Comentario Dominical

Miguel Ángel Jiménez


Reconocer el don de la paz

20/11/2020

Constantemente pone Jesucristo ante nuestra mirada  la verdad de la cruz, la verdad que hay en el silencio redentor. Él mismo, crucificado y entregado, es la única clave de interpretación de todo hombre, del universo. Calla ante la injusticia que no sabe reconocer la verdad. Ni legiones de ángeles, ni trompetas, ni ejercitos. Cruz aceptada, abrazada, sufrida, resucitada.
Silencio que abre el misterio.
«Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos». Lo dice Jesús mirando a Jerusalén, paradójicamente, la ciudad de la paz. Escondido a muchos ojos. Llora. Es el camino, puerta, peregrinación. Camino de paz, de encuentro, de perdón. Ojos nuevos, miradas limpias. 
Es el cordero que es hijo, y por ello hermano. «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis,…». Medida de fe, peso de amor. Paz y silencio. Cada vez que con otros lo hicimos, ¿a quién se lo hicimos? ¿Dónde está tu rostro, Señor? ¿Dónde lo busco? Encuentro, unidad, resurrección. 
El cordero que nos conduce a la paz duradera, eterna. Él es la verdad. En Él está el triunfo, en la cruz que es el modo nuevo –y definitivo- de cómo Dios reina sobre el mundo. Victoria sostenida por la sangre que fluye a borbotones silenciosa. Pasión enamorada. 
El Señor nos llama, va delante de nosotros, se entrega antes que nosotros para salvarnos a todos.