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José Luis Loarce

Con Permiso

José Luis Loarce


Rebajas en el aula

23/11/2021

En el desaparecido cine Castillo de mi ciudad, en cada proyección, la pantalla se iba desvelando lenta mientras se descorrían varias capas de grandes cortinajes transparentes que se iluminaban con colores cambiantes, al tiempo que apagaban las luces y la emoción nerviosa del programa doble se tintaba del blanco y negro del NO-DO que brotaba del fondo de murmullos, solo acallados cuando aparecía el león de la Metro o el islote del logo de Ízaro Films. Así esta mañana descorría uno las cortinas blancas del salón y la pantalla del jardín era Monet y su otoño en Argenteuil, y ahí se quedó en una gama vibrante y efímera de oros, en una imposible eternidad paralizada en amarillos que son ocres o verdes que viran a indiferencia y silencio.
En esa mañana en que el mismo otoño me trae al móvil, sonriente y decorado de domingos, el dorsal 736 de Adrián en su carrera popular y solidaria, que replico con la pintura de la perspectiva arbolada en cascada de pintadas y hojas muertas de mi paseo. Oceánicos otoños, oleadas invasivas de plataneros, urbanitas como nosotros, sobre los que apenas si nos abrimos paso abrazados a la humedad del día, y oleadas también de chicas que van afluyendo —me cuentan— a un examen, a una oposición, a un concurso, a una bolsa de trabajo, a algo, a lo que sea, nerviosas, ilusionadas y hartas del paro o de precariedades. Ajenas ellas al traje de hojarasca que uno va cosiendo con la mirada, y ajenas a ese decreto del Consejo de Ministros que diseña, para este mismo curso, futuro inmediato donde no hará falta aprobar para titularse con la Educación Secundaria Obligatoria o se pasará a Selectividad sin necesidad de completar un Bachillerato limpio de suspensos.
Porque un suspenso —dicen las mentes bondadosas del poder político en ejercicio— es un castigo, una desmotivación. Las calificaciones numéricas son posiciones reaccionarias. La competitividad y el esfuerzo, el sacrificado ejercicio del estudio y la exigencia de méritos y capacidades, argumentos nada progresistas. Combatamos la alta cifra de fracasos escolares con este injusto Black Friday de las aulas, donde los aprobados generales prepararán a nuestros estudiantes, nada traumatizados ya, para un futuro sin exigencias, con oposiciones sin calificaciones y entrevistas de trabajo en nubes de algodón de azúcar. Matemáticas con perspectiva de género, ecofeminismo, clases sin estrés, docentes que no sean negreros esclavistas… Qué lejos quedan mis internados en la Universidad Laboral, cuando un suspenso en septiembre era perder la sustanciosa beca que permitía a los hijos de obreros llegar a titulaciones superiores.
Llovían esperanzas y el otoño baremaba y medía, implacable, a estas y otros tantísimos jóvenes que no esperan regalos paternalistas sino verdades.