Órdago de Sánchez

Leticia Ortiz (SPC)
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Las negociaciones para la investidura del líder del PSOE estarán marcadas por la amenaza de que, si no gobierna él, se repetirán los comicios

Órdago de Sánchez - Foto: Chema Moya

Acostumbra Pedro Sánchez a avanzar políticamente a base de órdagos, una temeraria jugada de mus que se suele utilizar sobre el tapete cuando ya no quedan muchas opciones  de victoria, casi a la desesperada. En muchas ocasiones, esas apuestas le han salido bien al socialista. Por ejemplo, cuando decidió renacer de sus cenizas, enfrentándose al aparato del partido que se inclinó por la mandataria andaluza, Susana Díaz. A veces, la osadía le creó problemas a corto plazo, aunque luego obtuvo su recompensa, como cuando se enrocó en el «no es no» a Mariano Rajoy con el que provocó una crisis interna en el PSOE que derivó en su salida del partido casi por la puerta de atrás, pero que le dio a cambio el cariño de los militantes que le auparon después a la Secretaría General. Aunque quizá el órdago de mayor envergadura fue el que protagonizó en mayo de 2018 cuando, aprovechando la sentencia de una parte de la Gürtel que consideró al PP como partícipe a título lucrativo de la trama corrupta, presentó una moción de censura con la que derribó al Gobierno popular para instalarse en el poder.
El efecto Moncloa, tradicional en la política española, catapultó a Sánchez en las encuestas, y posteriormente en las urnas, consiguiendo una victoria que se le había resistido en las citas anteriores. Sin embargo, la fragmentación del arco parlamentario no le asegura repetir como presidente, aunque la noche electoral casi se daba por hecho. Pero, ahora mismo, al PSOE no le salen las cuentas. Y el madrileño ha vuelto al órdago: «o yo o elecciones». De esta manera, la presión crece sobre partidos como PP o Ciudadanos que podrían quedar señalados como los culpables de una posible repetición de los comicios o de entregar la llave de la gobernabilidad a los partidos independentistas. Cualquiera de las dos opciones beneficia a los socialistas, que esperan sin prisa y sin enseñar si llevan las cartas ganadoras.
El líder de Ferraz, y jefe del Ejecutivo en funciones, necesita la mayoría de la Cámara Baja, al menos 176 votos en la primera votación para prolongar su estancia en La Moncloa. Un número casi utópico con sus 123 diputados como único respaldo seguro. El segundo trámite no requiere tal número: basta con que el candidato a la investidura obtenga más síes que noes. Y es ahí donde hay que sacar la calculadora. Aquellos que ya se han comprometido a rechazar la candidatura de Sánchez (PP, Cs, Vox y Coalición Canaria) ascienden a 149 parlamentarios, mientras los de aquellos que apoyan sin condiciones al madrileño (PSOE y PRC) se quedan en 124. Todo apunta a que en este último grupo entrará Podemos, aunque su insistencia con hacerse con alguna cartera ministerial del próximo Gobierno mantiene en el aire un pacto que se daba por seguro desde la misma noche del 26-M. Con el apoyo de los morados, la suma sube hasta los 166 diputados. 
 

Los indecisos. Con estos números, las abstenciones jugarán un papel crucial, por lo que no es de extrañar que los socialistas miren directamente a populares y naranjas, enrocados en su no. Porque la otra opción, en la que también trabajan, es convencer a nacionalistas, independentistas, abertzales y regionalistas. Un grupo heterogéneo con sensibilidades y peticiones muy diferentes. Así, el más numeroso de ellos, ERC con 14 diputados (uno de ellos, Oriol Junqueras, suspendido en sus derechos como parlamentario) ya ha dejado clara su reivindicación para facilitar la investidura: un gesto con los líderes del procés que se encuentran en prisión preventiva. Reclamación similar a la de JxCat (siete escaños, con tres diputados suspendidos también). De su posible abstención puede depender el futuro en La Moncloa de Sánchez.
El PNV, por su parte, liga su decisión a lo que ocurra en Navarra, donde los socialistas no quieren apoyar a la derecha, ya que quieren intentar formar un Ejecutivo liderado por María Chivite que necesita la abstención de un EH Bildu que no está muy por la labor después de haber perdido el poder en Pamplona. Los abertzales tampoco han desvelado su voto a nivel nacional. La Comunidad Foral marcará también la actuación de UPN que con sus dos diputados se ha convertido en una clave inesperada que podría ayudar al PSOE, si Ferraz les deja ostentar el poder en Navarra.
Compromís, por su parte, ciñe su posición a la financiación autonómico y a alguna guiño en forma de inversión del Gabinete Central en Valencia.
Mientras las negociaciones entran en su fase decisiva, Sánchez ya ha lanzado su órdago (una palabra, por cierto, que viene del euskera hor dago, ‘ahí está’): o él o las urnas. Una amenaza que podría hacerse realidad, si no hay Gobierno, en noviembre.