DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Tan corto el amor y tan largo el olvido

11/09/2020

Los médicos de Madrid convocan huelga indefinida a partir del 29 de septiembre.  Que nadie piense que es un paro político. Nada de eso. No hay una huelga en el conjunto España porque los médicos de Guadalajara, Ciudad Real y Albacete trabajan en condiciones inmejorables. Los de Aragón y Valencia están a la par, aunque cada uno sabe de lo que tiene más cerca y en Castilla-La Mancha no hay comparación. Aquí, no falta absolutamente de nada ni tampoco faltó cuando el coronavirus golpeaba sin piedad. En la capital es una protesta necesaria, muy oportuna en tiempos de pandemia, que nada tiene que ver con que Díaz Ayuso esté al frente de la Comunidad de Madrid, el gran problema nacional para el Gobierno de Pedro Sánchez. Los profesores también anuncian que paran en Madrid y aquí han encontrado aliados en Galicia y Murcia. Para completar el círculo, faltan Castilla y León y Andalucía que son lugares especialmente peligrosos. Todavía están a tiempo. Para que no sea tan evidente, se han sumado en Baleares y País Vasco.
No sé si en los últimos días has tenido necesidad de acudir al médico. Si has llamado por teléfono a tu centro de salud, te habrás cargado de paciencia o la habrás perdido para siempre. Si has asistido a la consulta de forma presencial, habrás comprobado la saturación que sufre la Atención Primaria. Lo que sufrías tú y los que te cuidan antes de la pandemia, aunque multiplicado por dos o por tres. Además de pasar consulta, de estar pendientes de las pruebas PCR, analizar los resultados y comunicarlos, los sanitarios tienen que hacer de rastreadores, que es casi como hacer de policías pero sin porra, que es con lo único que algunos entienden las cosas. A poco que hayas puesto la oreja, habrás escuchado jurar en arameo e insultar al personal sanitario. Materialmente no pueden atender a todos y el sufrido paciente, en lugar de mirar hacia arriba, la paga de manera injusta con el que tiene más cerca: médicos y enfermeros, a los que estuvimos aplaudiendo a rabiar durante semanas hace apenas cuatro días. Muchos están haciendo bueno el verso de Neruda: Es tan corto el amor y tan largo el olvido.
Estos días he estado hablando con Octavio Pascual, un médico de familia que lleva más de 30 años ejerciendo en la Sanidad pública. Hace tiempo que viene reivindicando a la administración -lo hizo con Cospedal y ahora con Page- que el tiempo mínimo de atención por paciente que no debe ser inferior a 10 minutos. Tampoco pide tanto. Antes de la pandemia ya era imposible, porque había días en los que tenía que atender a 60 personas en una jornada de ocho horas. Este lunes, 7 de septiembre, Octavio contaba en redes sociales que se había visto obligado a atender 124 consultas. Y añadía: «He tenido que trabajar 11 horas y media seguidas, prácticamente sin parar. Esto es una inmoralidad. Me temo que la única solución al final va a ser acudir a la fiscalía».
Comprobado que no vamos a salir más fuertes sino más pobres; visto que la necesaria unidad no va llegar ni aunque la raza hispana esté al borde de la extinción, lo único que nos queda es aprender algo: si no cuidamos a todos los que trabajan en la Atención Primaria -el gran escudo para que no se colapse el sistema-, nuestra Sanidad se desmorona y tu salud y la mía estará en permanente riesgo. Esto es así en Castilla-La Mancha, en Madrid y en China.