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Editorial

Necesidad de comparecer en el Congreso por la crisis de Ucrania

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El Gobierno no puede demorar más su comparecencia en el Congreso de los Diputados por la crisis de Ucrania y, sobre todo, urge una explicación por el envío de tropas en apoyo a la OTAN por una posible invasión del país báltico por parte de Rusia. Cuando hace unos días la titular de Defensa anunció el despliegue de dos buques y cazas a Bulgaria, resurgió el debate de si el Ejecutivo estaba obligado por la Ley 5/2005 a recabar el apoyo de la Cámara Baja. Al tratarse, en principio, de una colaboración en operaciones de mantenimiento con organizaciones internacionales y al hacerse por la vía de urgencia, Moncloa cuenta con un paraguas interpretativo de la norma que le exime, de momento, de tener el visto bueno de la mayoría de los diputados.

Pero por el cariz que están tomando los acontecimientos en las fronteras con Ucrania, Sánchez debe cuanto antes ampliar las explicaciones más allá de la comparecencia de ayer y de la comisión de Exteriores celebrada el pasado martes. Al igual que PSOE y Unidas Podemos reclamaban explicaciones en la oposición por ejemplo, con el envío de tropas a Mali, es inconcebible que ante una situación de máxima alerta en las fronteras de la Unión Europea guarde un silencio incomprensible y nada edificante con una de las políticas de Estado por excelencia.

Más allá de los problemas internos y la incomodidad de la postura de Podemos, el Gobierno debe informar más pronto que tarde de la posición que tomará España en un hipotético conflicto bélico y cuál será su participación en medios y hombres en una misión conjunta con la OTAN.

No es de recibo que Sánchez difunda imágenes de gran preocupación en su despacho de Moncloa mientras contacta con los líderes europeos y trasatlánticos, y se excluya al resto del arco parlamentario de los pasos que está dando el país para ayudar a atajar esta crisis internacional. Tampoco debe esperar a que el líder del principal partido de la oposición tome la iniciativa para conocer de primera mano la postura del país por muchos encontronazos haya tenido en su labor de buscar consensos en la reforma laboral o en la del Consejo General del Poder Judicial. Por más que sus socios de Gobierno le intenten escorar hacia otras posiciones, la política de Defensa y de Exteriores solo tiene un camino: la de aunar voluntades en una misma dirección, sin complejos y con la mayor de la transparencia posible, porque en las políticas de estado está en juego la democracia, es decir, las propias reglas de juego, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.