La melancolía

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La melancolía

Utilizar el sentido común y fomentar el humor son dos de las herramientas más útiles para luchar contra los sentimientos de tristeza

La melancolía se enmarca dentro de los trastornos del estado de ánimo. Se trata de episodios o síntomas hipomaníacos o depresivos alternados o mixtos, que provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
En un lenguaje más coloquial, podríamos definir la melancolía como un estado de profunda tristeza y añoranza continuada, que se mantiene en el tiempo y que suele darse en personas que son sensibles, pero muy vulnerables emocionalmente. 

 

Características de las personas melancólicas:
Tienen pocas defensas y escasos recursos ante situaciones potencialmente delicadas. Para ellas todo es extremo: el dolor que sienten, el desengaño que experimentan, el sufrimiento que les envuelve.
Recrean una y otra vez aquello que les hizo daño: rememoran las situaciones que vivieron, miran las fotos de las personas que perdieron, de esos amores imposibles o esos amigos que ya no están, se encierran escuchando la música que les devuelve a sus recuerdos…
Las personas melancólicas tiran la toalla, creen que solo la vuelta de esas situaciones que tanto añoran podría devolverles la felicidad perdida, pero se equivocan profundamente. La psicología nos demuestra que aunque nuestras circunstancias no sean favorables, podemos ser felices y sentirnos mejor con nosotros mismos.

 

Cómo superar esta situación.
Hoy sabemos que todo lo que se aprende, de la misma forma se puede desaprender; igual que nos hemos entrenado a pasarlo mal, podemos entrenarnos en ser más realistas y enfocar la vida de forma objetiva.
Lo primero que debemos conseguir es aprender de nuestras experiencias. La educación que recibimos falló en algo crucial: nos enseñaron a sufrir, a fijarnos en lo negativo, y, de adultos, sin darnos cuenta, hacemos lo mismo. Las personas melancólicas parecen estar especialmente atentas para sufrir ante cualquier contratiempo. Se pasan la vida sufriendo inútilmente. Entonces, ¿qué pueden hacer con el pasado? ¿para qué les sirve? La respuesta es contundente: para extraer lo útil de todo lo que han vivido. Entonces sí que será positivo, aprenderán de sus vivencias y se darán cuenta que el presente es lo que les pertenece y que el futuro dependerá, en gran medida, de sus ilusiones. En consecuencia, seamos positivos y prácticos, para que la melancolía nos abandone y dentro de poco sea un recuerdo lejano en el tiempo.

 

Consejos prácticos.
- Creer en nosotros mismos, saber que podemos recuperarnos emocionalmente y volver a sentirnos bien. Para ello invertiremos los recuerdos, nos esforzaremos por traer a nuestra mente situaciones donde nos sentimos felices.
- Confiar en nuestras posibilidades. Programar actividades donde siempre nos hemos sentido bien y nos han producido satisfacción.
- Mimar a nuestros amigos, en lugar de machacarlos contándoles siempre nuestras tristezas.
- Esforzarnos en controlar nuestros pensamientos catastrofistas. Todos aquellos en los que utilizamos adjetivos como: horrible, terrible, espantosos, horroroso, catastrófico, fatal… 
- Enumerar todas las cosas positivas que nos han dicho en algún momento de nuestra vida. Escribirlas en una lista. Leer esa lista cada vez que nos sintamos tristes.
- Hacer ejercicio físico todos los días. 
- Buscar proyectos que nos ilusionen a corto, medio y largo plazo, y dar el primer paso para conseguirlos.
- Utilizar más el sentido común y, sobre todo, fomentar el sentido del humor. Reírnos, reírnos y reírnos, aunque no nos apetezca, como si estuviéramos viviendo los mejores momentos de nuestra vida.