ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


¿Otra oportunidad perdida?

11/10/2020

Las declaraciones y reivindicaciones que estamos escuchando estos días apuntan a que no estamos entendiendo uno de los mensajes claves de la pandemia. A saber, que no es un paréntesis. Que lo de atrás ha quedado obsoleto. Que hay que plantearse un presente diferente sin virus y un futuro incierto con otras perspectivas. Nada será igual, aunque no nos lo queramos creer. Volveremos atrás, porque no sabemos hacer otra cosa, pero será como si viviéramos en siglos ya terminados Seremos un estrambote en el soneto indeciso de nuevas maneras de vivir. Es cierto que cuesta cambiar de ojos, de miradas, de pensamientos, de ideas trasmitidas. Somos lo que hemos aprendido, pero tendremos que cambiar para adaptarnos a circunstancias desconocidas. Habrá quienes lo hagan y quiénes no. Los últimos vivirán en un tiempo caducado.
La única declaración proactiva que he leído esta semana provenía de la Alcaldesa y de su vicealcalde, José Pablo Sabrido. Ambos han puesto en el centro de sus demandas recientes el río Tajo, un proyecto disparatado del pasado que continúa condicionando el presente y el futuro del territorio por el que fluye. La tentación es olvidarse por desanimo. Conviene, sin embargo, desechar bajadas de tensión y saber de parte de quién está la razón. ¿Quién más representativo que un Ayuntamiento, con una Corporación unida para rechazar un proyecto alevoso? Costará revertir el proyecto. Habrá que seguir peleando. Realizar el trasvase supuso años, acabar con el dislate, costará más, pues se han entretejido marañas de intereses que se resistirán a ser desmadejados. Quienes viven a costa de la explotación de recursos ajenos suelen ser insensibles a las carencias de agua, a la realidad de caudales contaminados, al cambio climático.
En el resto de declaraciones, lo de siempre. El turismo, los bares, las cafeterías, el pequeño comercio, etc., etc. Ni una idea nueva. Ni un solo proyecto alternativo que tienda a configurar la ciudad y su economía sobre bases distintas. Cuando Toledo eligió especializarse en turismo actuó como los agricultores malos: plantan todos los mismos productos por el beneficio rápido. Pero, como se incrementa la producción, baja el precio. Este virus, y otros hipotéticos, nos avisan contra el monopolio de una sola actividad, de un monocultivo social. Deberíamos estar buscando proyectos para que Toledo no dependa en exclusiva del turismo. Disponer de una economía más productiva que de servicios. Es el reto de los gobernantes. La pandemia no es una pesadilla pasajera. Detrás, se vislumbra una nueva realidad para construir.