Doble Dirección

José Rivero


'Sofagate'

14/04/2021

El debate actual y actualizado de las diversas vacunas circulantes en Europa y sus diversas eficacias y contraindicaciones por grupos de edad y riesgo quizá haya eclipsado el denominado conflicto turco. Por referirme con tal nombre a los inconvenientes y significados diversos, derivados de la reunión bilateral, entre los dirigentes de la Unión Europea –Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Charles Michel, presidente del Consejo Europeo– y Turquía, con su presidente, Recep Tayyit Erdogan, al frente. Conocerán sobradamente que, en esa reunión del 7 de abril pasado, se produjo la escena del sofá –a la manera de un Tenorio inverso a la turca y no a la cristiana–, al reducir a la mandataria europea al rincón del sofá, frente a los dos sillones-emblemas, ocupados por los varones del grupo. Cuando bien a las claras, el rango de Von der Leyen –por encima de Michel– habría exigido otra colocación del grupo: o sofá para Charles Michel o sillón para tres.
Todo el enredo –cual comedia de Billy Wilder, con sofá para tres– de Ankara ha dado lugar a la denominación que se extiende en los últimos años con el sufijo gate. Todo lo que se problematiza y complica cuenta ya con la denominación –extraída del reconocido como caso Watergate, del espionaje republicano en los cuarteles demócratas en junio de 1972– propia, ya Barcenasgate, Pujolgate o Villarejogate. Por eso ahora se habla ya de Sofagate, para denominar el lío turco. 
Un Sofagate que ha hecho saltar las alarmas, tanto en la cancillería turca, por boca del ministro de Asuntos Exteriores, Mevlüt Çavusoglu, como en la Comisión Europea, según el portavoz jefe, Eric Mamer, al asegurar que Von der Leyen «debería haberse sentado exactamente en el mismo nivel» que Michel y Erdogan. Parte de la explicación –más allá de los fallos de protocolo verificados– se imputan al concepto que Erdogan y su visión islamista sostiene sobre la mujer, como se puede verificar en Turquía. El gesto verificado no deja de señalar con claridad el desprecio visible en la información gráfica del acto, hacia la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen. Entrando a la sala prevista para la reunión, donde los dos varones se han acoplado a su gran sillón y esperan sentados su llegada. La curiosidad es la escasa repercusión que ha tenido el hecho en el universo feminista. Como si el ser Von der Leyen del partido conservador CDU fuera razón suficiente. Hay quien dice qué hubiera pasado si la receptora del desaire fuera de un formación autodenominada progresista.