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Romero:«Cuenca supo estar a la altura de las circunstancias»

J. López / Cuenca
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Romero:«Cuenca supo estar a la altura de las circunstancias» - Foto: Reyes MartÁ­nez

«Estar en el centro, cerca de la capital, ha provocado que las guerras o los cambios hayan tenido incidencia siempre en Cuenca», indica Miguel Romero, escritor, cronista oficial de Cuenca y columnista de La Tribuna

Curiosidades, vicisitudes, circunstancias y anécdotas de la historia de España en el siglo XIX y, concretamente, de la relación del rey Fernando VII y las regentes María Cristina de Borbón e Isabel II con Cuenca. Esa es la trama del último ensayo novelado de Miguel Romero, escritor, historiador, investigador y cronista oficial de Cuenca, que recientemente presentó Voluntades y Pasiones en la España del siglo XIX. María Cristina de Borbón e Isabel II, reinas de corazones. Dinamizador, impulsor y colaborador de numerosas actividades y eventos culturales de la capital, cuenta que en esta obra, prologada por la periodista y escritora Carmen Posadas, además de «las curiosidades de la vida en sí, los negocios y los personajes implicados», se añaden una serie de documentos inéditos localizados por el autor en un archivo particular de Cracovia «que le dan mayor vida a este entramado de la historia de España».  
¿Cómo ha sido la labor de investigación y qué fuentes ha tenido que consultar para escribir este relato de la España convulsa del siglo XIX?
Este último estudio que saco a la luz corresponde, sin duda, a un nuevo trabajo de ensayo histórico sobre una de las etapas de nuestro pasado en el que España tuvo que dirimir sus asuntos de Estado, su propia evolución política y su dimensión socioeconómica entre constantes cambios ideológicos, adecuación de mecanismos dinásticos, consecuciones de una política exterior poco adecuada y, sobre todo, de contrasentidos y veleidades propios de una sociedad de bajo índice cultural y educativo, entre premisas de ese Antiguo Régimen que definió los retrasos de un Imperio con pies de barro.
He bebido de las fuentes publicadas en diferentes tratados, libros, estudios o medios bibliográficos, haciendo esa labor recopilatoria exigente,  ampliada con una apuesta investigadora de nuevos enfoques, documentos inéditos aparecidos  –por curiosidad y casualidad– en archivos europeos, cuya trascendencia ha sido vital para poder ofrecer un estudio de una etapa española llena de intrigas, errores, situación confusas, implicaciones dinásticas, guerras, enfrentamientos y curiosidades.
¿Qué de realidad y qué de ficción expone usted en este ensayo novelado? ¿Es un retrato literario de la sociedad de la época?
Ante todo debo de decir que no es una novela histórica al uso, porque no suelo escribir novelas –creo que para ser buen novelista hay que reunir una serie de condiciones especiales que no todos tienen y, por supuesto, de las que yo carezco–, circunstancia que ha provocado que el mercado esté ausente de buenas novelas y sí, de mediocridad en el típico contenido de narrativa como tal.
Mis trabajos, en base a mi condición profesional de profesor e investigador de la Historia, intenta ser un ensayo histórico pero novelado, es decir, adecuando los numerosos datos que el trabajo aporte con una narrativa lo más legible, ordenada, adecuada al vocabulario actual y clara posible, algo no siempre fácil de conseguir, pero que marca el objetivo de mis publicaciones. Algún personaje de ficción aparece, sirviendo como medio conductor para desmenuzar el entramado y sus consecuencias.
Fernando VII, María Cristina de Borbón e Isabel II. ¿Cómo puede ser que los tres regentes tuvieran una estrecha relación con Cuenca? ¿Es qué entonces estaba la provincia de moda o simplemente fue casualidad?
Cuenca, por su condición geográfica, sobre todo estratégica, ha sido objetivo siempre de atención en cada momento histórico que nuestro pasado ha generado. Es decir, estar en el centro, cerca de la capital del gobierno imperante, ruta entre el litoral y el interior, ha provocado que las guerras o los cambios en cada momento de la historia hayan tenido incidencia y valor contrastado. Recordemos cómo, en la época de la reina Isabel la Católica y el nacimiento del Estado Moderno, la presencia de conquenses en los puestos más importantes de la Corte era una realidad; igualmente en el periodo moderno con los descubrimientos geográficos donde conquenses intrépidos participaron muy directamente; o en los Tercios de Flandes y las guerras imperiales con maestres de campo, soldados aguerridos o figuras intelectuales de poder. Y llegamos a la Contemporaneidad, con esos avatares dinásticos, convulsos y contradictorios; allí también los conquenses fueron protagonistas, y aquí aparecerá el caso de Fernando Muñoz, duque de Riánsares como esposo de la regente viuda María Cristina de Borbón, o el ilustrado Fermín Caballero como ministro, Mateo Miguel Ayllón miembro del gobierno e incluso el enconquensado de Huete, el aragonés Eusebio Bardají, jefe de gobierno y Secretario de Estado en numerosas ocasiones.
Creo que Cuenca supo estar en cada momento a la altura de las circunstancias, por decisión y valor de sus gentes. Cierto es, que su proximidad a Madrid le ayudó y le hizo también participar más directamente en política; pero también es verdad que jugó mucho papel el destino.
