Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Vagina de diseño

29/03/2021

Una de las más exitosas batallas durante los últimos años en el sector de la cirugía estética es la que combate el envejecimiento. Toda la industria asociada a la expulsión de lo feo, lo viejo y lo distinto, ensalza el consumo hasta la extenuación, incluida la cirugía, de lo joven y lo bello, bajo los parámetros que la propia industria impone. El rechazo y la expulsión de nuestro cuerpo es algo que en mayor o menor medida todas y todos experimentamos, aunque sabemos y los datos corroboran, que el escrutinio, la mirada y el rechazo sobre el cuerpo de las mujeres es mucho mayor. La hiperexposición de imágenes de nuestro cuerpo en la actualidad, que se ha acrecentado en el período de confinamiento, a través de las video llamadas, nos son devueltas en un espejo a través de las pantallas, aumentando así la mirada, análisis y rechazo de nuestras imperfecciones, arrugas y elementos que rompen el ideal con el que nos inundan en esas mismas pantallas y filtros. Algunas investigaciones apuntan al crecimiento en las cirugías y consultas sobre ellas durante este período. Pero más allá de esta mirada y rechazo a la imagen que auto observamos, ¿qué hay detrás del aumento de cirugías sobre la parte de nuestro cuerpo que es más observada u observable para otros? La cirugía genital femenina asociada a motivaciones puramente estéticas va en aumento. Vaginoplastia, labioplastia, ninfoplastia, estrechamiento vaginal, reducción de grasa del monte de venus, ampliación del punto G o reconstrucción del himen, son técnicas que llevan a cada vez más mujeres y cada vez más jóvenes, a pasar por un quirófano para conseguir la vagina y vulva de una niña de 12 años. Mientras nos impacta y conmueve que millones de niñas en África sean sometidas a prácticas de mutilación genial, en nuestras sociedades crece la demanda para cortar y reducir los labios vaginales menores, inyectar grasa para dar volumen en los mayores y reforzar los músculos de la vagina en aras de un rejuvenecimiento vaginal.  
¿Se imaginan a los hombres pensándose operar el pene para reducirlo? Que quieran pasar de tener un pene anatómicamente normal y acorde a su edad, a tener los genitales de un niño de 10 años. O que quieren coserse los testículos, hacerse un lifting escrotal porque aquello ya cuelga demasiado. Y lo justifican con argumentos tales como asimetría que distorsiona la estética de la zona perineal, inseguridad en sus relaciones sexuales, mejorar la autoestima y conseguir un aspecto más juvenil. No se lo imaginan. O quizá ahora sí. Todo se andará. El negocio de la industria no tiende a cuestionar el boom de las cirugías genitales puramente estéticas sino más bien a incorporar nuevas demandas. 
No solo nos dejamos arrastrar por modas y estéticas que a veces escapan a nuestro propio interés sino que hemos incorporado masivamente el ideal de belleza exclusivamente en lo joven, nuevo, proporcionado, pulido, liso, impecable. Toca repensar este ideal de belleza para incorporar y reconocer lo distinto en nuestros cuerpos y el de los otros.