Fernando García Cano

Eudaimonía

Fernando García Cano


Los colores de Salvador Samper Cortés

28/05/2021

El Museo Elisa Cendrero acoge, desde el pasado 7 de mayo, la exposición Historias en color del joven pintor alcazareño Salvador Samper Cortés, en la que muestra su última producción artística, en gran medida realizada durante esta pandemia. A lo largo de la galería de acceso al recinto expositivo se encuentran los primeros 26 cuadros, que combinan diversas series tituladas en torno a su motivo inspirador. A Salvador le inspira desde la rosa a una calavera, desde el hijo del hombre –la obra más famosa de Renè Magritte- hasta el cerebro, pasando por Superman, el caballo, el corazón, los labios o  su Cristo, tan personal como claramente identificable. Al llegar al primer ensanche del museo se encuentran ya 4 cuadros en gran formato, a modo de paneles,  que  combinándose con otros de las primeras series aludidas preparan el acceso a la gran sala del Museo. Allí nos esperan los 9 grandes cuadros de Samper Cortés en su estilo más original, que ha sabido entrelazar la técnica pictórica aprendida de su padre, José Luis Samper, con su propia originalidad vanguardista: le gusta la vivacidad de los colores, los mensajes en inglés y una simbología propia que le acompaña en casi todas sus obras.
Quien advierte esos emoticonos peculiares de Salvador detecta su afición por la contradicción en los títulos de sus cuadros: Muerte o gloria, La sonrisa de la tristeza, Vida y muerte, Beso de la muerte… Cierran la exposición una serie de 7 pequeños cuadros que presentan una técnica distinta de todos los anteriores y constituyen una serie de temática vinícola, aunque reaparecen algunos temas que el visitante de la exposición ya ha podido disfrutar sobradamente. Entre los signos  más enigmáticos que develan el arte de Salvador se encuentra casi siempre la presencia de alguna A anarkista, la numeración decreciente, el revólver, la Madre…
Al espectador que guste bucear en la mente del artista a través de sus obras le recomiendo que se pare a leer los mensajes que contienen varios de los 42 cuadros de esta exposición. Salvador no usa cartelas con texto, pero incluye en sus cuadros textos como los que siguen: «sigo buscándote; la misma vieja historia; sólo yo conozco mi mente; nubes negras a mi alrededor y en mi vida el sol no brilla; si has venido a por mí ponte en la fila; el mundo ha pasado ya; herido y magullado, irreconocible para mí mismo; en mi vida el sol no brilla; volaré soy más fuerte que los demás; soy leyenda, soy el caballero; por eso dime quién veo cuando miro en tus ojos; pareces tan cansado e infeliz; derriba el gobierno; guarda tus lágrimas»… A todos estos breves mensajes hay que añadirles el más largo, contenido en el cuadro titulado La sonrisa de la tristeza: «Cuando eres extraño nadie recuerda tu nombre; por desgracia me has convertido en creyente; este es mi reino y espero volverte a ver de nuevo».
Sí, creo que eso es algo que consigue el arte de Samper Cortés: atraparnos en su reino para mostrarnos el jardín secreto de su mundo, que sigue buscando nuevos modos de expresarse y se atreve incluso a sorprendernos con un cuadro titulado Deus ex machina. La alusión al recurso narrativo que hace surgir un héroe o diosecillo aunque la trama del guión no lo pida, sirve al artista para mostrarnos que, en definitiva, la obra es suya y la narración también. Así es el arte de Salvador: suyo, muy libre y sorprendente para quien conozca y admire la paisajística manchega en la que le formó su padre, el recordado José Luis Samper, con quien comenzó a pintar su hijo pequeño…
La nostalgia de haber expuesto con su difunto padre en este mismo Museo, hace ya muchos años, así como su exitosa exposición conjunta con temática cervantina hace tres años en el Museo del Quijote de la capital, hacen cada vez más conocida y apreciada la figura de Salvador Samper Cortés, un joven artista de su tiempo que está en constante evolución creativa, al que le alegra ver cómo empiezan a manejar los pinceles sus pequeñas hijas Nerea y Abril. Con “amor de madre” las quiere Laura, y de abuela paterna, Amalia Cortés Ajenjo.



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