¿Qué hace que Fernando VII decida hacer un largo viaje por caminos de polvo y piedra, con sus mujer María Josefa Amalia de Sajonia en 1826, hasta el Solán de Cabras? ¿Era el balneario el último lugar para tratar de que la reina dejara de ser estéril?
Cierto es que Cuenca va a tener bastante protagonismo, tal y como hemos hablado en relación a personajes, como también en su visita al Solán de Cabras para intentar conseguir embarazar a su tercera esposa, aprovechando la reconocida fama de las aguas de este balneario que será Real gracias a Carlos IV. La delicada salud de Fernando VII también fue excusa para recibir tratamiento, no solo en este balneario sino también en el de la Isabela, considerando que la composición de estos manantiales podían ayudar a su recuperación.
Fernando VII no es del todo, el primer protagonista de este libro, aunque es necesario tratar parte de su vida para comprender la historia de María Cristina e Isabel II, verdaderas actrices de esta historia novelada.
¿Estuvo mal visto que una regente como María Cristina de Borbón-Dos Sicilias se casara con un sargento de la guardia de Corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, que era nacido en Tarancón?
Así fue. Primero el que María Cristina quedase viuda siendo una mujer joven y necesitada de cariño y amor; segundo, que la casualidad hizo que ese amor surgiese con uno de sus guardias reales, de Tarancón, y vinculado a una clase media nunca aristocrática, poco conveniente y poco aconsejable para que hubiera una relación matrimonial. En tercer lugar, que siendo regente del reino al tener minoría de edad la futura reina Isabel, no podía ni se le permitía mantener ningún tipo de relación amorosa y menos matrimonial.
¿Hasta que punto fue un escándalo que la reina creara un Ducado para su marido y éste adquiriese numerosos títulos? ¿Fue uno de los tráficos de influencias más sonados de la historia de España?
Sin duda, no solo la concesión de títulos para su esposo provocó un escándalo en la sociedad española, sino las circunstancias que rodearán al nacimiento de sus ocho hijos que tuvo con Agustín Fernando Muñoz, mantenidos a escondidas con matrimonios ficticios, a hurtadillas los primeros embarazos, sino el que tuviera que idear proyectos rocambolescos con carácter económico para poder dotarles de un respaldo seguro a cada uno de ellos, y de esa manera participar en sucios negocios con riesgos fraudulentos en actividades como el ferrocarril, las salinas, los empréstitos dudosos, y otros embargos extranjeros.
Precisamente, ¿qué interés tuvo la reina Isabel II en unir Cuenca con Aranjuez por ferrocarril?
En ese proyecto había varios motivos que indujeron a su deseada ejecución. Sobre todo, los beneficios que se conseguirían con las inversiones en el mismo, gracias a la colaboración del banquero Marqués de Salamanca junto al duque de Riánsares y sus hermanos, los Muñoz implicados en turbios negocios y el hecho de que Cuenca pudiera obtener beneficios como ciudad y como comarca. Luego, las circunstancias condicionarían este intento y el fracaso adulteró los otros negocios que rodearon su vida. María Cristina necesitaba obtener beneficios para que sus hijos pudieran llevar a cabo planes de vida y asegurar su futuro.
¿De qué se benefició la comarca taranconera y la provincia, por extensión, del poder del Duque de Riánsares en el Reino?
Pues bastante. Primero porque ocupó primeras páginas en la historia político-social del momento. Segundo porque la llamada «Corte Manchega» obtuvo beneficios cortesanos, empresas de beneficios económicos, tales como las salinas de Belinchón o las empresas de los hermanos Muñoz, tanto el marqués de Remisa como el conde de Retamoso. El ducado de Riánsares permitió ampliar sus dominios jurisdiccionales y provocar con ello, enriquecimiento de algunas familias taranconeras.
Cuenca ocupó nuevamente un primer plano en la política del momento. La actuación del aragonés Bardají, casado con una Parada de Huete, beneficiaría también a esta comarca, o la aparición de Fermín Caballero que, aunque enemigo ideológico de los Muñoz, mantuvo este territorio en plenitud de beneficios políticos, así como la presencia de Mateo Miguel Ayllón en el gobierno de la nación. Cuenca, su Obispado, y algunas familias fueron correspondidas con las visitas de María Cristina y luego, la de la infanta Paz en las tierras de Saelices.
Por último ¿tiene algún otro proyecto de investigación en mente?
Afortunadamente hay un par de editoriales de reconocido prestigio que siguen apostando en mis trabajos, Por tanto, finalizada esta apuesta, agradecimiento extensivo que debo de hacer a la editorial Infante Ediciones y a la prologuista Carmen Posadas, me encuentro preparando dos nuevos proyectos. Por un lado, darle continuidad a las páginas de una Breve Historia de Cuenca después de sacar a la luz el volumen primero, con el segundo trabajo costoso y a medio plazo –teniendo en cuenta el rotundo éxito que ha supuesto en distribución y crítica– y por otro, el encargo que la editorial Edaf me ha hecho con respecto a un trabajo sobre la América hispánica, en la que me encuentro embarcado actualmente.