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Ramón Horcajada

Edeumonía

Ramón Horcajada


Peter Singer

24/09/2021

Peter Singer, nacido en Australia, ha sido profesor de Ética en Melbourne, Nueva York y Washington, entre otras universidades, aunque la cátedra que ocupó desde 1999 es la de Princeton. Ha sido nombrado doctor honoris causa por alguna universidad que otra y está reconocido como un filósofo de fama mundial. Algunos incluso lo han definido como el filósofo vivo más influyente. Él mismo, animado por estos comentarios se ha puesto al nivel del mismo Sócrates, incluyendo con eso su particular dosis de victimismo, que todo es necesario para resaltar la propia figura, al subrayar la persecución a la que dice estarsometido. 

La tesis más importante de este filósofo no es otraque la denuncia tan pronunciada que lleva ejerciendo toda su vida contra la cultura occidental por su especieísmo (algunos prefieren llamarlo especismo). ¿Qué significa este concepto? Si ustedes lo comparan con el racismo, llegarán a la conclusión de manera sencilla. Lo mismo que el racismo es la imposición de la superioridad de una raza sobre otra, el especieísmo es la imposición que por la fuerza se ha dado en la historia de una especie sobre otras. Evidentemente, nuestra especie. Y del mismo modo que se ha luchado por liberar a las razas oprimidas, hemos de luchar por liberar a las especies oprimidas víctimas delespecieísmo. Por la sensibilidad todos los animales somos iguales, algo que el humanismo, racismo de tremendas consecuencias, ocultó al intentar destacar al ser humano por su racionalidad. El humanismo habría sido humanitarista si de verdad hubiese evitado esteespecieísmo del que hablamos. 

El ser humano no es digno de nada por su razón, el lenguaje o la libertad, sino por su sensibilidad. Y hete aquí que llega nuestro amigo australiano a despertarnos del letargo occidental para recordarnos que, en nombre de una superioridad inventada, hemos machacado al resto de especies de la naturaleza. Entre ellas a los más cercanos a nosotros: los simios, chimpancés, orangutanes, los cuales tienen una vida afectiva y capacidades mentales casi idénticas a nosotros. 

Podríamos objetar que estos animales no humanos no pueden exigir ni reclamar derechos. Sencilla respuesta para Singer: tiene que haber tutores humanos que defiendan sus intereses por ellos del mismo modo que se salvaguardan los intereses de los miembros jóvenes intelectualmente deficientes de nuestra especie. Y así lo expusieron Peter Singer y P. Cavalieri en el libro El Proyecto Gran Simio. A la misma conclusión llegó CassSunstein, profesor en Harvard y antiguo consejero de Obama, el cual se declaró favorable a que las leyes de Estados Unidos permitieran a los animales interponer demandas judiciales. Consejeros humanos podrían representarles, como se hace con los niños. Por cierto, este Sunstein era el marido de Martha Nussbaum, la cual compartía todas estas ideas con él y a la que se le ha reconocido su carrera como filósofa en el mundo entero,incluso en España con el Premio Príncipe de Asturias.

Para todos ellos, las similitudes del chimpancé con nosotros son numerosas, son capaces de entendernos mientras que nosotros a ellos no, dice Cavalieri, y son capaces de resolver problemas. Lo cual nos lleva a la pregunta fundamental que hacen Cavalieri y Singer en publicaciones posteriores al Proyecto Gran Simio: ¿cómo podemos negar derechos a los chimpancés cuando cuidamos de seres humanos menos conscientes que los chimpancés? Y es que aquí está la madre del cordero: en nuestra especie hay individuos que carecen de características humanas, no serían paradigmáticos, como por ejemplo los discapacitados mentales, retrasados y seniles. Si nos ocupamos de ellos, ¿por qué no ocuparnos de animales con más salud?

Y a eso se ha dedicado Peter Singer, nuestro pequeño gran Sócrates, toda su vida. Para él hay homo sapiens que no son personas, como los deficientes, mientras que sí que hay animales que podrían ser catalogados como personas. ¿Por qué? Porque tendrían más sensibilidad y más racionalidad que ese deficiente, o que un embrión. De ahí que Singer, a lo largo de sus escritos, haya atacado uno de los pilares fundamentales de la cultura occidental (y cristiana, según él): la sacralidad de la vida. La vida no es sagrada, por eso puede estar justificado el aborto y el infanticidio. El mismo que pasó noches de vigilia frente a peleterías defendía mientras tanto el aborto, la eutanasia y el infanticidio. La vida humana no tiene ningún valor especial, ¿qué hay de malo en matar? (así tituló uno de sus escritos). La vida de un deficiente o un recién nacido tienen menos valor que la de muchos animales, por ejemplo, un cerdo, llega a decir en algún momento.

Ese es Peter Singer. Y si alguien me preguntase qué siento ante semejantes pensadores contestaría una cosa: no sé qué me provoca más tristeza, si las teorías de Singer o contemplar una sociedad que va viviendo como quiere Singer.