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Miguel Ángel Calama

Miguel Ángel Calama


Nubarrones o cielo despejado en el horizonte de la economía

29/10/2021

Quiero agradecer en primer lugar a La Tribuna la oportunidad que me da de dirigirme a ustedes sus lectores . En esta ocasión lo haré para trasladarles una visión razonada, técnica e independiente de que nos puede deparar la economía española en los próximos años, al menos en los más próximos 2022 y 2023.
Para poder dar mi  opinión, no puedo soslayar el punto de partida por su singularidad y dramatismo. Como todo el mundo recordará, hasta el 2019 la economía española, una vez superada la crisis de 2007, venía encadenando una senda  de crecimiento continuada en los últimos seis años.
Fue precisamente la irrupción del COVID-19 lo que produjo una devastación a nivel mundial afectando a todos los órdenes sociales, sanitarios, económicos, políticos…
Jamás salvo en las guerras mundiales, el mundo se había acercado tanto al abismo.
En el caso concreto de nuestro país, el sufrimiento fue extremo. Las personas de mi generación nunca habíamos vivido una situación tan excepcional y dolorosa viendo como se truncaban las vidas e ilusiones de millones de españoles. Cabría decir que se produjo un derrumbe global de nuestro sistema. Baste recordar la fuerte contracción de nuestra economía llegando a caer un 11% la producción, siendo en términos absolutos de 130.000 millones de euros, lo que es lo mismo el coste anual del pago de nuestras pensiones.
A día de hoy, pierde sentido la crítica desmesurada respecto a los distintos niveles de respuesta que percibieron los ciudadanos de las distintas administraciones.
Prefiero pensar que ante la envergadura del drama que se nos vino encima, todos aportamos nuestros mejores esfuerzos y conocimientos para aliviar los dramáticos efectos de la pandemia.
Es más me atrevo a decir, que fueron precisamente las comunidades autónomas y los ayuntamientos, piezas esenciales en la minoración de los efectos perversos del COVID.
Decía antes, que los efectos de esta pandemia produjeron a nivel mundial una devastación sin precedentes. Quizás nuestro país, se vio especialmente afectado por la singularidad de su tejido productivo. No debemos olvidar que nuestras empresas, salvo una élite de grandes compañías, están integradas mayoritariamente por pymes y una base muy amplia de pequeños autónomos que fueron los que han tenido que soportar los daños de esta crisis, teniendo que cerrar muchos de ellos sus negocios y como consecuencia incrementar la tasa de paro. De igual manera, uno de los grandes motores de nuestra economía, el turismo, tuvo  que cerrar «a cal y canto» causando grandes estragos en el conjunto del resto de los sectores productivos pues actúa de manera transversal en todos ellos. No olvidemos que representa casi el 12 % del Producto Interior Bruto (PIB9 de nuestro País .
De todos modos y con los datos que tenemos a día de hoy puedo decir que nuestra economía empieza a recuperarse poco a poco del impacto tan negativo que nos produjo la pandemia, basta con observar los datos de crecimiento que van ofreciendo los  distintos analistas así como diferentes organismos internacionales. Si bien es cierto que todos ellos van rebajando las expectativas de nuestro gobierno que preveían un crecimiento por encima del 6% si parece que podríamos crecer a tasas entorno al 5% en  este 2021.
Mucho más optimistas son los mismos analistas, al predecir que España crecerá en el 2022 y 2023 por encima de la media de los países de la Unión Europea. Los más optimistas incluso nos sitúan como la locomotora de crecimiento de la UE.
Mi opinión particular, es  que España, efectivamente irá cobrando un mayor dinamismo y volverá a ser el tejido empresarial y productivo el auténtico dinamizador de la economía. Es fundamental, para que esto suceda que como bien dice, Pablo Hernández de Cos,  gobernador del Banco de España,  «se produzcan los consensos sociales y políticos necesarios para afrontar los retos que la actual incertidumbre nos depara».
O dicho de otra manera, no son tiempos para las tácticas electorales y partidistas. Los españoles exigimos de nuestros dirigentes públicos un consenso en las políticas básicas pactadas con los actores sociales y empresariales para devolver nuestro país a ocupar las posiciones que le hacen ser acreedor de la cuarta economía de la Unión Europea y decimotercera del mundo. Esto quiere decir que solo bajo un horizonte común y unidos podremos despejar los nubarrones que se ciernen sobre nuestra economía de no hacerlo nuestro resurgimiento se prolongará en el tiempo perdiendo posiciones en el tablero internacional. Por delante tenemos grandes retos de transformación de nuestra sociedad que nos obligan a todos y cada uno de los agentes sociales, económicos y políticos a ofrecer nuestro mejor espíritu de colaboración.
Las recetas a aplicar son claras basta con mirar a los países que más crecen y en nuestro entorno fijarnos en las comunidades autónomas que están dando mayor signos de recuperación.