Eco, un "regalo" para la Universidad

Nieves Sánchez
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En 1997 Umberto Eco fue investido doctor honoris causa por la UCLM, que hoy lamenta su muerte • La entonces decana de Letras y madrina del acto recuerda con cariño el «gran acontecimiento»

Umberto Eco en el año 1997 investido por la Universidad de Castilla La Mancha. - Foto: Universidad de Castilla La Mancha.

El último adiós al humanista Umberto Eco, que falleció en torno a las 22.30 horas en su casa de Milán, deja un poso de tristeza en la Universidad de Castilla-La Mancha y en especial al Campus ciudadrealeño, donde fue investido doctor honoris causa el 21 de mayo de 1997, a propuesta del Departamento de Filología Moderna. El rector de la UCLM, Miguel Ángel Collado, en nombre de la comunidad universitaria, lamentó la muerte del escritor y semiólogo italiano, autor de obras inolvidables e imprescindibles como El nombre de la rosa o El péndulo de Foucault.
María Rubio fue una de las personas que tuvo «la suerte» de vivir junto a Eco el acto, que se celebró en el Sacro Convento del Castillo de Calatrava la Nueva (Aldea del Rey) y los días previos a aquel 21 de mayo, en los que la Facultad de Letras acogió un congreso sobre la figura y obra de Borges, al que Umberto Eco asistió «encantado».
Rubio, doctora decana en aquellos años de la Facultad de Letras, fue junto a la doctora María Josefa Calvo Montoro, también de la Facultad de Letras, y el doctor Manuel Gil Esteve, de la Universidad Complutense de Madrid, madrina en el nombramiento de Eco. Hito que, según destacó ayer, se vivió como «un gran acontecimiento» y supuso «un espaldarazo» para una joven UCLM. «Fueron varios días los que Eco pasó en Ciudad Real porque quiso asistir al congreso de Borges, del que dijo en su discurso de investidura que había sido, junto a Joyce, uno de sus autores de referencia, con lo cual el acto quedó completamente contextualizado», recordó Rubio, quien lamentó «profundamente» el fallecimiento de uno de los grandes nombres del mundo intelectual europeo.
Su nombramiento fue «muy importante» para la Universidad regional, que lo vivió, según las palabras de Rubio, «con mucho entusiasmo», en tanto gracias a la figura del escritor italiano las siglas de la UCLM llegaron a las portadas de periódicos nacionales. «Abrió una etapa de grandes honoris causa que fue fundamental para la consolidación de la imagen de la institución». Eco fue el octavo honoris causa de la Universidad castellano-manchega y el primer escritor. Detrás de él vinieron José Saramago, Carlos Fuentes, Francisco Nieva y Mario Vargas Llosa.
El título de doctor honoris causa es la máxima distinción que la Universidad concede a una persona en reconocimiento de su trayectoria científica, universitaria y, en general, de unos valores que se identifican con la propia institución.

en un castillo. Del acto en sí, María Rubio recuerda que fue una ceremonia muy tradicional, como marca el propio protocolo de la Universidad, pero con un aliciente «muy significativo»: que se realizó entre los muros del Castillo de Calatrava la Nueva, hecho que provocó en el humanista «un gran entusiasmo e ilusión». Luis Arroyo, rector en aquellos años de la UCLM , consiguió «un gran despliegue», en colaboración con la Junta, para acondicionar el enclave, la capilla y diferentes salas para hacer realidad el acto. «Pasado el tiempo, me consta que Umberto Eco ha recordado en muchas ocasiones lo que supuso para él de emoción ser investido honoris causa en un castillo, en tanto su tesis doctoral estuvo muy vinculada a la filosofía medieval, por lo que el marco fue irrepetible».
Para esta profesora de Teoría de la Literatura, aquel 21 de mayo de hace 19 años fue uno de los momentos más emocionantes de su trayectoria académica, junto a la investidura de José Saramago, del que también tuvo la suerte de ser madrina. «Todos lo recordamos como algo objetivamente excepcional, porque Eco era una de las figuras más destacadas de la teoría de las artes, la comunicación, la literatura...».
De hecho, lo más significativo, según Rubio, de unos días en los que acudieron a cenas, comidas y actos con el filósofo «que lo sabía todo», fue su «trato cordial, proximidad y simpatía». «Atendía y hablaba con todo el mundo y se sintió muy a gusto». Eso y el discurso que pronunció en Calatrava la Nueva, en el que habló de la supuesta biblioteca del Quijote, la biblioteca de Borges y realizó un repaso a las bibliotecas literarias más importantes, para finalizar haciendo una defensa del lector.
«Fue un auténtico regalo, hay que reconocerlo», concluyó María Rubio.