Edeumonía

Juan Villegas


La democracia deshilachada

16/10/2020

Los hilos con los que se teje una democracia son sus ciudadanos y solo será auténtica si éstos  han recibido una sólida educación y son juiciosos y responsables. La calidad de las democracias actuales no debería medirse  solo por las condiciones personales de sus gobernantes,  ni tan siquiera por los principios de los que dependen los procedimientos y mecanismos de legitimación del poder.  La democracia occidental está en crisis y una prueba de ello es la consolidación en los últimos años de los populismos que de distinto signo político han surgido y que en algunos casos ya han llegado al poder.  Esta crisis no se debe tanto al hecho de que las  élites políticas se hayan formado y provengan de un sistema de partidos que premia la mediocridad y el servilismo ciego y que ve en la valía personal y en el prestigio profesional una posible amenaza a la exigida necesaria exaltación del líder sea al precio que sea. El hecho de que en los partidos políticos el ascenso de sus cuadros dirigentes se sustente habitualmente sobre un proceso que nada tiene de democrático y que se produce en muchos casos por el acierto de saber rodearse de una corte de pelotas y lametraserillos que aplauden  bobaliconamente a toque de silbato al que todo se lo deben (la concejalía, el escaño, el cargo o el puesto … sin los que no podrían ganarse la vida), aun siendo importante, no es lo determinante en la crisis de la democracia.  Si queremos encontrar el origen de los males que pueden resultar más peligrosos y que acechan hoy contra nuestros sistemas democráticos  tendremos que buscarlo, sobre todo, en el fracaso como sociedad de crear una ciudadanía integrada por individuos   que sean excelentes para la vida pública, sabiendo que lo que verdaderamente confiere calidad a las democracias son, por encima de cualquier otras circunstancias, las virtudes cívicas de sus ciudadanos, entre las que la sabiduría ocupa un puesto fundamental. 
El trilero que hábilmente esconde la bola y la lleva de aquí para allá haciéndonos creer  en todo momento que sabemos donde se encuentra espera y confía en que tomemos una decisión  en base a dónde nos parece que está la bola y no sobre donde realmente está  la bola. La confusión entre lo que parece ser y lo que realmente es lo que lleva a perder  con seguridad al que apuesta con estos fulleros. En la vida política les toca a los ciudadanos enfrentarse a  trileros que despliegan todo una serie de artimañas encaminadas al engaño y la manipulación envolviendo los hechos en relatos artificiosos cuyo objetivo no es otro que crear una realidad solo en apariencia verdadera. Es grave para la democracia que personajes de este tipo pueden alcanzar el poder en los partidos políticos o incluso que puedan llegar al gobierno de los países pero lo que realmente es grave y preocupante es que los ciudadanos no nos preocupemos por educar nuestros ojos para distinguir entre lo que parece ser y lo que son las cosas en realidad. En esto consiste la sabiduría, en la capacidad para distinguir el parecer ser del ser, en no quedarse en la superficie de los hechos y los acontecimientos. La salud de la democracia hoy más que nunca se juega en la educación de los ciudadanos, una educación que debe estar encaminada a preparar personas que sean capaces de orientar sus decisiones desde el conocimiento y la responsabilidad. Platón criticó la democracia ateniense porque pensaba que ponía el gobierno en manos de quienes consideraban que no era importante la verdad, pero sin verdad, así lo creía Platón,  podría quedar justificado cualquier acto, incluso la muerte del más justo entre los justos, la de su maestro Sócrates. 
   El fracaso de la democracia es el de una sociedad que renuncia a la exigencia de excelencia de sus ciudadanos.  La ministra de educación Celáa ha vuelto a decretar  que los criterios, ya de por sí laxos, que hasta ahora servían para decidir sobre la promoción y titulación de los alumnos tanto en la ESO como en Bachillerato quedan en suspenso, un curso más permitiéndose que los alumnos puedan titular sin necesidad de tener todas las asignaturas aprobadas. La democracia se deshilacha con decisiones de este tipo y si no ponemos los ciudadanos remedio su fin llegará antes de lo imaginado.