La conjura calatrava

H. L. M
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La conjura calatrava - Foto: Rueda Villaverde

Marcelino Santiago presenta el próximo 27 de febrero 'La Ciudad del Rey', su primera novela con la que ha ganado el premio de novela histórica Ciudad de Úbeda y que narra un momento clave en la historia medieval de la capital

Es otoño de 1474 y el actual barrio del Perchel, en la zona entre Santiago y San Pedro, se ha convertido en un hervidero social por el malestar de los ciudadrealeños con sus vecinos conversos. Buena parte del conocido como barrio nuevo arde y ese incendio es el hecho histórico que marca el inicio de La Ciudad del Rey, la primera novela de Marcelino Santiago, toledano de nacimiento, ciudadrealeño desde la infancia. Con este texto ganó el pasado otoño el VII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. El próximo miércoles lo presentará en el antiguo casino, lleva días en las librerías, mostrando una Ciudad Real de la que apenas quedan resquicios, salvo la Puerta de Toledo en llamas y con los pendones calatravos que adornan su portada. «Lamentablemente, queda muy poco y si algún mérito puede tener esta novela es que nos permite recorrer la ciudad que ya no existe», recuerda Santiago, que describe escenas en los desaparecidos conventos de Santo Domingo y de San Francisco, en el Alcázar o «la casa de la Moneda, que estaba en las últimas manzanas de la calle La Mata».
«Es el primer libro y he tenido la suerte de que de que a la primera haya pillado premio», asegura Santiago, satisfecho de su texto tras años en que ha ido escribiendo relatos cortos o microrrelatos. «Escribir es una consecuencia natural de leer y soy lector de novela histórica», apunta sobre su inspiración, con el recuerdo de que es licenciado en Historia, aunque trabaja en la parte administrativa de la UCLM. Ya había hecho «algunas investigaciones sobre Ciudad Real en la edad media y conocía el contexto histórico. Había argumento suficiente».
Hernán Pérez del Pulgar es uno de los personajes de esta trama, aunque el principal es el inquisidor Tomás de Cuenca, llegado a Ciudad Real antes de que se instale el tribunal de la inquisición. Este inquisidor enviado por el arzobispo de Toledo llega la ciudad para aplacar los ánimos e investigar a los conversos, aunque lo que se encuentra es una trama de la realeza, una disputa entre Juana de Castilla e Isabel de Trastámara, con los calatravos de por medio.
La parte histórica de la obra tiene, por lo tanto, el trasfondo de la rivalidad de Ciudad Real y Almagro, en este caso al ser sede de la Orden de Calatrava. «Fue una batalla importante donde no solo estaba Almagro, sino que para entrar en Ciudad Real el maestre de Calatrava tuvo que tirar de todas sus lanzas de las encomiendas», advierte Santiago, que señala que «durante un par de meses, Ciudad Real estuvo sitiada y dominada por los calatravos» hasta su liberación. «Estas tramas faltan comunicarlas y quizás la literatura es mucho más efectiva como disciplina para llegar a la gente», indica el escritor, quien recuerda que el texto vivido permite llegar al «mundo de las emociones» y mostrar una Ciudad Real desaparecida.