Los asentamientos de temporeros regresan a La Mancha

A. Criado
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A pesar de los avances logrados en los últimos años en materia de alojamiento, los improvisados y precarios campamentos a las afueras de los pueblos siguen siendo una realidad en pleno siglo XXI durante el desarrollo de las campañas agrícolas

Los asentamientos de temporeros regresan a La Mancha - Foto: Pablo Lorente

Los asentamientos ilegales de temporeros han regresado a La Mancha con el inicio de la recogida del ajo, la primera gran campaña agrícola que tiene lugar en la zona. En unos días dará comienzo el melón y la sandía y después, la cebolla y otros productos de la huerta y la uva, entre otros cultivos. A pesar de los avances logrados en los últimos años en materia de alojamiento, los improvisados y precarios campamentos a las afueras de los pueblos siguen siendo una realidad en pleno siglo XXI. Las condiciones de insalubridad son tales que los propios jornaleros demandan a los ayuntamientos agua para el aseo personal y contenedores para poder depositar la basura, desparramada ahora a pocos metros de los colchones raídos en los que descansan tras unas maratonianas jornadas en el campo. Cerca de un centenar de rumanos, agrupados por familias, han establecido su campamento a las puertas de un hotel abandonado junto a la A-43, en el término municipal de Argamasilla de Alba. El establecimiento hostelero, que el pasado año también les sirvió de cobijo, se encuentra cerrado a cal y canto, con las puertas y ventanas tapiadas. Entre un mar de tiendas de campaña multicolor, improvisados tendederos entre árboles y colchones emerge la figura de Kalin, un joven de 21 años que llegó hace unas semanas a La Mancha desde Bucarest, tras tres días de viaje en coche, en compañía de una veintena de familiares. En un limitado castellano explica que en su país «no hay trabajo ni dinero», por lo que tienen que buscarse la vida lejos de Rumanía, trabajando en las diferentes campañas agrícolas, desde el ajo hasta la aceituna, para «poder vivir más o menos bien el resto del año». Una vez que finalice la vendimia, Kalin y su familia se trasladarán a Badajoz para trabajar en la campaña de la aceituna. En tierras extremeñas, debido a los rigores del invierno, tienen que buscar un techo de alquiler donde cobijarse. En verano, gracias a las cálidas noches manchegas, pueden dormir al aire libre, aunque hace hincapié en que con los jornales que cobran tampoco tienen muchas más opciones. Kalin y su familia están trabajando actualmente en una explotación agrícola en el término municipal de Manzanares y apenas sacan «50 euros por más de ocho horas de trabajo al día, a 1,8-2 euros la caja de ajos». «Nos dicen que tienen a mucha gente y que si no lo aceptamos, contratan a otros», se lamenta el joven rumano. Los sindicatos exigen a la patronal del campo que se cumplan los convenios. Rafael Gómez-Pimpollo, responsable sectorial de Comisiones Obreras-Industria en Ciudad Real, asegura que aunque un convenio fije en siete y pico euros el precio de la hora ordinaria en las campañas y en 12 o 13 la extraordinaria, en la práctica a los temporeros «no se les paga por horas, sino a destajo». «El palé lleno de ajos lo pagan a unos 22 euros y hay que ser muy hábil y muy experto para cortar dos palés de ajos al día», apostilla. Respecto a los alojamientos, desde CCOO reconocen que la «inmensa mayoría» de los empresarios agrícolas sí ofrecen ya alojamientos dignos a sus temporeros, y no se llegan a producir «barbaridades» como las vividas hace algunos años en municipios como Cinco Casas. Sin embargo, casi todos estos jornaleros, como es el caso de Kalin, se desplazan con sus familias y no hay albergues para los demás miembros de la unidad familiar». En este sentido, el sindicato reclama un año más al Ministerio de Agricultura, al Gobierno de Castilla-La Mancha y a los ayuntamientos que acogen cada verano la llegada de temporeros la disposición de albergues e instalaciones adecuadas para estas personas y sus familias. En Argamasilla de Alba existe, al menos, otro asentamiento ilegal en un antiguo concesionario de coches, mientras que en Tomelloso, al igual que en los últimos años, los temporeros usan las naves vacías del polígono industrial Los Portales, donde se encuentra por ejemplo la sede del Centro Tecnológico del Metal de Castilla-La Mancha (Itecam), para resguardarse por las noches. Allí se encuentra estos días Abderrahim El Hamzaoui, que llegó a Tomelloso hace pocas fechas desde el pueblo granadino de Montefrío para trabajar en la campaña de ajos junto a otro compañero marroquí. Tiene 35 años y hace 20 llegó a España, donde pasa la mayor parte del año para ganar dinero para su familia (su padre, su mujer y dos gemelos recién nacidos), que viven en Casablanca. Después del ajo, Abderrahim trabajará en la campaña del melón y luego en la vendimia, y después viajará unos días a Marruecos antes de volver a Andalucía para comenzar con el olivo. Asegura que en Granada todo lo referente a horarios y jornales es «perfecto», mientras que en La Mancha apenas llega a los 50 euros al día (a 1,90 euros la caja de ajos) «trabajando desde la madrugada hasta después de comer». «Y eso que tengo papeles», enfatiza mientras muestra su improvisada habitación, con dos cartones y colchas haciendo las veces de camas, una maleta, garrafas de agua para beber y asearse y un original cargador del móvil aprovechando la batería del coche. «Mi compañero y yo queríamos alquilar una casa para estos meses, pero no hay o no quieren alquilárnosla», sentencia.
 


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