El campo detecta amenazas en el acuerdo UE-Mercosur

I. Ballestero
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El campo detecta amenazas en el acuerdo UE-Mercosur

Las asociaciones agrarias advierten de que la retirada de aranceles supondrá una «competencia desleal» para los productores al no equipararse las exigencias

El campo provincial y el sector del vino no brindarán por el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Mercosur, la alianza que conforman Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina. Es cierto que del apretón de manos entre las partes queda aún por definir la letra pequeña, pero la retirada de aranceles y la apertura del libre comercio entre los estados de la Unión y los cuatro países sudamericanos contiene, a juicio de las asociaciones agrarias provinciales, más amenazas que ventajas para un sector productivo, el campo, que supone un motor económico importante para el desarrollo de la provincia. En Ciudad Real, en concreto, las sombras del acuerdo se ciernen sobre el vino, ya que la retirada de aranceles facilita la entrada en los mercados europeos de un país tradicionalmente productor, Argentina, que podría ampliar su presencia en Europa en un momento en el que las exportaciones vinícolas se encuentran en plena sacudida por diferentes motivos, a saber: la gestión última de una campaña excedentaria, la eterna amenaza del Brexit duro y la posibilidad de la imposición de aranceles más elevados para la entrada del vino de la UE en Estados Unidos.
«El campo es el gran perjudicado del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur». Así de tajante se muestra Florencio Rodríguez, secretario general de Asaja en la provincia cuando se le interpela sobre la futura alianza entre ambas partes. El responsable de la sectorial regional del vino de UPA, Alejandro García-Gasco, no es tan categórico al respecto, y aunque reconoce que la libertad aduanera «no es una buena noticia porque aumenta de manera feroz la competitividad», invita a explorar la ventana de estos países como alternativa si el Brexit acaba entornando la puerta del mercado británico o si Trump confirma su penúltima ocurrencia y endurece los aranceles a los vinos llegados desde la Unión Europea. Eso sí, en la reflexión de uno y otro hay una lectura unívoca sobre la trampa que supone el acuerdo: se van a igualar las condiciones de venta sin equiparar las exigencias en la producción. Es decir, que los agricultores de los países del Mercosur van a poder proyectar sus ventas sobre territorio europeo sin tener que cumplir las exigencias y obligaciones que los agricultores españoles deben acatar para salir al mismo mercado. «Es competencia desleal», subrayan ambos.
Argentina es la ‘trampa’ más palpable del acuerdo para el campo provincial. En general, la agricultura no sale muy bien parada del apretón de manos, pero sectores como las hortalizas o la carne de vacuno, también en la diana, no tienen hoy por hoy un peso importante en las exportaciones ciudadrealeñas. El vino sí. Y Argentina es un país cuyas producciones tienen un impacto determinante en las campañas vinícolas no sólo por la fecha en la que aparecen en el mercado, en primavera, cuando las bodegas y cooperativas provinciales encaran la recta final para tratar que la nueva campaña caiga en vacío, sino también porque parten de una presencia moderada ya en territorio europeo y la ausencia de aranceles podría dirigir sus ventas hacia países tradicionalmente compradores para Ciudad Real.
La relación comercial en materia de vino entre la provincia y Argentina es prácticamente inexistente, según se deduce de los datos de exportaciones del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) a los que ha tenido acceso este diario. Es algo normal tratándose de dos territorios productores, pero es en las cifras argentinas con el conjunto del continente donde se esconde la ratonera que amenaza con atrapar a las bodegas y cooperativas ciudadrealeñas. No tanto por el cuánto vende Argentina en la Unión Europea sino por dónde lo vende. Para empezar, la balanza comercial vinícola entre la UE y Argentina es muy favorable a los segundos, con una diferencia de más de 200 millones de euros en el año 2018. En ese ejercicio, según el ICEX, las ventas europeas de vino en Argentina fueron de 6,8 millones de euros, mientras que las compras vinícolas desde los países miembros de la Unión Europea superaron los 207 millones de euros. Y no es tanto el cuánto sino el dónde.
Argentina vende en Alemania, en los Países Bajos y... en el Reino Unido. Allí donde el Brexit aspira a levantar un muro para el vino español es donde tienen las bodegas argentinas su mayor nicho de mercado. El año pasado, dentro de los 207 millones de euros de sus ventas vinícolas en el viejo continente, más de 91 millones de euros se facturaron allí. Es cierto que la salida del Reino Unido de la Unión Europea dejaría su mercado fuera de la libertad arancelaria que se plantea con Mercosur, pero eso sólo significa que allí donde los vinos argentinos ya pagan aranceles y realizan buena parte de sus ventas la provincia de Ciudad Real, que tiene en el mercado británico su comprador más rentable en toda la Unión Europea, porque es donde vende el vino más caro y donde vende más vino embotellado, tenga que empezar a pagar aranceles para mantener sus ventas. Y eso sin igualar sus normas de producción.