Con Permiso

José Luis Loarce


Perseverancias

23/02/2021

El vehículo robótico Perseverance se ha posado en Marte, felizmente lento, después de seis meses y medio de viaje espacial, y la NASA nos ha puesto el universo un poco más cerca. Perseverancia es la palabra. También la de la participación española, con el Centro de Astrobiología del INTA, diseñando la estación meteorológica que transporta, y la Universidad de Valladolid participando en la cámara láser supercam que nos envía nítidas imágenes del planeta rojo. Es el asombro infantil que siento ante la ciencia.
Perseverance buscará briznas fósiles de vida pretérita que puedan posibilitar alguna futura. Jezaro, el cráter donde hizo pie, una especie de antiguo delta, significa lago en lengua eslava, porque dicen los científicos que allí hubo agua hace 3.500 millones de años. Y mientras el mundo sujetaba la respiración mientras la cápsula espacial pasaba de 19.500 km/h a los 3 km/h, en lo que llamaron ‘siete minutos de terror’, en España —tres años políticos de insomnio por delante— la perseverancia se llamaba libertad de expresión amenazada y vandalismo urbano comprendido o disimulado por un partido antisistema que nos cogobierna.
También se puede perseverar en el delito durante una década. Como ha sentenciado la Justicia aplicando el Código Penal vigente a un autodenominado ‘Hasél’ artista del rap, de 33 años, por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. Canciones y tuits delictivos que buscan la esquizoide celebridad del escándalo fácil, pero que algunos de los artistas más instalados del país considerarán arte sublime en un manifiesto vergonzante que equiparaba el Estado español, en persecución a los artistas, «a países como Turquía o Marruecos». Todavía no les he leído nada contra las algaradas continuas de fuego y saqueos en Barcelona sobre todo y otras ciudades. Ni tampoco cuando el vice2 Iglesias insistía, días atrás, en que la prensa necesita «control democrático»; o cuando el Gobierno habló de monitorizar opiniones para minimizar críticas contra su brillantísima gestión de la pandemia. ¡Eso es libertad de expresión! 
Pero no todo es odio o violencia o botellón o juergas ilegales o fusilar exámenes online. Existe la perseverancia de tantos jóvenes que se han formado en las buenas universidades públicas que tenemos en España y se han expatriado buscando el trabajo que no tienen aquí. La de los que se dejan las pestañas preparando oposiciones y en largas jornadas de teletrabajo. La de los arriesgados emprendedores, la de los que se comprometen en todo tipo de trabajos y acciones solidarias, en voluntariados y en ongs, en la dureza del arte, en el deporte… Y no dejan de ser por ello intelectualmente insumisos, críticos y libres ante las añagazas del poder.