasvase que va a una balsa de un hectómetros cúbico y de ahí a la estación potabilizadora», indica Molina. Dice que hay una asignación de 31 hectómetros para abastecimiento, pero que la concesión es de 24 y el uso efectivo es de 14.
El trasvase se despide del cielo abierto junto a las calles del barrio rural de Los Anguijes, pedanía de Albacete capital. Entra entonces en un túnel de más de 30 kilómetros que acaba cerca del embalse de Talave. Es un pantano  hecho sobre el cauce del río Mundo, un afluente que vierte sus aguas en el Segura. Los hectómetros que salieron de Bolarque han llegado a su destino.