Con Permiso

José Luis Loarce


Naturalizar

14/07/2020

Tengo en el lenguaje —sobre todo si es público— alguna de mis preocupaciones, si puede decirse así. Entre tópicos de todo a cien, latiguillos que merecen latigazos y fruslerías varias de temporada con las que ir tirando, nos va de maravilla en la Hispania de este tiempo. La neolengua en días orwellianos va trufando los días de nuevos brotes, como en paralelo a los otros brotes del maligno vírico que no cesa y nos tiraniza desde marzo, o más allá.

En una especie de perversión nada casual del idioma, se va desgualdrapando la lengua hasta construir otra realidad que se impone sutil y a la que nos acostumbramos como al careto de sus personajes protagonistas. Es una neosintaxis del enfrentamiento que unas veces puede servir como pullazo de ley en el morrillo o de estocada en el hoyo de las agujas que haga rodar al enemigo. La última —o penúltima— muestra de esta verbosidad patria se producía en rueda de prensa monclovita tras Consejo de Ministros, en sede del ejecutivo, delante o detrás de escudos, logotipos, membretes, enseñas nacionales oficiales, qué se yo, y varios ministros presentes: hay que “naturalizar” el insulto a los periodistas en las redes sociales. Ocioso, a estas alturas, decir a cargo de quién y en qué contexto o con qué fin o contra quién se dirigen estas y otras diatribas que calcinan día a día la actualidad política, tan suficientemente comentada.

Don Agustín —bondad sonriente y talento tranquilo— fue mi mejor profesor de una asignatura que odié y temí siempre, y de la que (matemáticamente) me escabullí en cuanto las letras se pusieron a tiro. Supongo que sería cazador, tocaba siempre su sombrero verde de una pluma de ave y naturalizaba pájaros de plumajes muy vistosos y picos afilados colocados sobre un pequeño tronco, bellas aves disecadas que solían adornar el escaparate de la perfumería Juanito, su hermano, en la calle María Cristina de mi ciudad, y que los chavales nos parábamos siempre a observar, en los eternos recorridos de ida o vuelta a la escuela. A don Agustín se le adivinaba a veces silueta de pájaro, un picudo perfil cariñoso de taxidermista feliz y apacible que hacía sus clases siempre agradables.

Solar, el nuestro, de monterías, ojeos o ganchitos y taxidermia. Venados de mil puntas (amigo Ricardo) o bellas cabezas cárdenas que un día embistieron y ahora naturalizan naturalmente lo natural. Insultar, amordazar o minimizar a la prensa es otra cosa.